Las variables en la oferta y competencias de precios
El economista Darío Díaz propuso entender la dinámica del sector “mediante un modelo de teoría de juegos. Imaginemos el mercado como un escenario donde múltiples secaderos compiten simultáneamente ofreciendo distintos precios por la hoja verde. Cada comprador elige cuánto está dispuesto a pagar, sabiendo que la cantidad total disponible está fija en el corto plazo. Expandir un yerbal demanda entre cinco y siete años hasta alcanzar plena producción. Los productores, racionalmente, venden primero a quienes ofrecen más: una regla natural que llamamos ‘el mejor postor compra primero” plantea.
Dio ejemplo simplificado: tres secaderos compiten por 100.000 kilogramos de hoja verde disponible. El secadero A podría ofrecer $260 por kilo, B podría ofrecer $280 y C podría ofrecer $220. Bajo la regla del “mejor postor primero”, B compraría toda su demanda antes que A, y A antes que C. Si C baja su oferta a $200 pensando en reducir costos, simplemente pierde participación sin ganar nada. Si sube a $300 para asegurar abastecimiento, incrementa sus costos en todas las unidades compradas.
Se pregunta cuál resulta el equilibrio estable, “lo que los economistas llamamos ‘equilibrio de Nash’, donde ningún jugador tiene incentivos para cambiar su estrategia unilateralmente. Cuando el número de compradores permanece reducido, ese equilibrio tiende a ubicarse sistemáticamente cerca del mínimo absoluto que los productores estarían dispuestos a aceptar para no abandonar la actividad”, acota.
“No se trata del precio justo que cubriría costos operativos más una rentabilidad razonable, sino del piso de subsistencia. Con pocos compradores enfrentando miles de vendedores cautivos porque no pueden esperar ni trasladar su producto perecedero, la estructura competitiva permite extraer rentas económicas extraordinarias (lo que técnicamente llamamos ‘cuasi-rentas’: ingresos por encima del costo de oportunidad que surgen cuando un recurso no puede moverse rápidamente hacia otros usos) desde el eslabón primario hacia el industrial”.
La regla del mejor postor
Añade que la regla del “mejor postor primero” presupone que los productores pueden buscar activamente entre distintas ofertas disponibles. En mercados con productos durables -automóviles, inmuebles, incluso granos almacenables- esta búsqueda activa resulta factible: el vendedor puede esperar, comparar, desplazarse. “Pero la perecibilidad extrema de la hoja verde subvierte radicalmente esta dinámica. Con apenas 24 horas de ventana operativa, el productor enfrenta información fragmentaria y capacidad nula de espera estratégica. No puede ‘testear’ el mercado regional ni retener inventario para forzar mejores condiciones. Esta restricción temporal convierte la ‘búsqueda activa’ en una ficción teórica: el productor debe vender inmediatamente al secadero accesible, incluso bajo información incompleta sobre ofertas alternativas. La perecibilidad no sólo restringe el radio geográfico; anula el mecanismo mismo que permitiría al productor disciplinar al comprador mediante amenazas creíbles de venta alternativa”, plantea el economista.
Por eso advierte que esta conclusión teórica encuentra correlato empírico dramático. El Inym calcula periódicamente estructuras detalladas de costos efectivos de producción que consideran insumos, mano de obra, amortización de capital y cargas sociales. “Estos valores técnicos superan sistemática y sustancialmente los precios que numerosos pequeños productores reciben en las transacciones reales de mercado. En algunos casos, la brecha alcanza casi el doble: productores reciben montos que apenas cubren costos variables directos, sin capacidad alguna para reponer capital ni mantener niveles mínimos de rentabilidad empresarial”. Finalmente sostiene que “la brecha negativa no financia inversión productiva ni mejora tecnológica. Subsidia, transitoriamente, descuentos en góndola que benefician al consumidor urbano a expensas del capital de trabajo rural. Estructuralmente, engrosa márgenes comerciales concentrados aguas arriba”.
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