En la Unidad Penitenciaria III de Eldorado

Navidad tras los muros: momentos de fe, reciclaje y segundas oportunidades

Un proyecto que articula acompañamiento religioso, actividades físicas y oficios. La propuesta genera transformaciones y momentos de introspección profunda
domingo 21 de diciembre de 2025 | 6:05hs.
Los internos realizaron un árbol navideño de casi dos metros con objetos reciclados. Foto: Matías Bordón
Los internos realizaron un árbol navideño de casi dos metros con objetos reciclados. Foto: Matías Bordón

La Navidad suele estar asociada a mesas familiares, brindis, luces y reencuentros. Sin embargo, existen celebraciones que, lejos de los escenarios habituales, adquieren un sentido aún más profundo. En la Unidad Penitenciaria III de Eldorado, la Navidad se vive puertas adentro, entre muros y rejas, pero también entre silencios, reflexiones y procesos de transformación personal que resignifican por completo la fecha.

En los días previos a Nochebuena, internos de la UP III participaron de un espacio de espiritualidad que incluyó lectura de la Biblia, momentos de oración y reflexión colectiva. Allí, la Navidad fue abordada no sólo como una celebración religiosa, sino como una oportunidad para pensar en el perdón, el arrepentimiento, la reconciliación y la posibilidad concreta de empezar de nuevo. Para muchos, fue un momento de profunda introspección, donde afloraron emociones largamente contenidas.

El entorno acompañó ese clima especial. En la entrada del Módulo C se levanta un árbol de Navidad de aproximadamente dos metros de altura, confeccionado íntegramente por los propios internos con materiales reciclados. CD en desuso, botellas plásticas, pinturas artesanales y flores hechas a mano componen una ornamentación tan creativa como simbólica. Nada fue comprado: todo fue pensado, diseñado y construido con esfuerzo colectivo.

Detrás de esta experiencia hay un trabajo sostenido que lleva casi nueve años. La fundación que impulsa el proyecto comenzó su labor en la unidad penitenciaria con distintas iniciativas orientadas a la reinserción social. En ese camino se inscribe el reconocido proyecto Tackleando Muros, que a través del rugby promueve valores como el respeto, la disciplina, el compañerismo y la responsabilidad. Con el tiempo, el deporte se convirtió en una poderosa herramienta de cambio de hábitos y de construcción de identidad.

Sin embargo, el proceso no se detuvo allí. Hace tres años se sumó con fuerza el espacio espiritual y los talleres de formación, costura y reciclado, coordinados por Mabel Cristaldo. Su llegada marcó un punto de inflexión. “El rugby trabajaba mucho lo físico y lo externo. Les hacía muy bien, pero el espacio espiritual vino a trabajar la parte interna, y ahí el impacto fue muy fuerte”, explicó.

Según relató, los cambios son visibles y profundos. “Los he visto llorar, los he visto arrepentidos. Trabajamos mucho el tema del perdón y de las segundas oportunidades. Siempre apuntamos a incentivar buenos hábitos y una nueva forma de verse a sí mismos”. Cristaldo mantiene contacto frecuente con las familias de los internos, quienes también perciben y transmiten estas transformaciones.

Uno de los momentos más significativos dentro del espacio espiritual fue el trabajo sobre la expresión del afecto. “Han aprendido a abrazarse”. En un contexto donde predominan la dureza, el dolor y muchas veces el odio, el abrazo apareció como un gesto disruptivo. “Son personas muy dolidas, rudas, que se arman una coraza. Al principio se miraban y decían ‘yo no me abrazo con ninguno, somos todos hombres’. Pero cuando se animaron, fue muy emocionante. Descubrieron que también pueden recibir cariño y dar cariño”, mencionó la tallerista.

Desde entonces, ese gesto se repite al cierre de cada encuentro espiritual, como una síntesis del camino recorrido. “La verdadera valentía no está en causar daño, sino en arrepentirse, pedir perdón y poder perdonarse a uno mismo para volver a empezar”.

Unidad Penitenciaria III de Eldorado
En el establecimiento tienen un espacio para la lectura bíblica y la oración. Foto: Matías Bordón

En ese sentido, la Navidad adquiere una dimensión especial. El árbol reciclado no es un detalle decorativo más. Es el segundo año que lo realizan, pero esta vez con una diferencia clave. El año pasado estuvo ubicado en el exterior del penal, y los internos apenas pudieron disfrutarlo. Este año, tras dialogar con las autoridades, se logró instalarlo dentro del módulo. “Ahora lo pueden ver desde sus celdas. Muchos me dijeron que después de once o doce años volver a ver las luces de un arbolito en Navidad los emociona muchísimo”, profundizó la coordinadora.

Las noches tienen un clima particular. Las luces encendidas despiertan recuerdos, lágrimas, pensamientos en las familias ausentes. Un tiempo para pensar en el futuro, en hábitos distintos y en una vida posible más allá del encierro. “Me cuentan que se ponen a llorar, que se acuerdan de sus hijos, de sus padres. Es un tiempo de renacer”.

Ese proceso también se refleja en las voces de los propios internos. Manuel Pastor, conocido como Pica, es uno de los referentes del equipo de rugby Los Toros y uno de los participantes más antiguos del proyecto. Lleva más de 18 años privado de su libertad y pasó 16 navidades dentro del penal. Para él, la Navidad es sinónimo de familia, tanto la que espera afuera como la que se construye adentro, entre compañeros.

“Primero es pedir perdón a Dios y a la familia por todo el daño que uno causó”, reflexionó.

Cada 24 de diciembre, los internos se organizan para compartir una cena comunitaria con lo que reciben durante las visitas. Arman una mesa larga, un arbolito y buscan recrear -dentro de lo posible- el espíritu navideño. “Estamos encerrados, pero también tenemos nuestro espíritu navideño”.

Desde hace dos años, Pica tiene la posibilidad de volver a pasar la Navidad con su familia. “Es volver a nacer, volver a ser niño. Ves cosas que no viviste durante muchos años”.

El rugby y el espacio espiritual fueron claves en ese proceso. “Aprendí a controlarme, a no ser agresivo, a respetar. Son valores que hoy trato de llevar a la vida”.

Así, en la Unidad Penitenciaria III de Eldorado, la Navidad se vive de una manera distinta. No hay vidrieras ni grandes festejos, pero sí hay reflexión, trabajo colectivo, fe y segundas oportunidades. Entre árboles hechos de botellas, abrazos que rompen viejas corazas y luces que iluminan las noches del encierro, la Navidad se transforma en un tiempo de esperanza. Porque incluso tras los muros, cuando hay acompañamiento y compromiso, siempre es posible volver a empezar.

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