Tiempo de juntarse

domingo 28 de diciembre de 2025 | 6:00hs.

-Odio a Milei.

-Yo odio a la Chorra.

El intercambio de palabras, oído al pasar por una cafetería del centro de Posadas, no debería llamar la atención. Salvo que se la ubique en un contexto. Esos dos amigos tuvieron que rebuscarse en otros temas para conservar la amistad, porque de política, de la realidad argentina no podían hablar.

Nada se puede hacer si hay odio de por medio. El odio es todo lo contrario a un acercamiento, a una conversación. El que odia no razona, está cegado a otras posturas y así actúa consecuentemente.

Ya lo dijo el sociólogo Giuliano da Empoli. Vivimos un tiempo en que lo político parece haberse desdoblado en odio administrado. No se vota por algo, se vota contra alguien. El otro deja de ser interlocutor y se transforma en enemigo. Se abandona el criterio propio. El mapa de ideas desaparece, y en su lugar aparece un catálogo de rencores. El odio no construye argumentos: anula la reflexión y refuerza el individualismo. ¿Qué se elige cuando se vota con odio? Simple reflejo emocional, nada más.

Ese mismo individualismo es la matriz del actual modelo económico. Con la ilusión del “sálvese quien pueda”, se desarticula lo colectivo y se desconfía de la cooperación. En ese terreno fértil, el odio crece sin interlocutores fuertes que piensen más allá del propio refuerzo identitario. La consecuencia no es solo política: es social y económica. Desarticulación del tejido. Pérdida de visión común.

Pero esta columna, del último domingo del año, viene con otras intenciones. De ayudar a pensar, qué se puede aportar para que el año que se inicia llegue con alternativas para los sectores más afectados, principalmente en la producción.

Misiones tiene una larga historia de crisis y resurgimientos. Caminos que fueron transitados y que demuestran que organizarse con generosidad es una salida. Vaya como ejemplo el cooperativismo yerbatero (a propósito de la crisis que atraviesan los pequeños productores).

Desde la década del 1920, pequeños colonos en el interior de la provincia comenzaron a agruparse para enfrentar la marginación económica y las dificultades del mercado. La primera cooperativa yerbatera en la región surgió en 1926, impulsada por inmigrantes que articularon fuerzas para acceder a mejores condiciones de producción y comercialización de la yerba mate.

A lo largo del siglo XX, las cooperativas se convirtieron en herramientas de desarrollo rural y de organización social; en agentes económicos y comunitarios que hicieron posible que pequeños y medianos productores compartieran riesgos, recursos y estrategias en contextos de adversidad.

Incluso durante los procesos de crisis económicas más graves, las cooperativas mantuvieron su papel como organización colectiva frente a la creciente concentración del mercado.

Hoy día existen cooperativas agrícolas que desarrollan toda la cadena productiva, desde la cosecha de la hoja verde hasta el envasado y venta de los paquetes en góndola. La cooperativa agrícola de Santo Pipó (Piporé), la agrícola de Montecarlo (Aguantadora), la cooperativa agrícola de Colonia Liebig (Playadito), en el límite con Apóstoles; y la Cooperativa Yerbatera de Andresito, que tiene su marca instalada en el mercado, son solo algunos ejemplos.

Más recientemente, experiencias como el Consorcio Esperanza Yerbatera, conformado por once cooperativas desde 2011 (estudiado por el Conicet como caso modelo), demostraron que la unidad de esfuerzos puede permitir el acceso más directo al mercado y reducir la dependencia de intermediarios que históricamente capturaron el valor generado por los pequeños productores.

Estas asociaciones surgieron en momentos de crisis profundas para los colonos. Cuando los precios de la materia prima eran bajos, cuando las políticas públicas eran insuficientes, cuando la intermediación industrial imponía condiciones leoninas. Como ahora.

Está demostrado, el cooperativismo -en todas sus formas- es una maquinaria de reconstrucción de lo social. Es historia concreta de vecinos chacareros que se valieron de la asociación para desarrollarse.

Juntarse, asociarse, es una alternativa.

Que este 2026 venga con empatía, con sensibilidad hacia los que menos tienen y con desarrollo social y económico para todos.

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