Se sostienen mediante colectas, rifas y ventas de productos

Jóvenes por la educación: un proyecto social que une valores y esperanza

En sus dos años de trabajo, acompañaron semanalmente a más de 50 niños de la periferia posadeña y movilizan a una red de voluntarios de diversas disciplinas
domingo 12 de enero de 2025 | 6:05hs.
Todos los sábados los voluntarios se acercan al merendero Los Peques o a merenderos aledaños. Foto: Natalia Guerrero
Todos los sábados los voluntarios se acercan al merendero Los Peques o a merenderos aledaños. Foto: Natalia Guerrero

El voluntariado es una herramienta fundamental para construir sociedades más equitativas y solidarias. En este sentido, Jóvenes por la Educación, un proyecto iniciado en 2023, se enfoca en mejorar la calidad de vida en sectores vulnerables de Posadas, a través de actividades educativas y de apoyo comunitario.

El proyecto comenzó hace dos años cuando Pablo Lliej estudiaba el profesorado en Historia y a la espera de rendir su última materia -Metodología de la Investigación- decidió aprovechar su tiempo libre. Con 23 años, pensó en acercarse a un barrio para brindar acompañamiento escolar a estudiantes de nivel secundario, alineando esta actividad con su formación como docente para ese nivel educativo.

“Yo pensé que podía ocupar mi tiempo libre para acercarme a un barrio y dar acompañamiento escolar. Les hablé a varios conocidos y finalmente fuimos tres al barrio El Porvenir 2. Ese día llegaron dos chicos, pero nos encantó la experiencia y decidimos volver la semana siguiente con merienda incluida”, relató Lliej, fundador del voluntariado.

El proyecto comenzó siendo financiado personalmente por Lliej, quien compraba leche y bollos para las meriendas. Con el tiempo, la visibilidad obtenida a través de las redes sociales permitió que más personas se sumaran con donaciones. Actualmente, el financiamiento se sostiene mediante colectas de fondos, rifas y ventas de alimentos como pastelitos y budines, además del apoyo directo de la comunidad. Gracias a estas acciones, lograron garantizar la continuidad del proyecto y generar confianza entre los donantes, quienes pueden acompañar al grupo para comprobar el destino de sus aportes.

El acceso a la educación básica es una de las mayores preocupaciones para Jóvenes por la Educación. Muchos de los niños con los que trabajan no saben leer ni escribir, a pesar de tener entre 10 y 15 años. “La mayoría de los chicos en el barrio no están alfabetizados. Nos encontramos con casos en que niños de hasta 15 años no pueden leer ni escribir, lo que evidencia una brecha importante en su formación educativa”.

Asimismo, Lliej recordó un caso que lo marcó profundamente al inicio del proyecto. Una niña en tercer grado le mostró una prueba sin resolver sobre temas complejos como la Constitución Nacional y la división de poderes. “Hablando con ella, supe que no sabía leer ni escribir. Ella se largó a llorar porque no entendía nada de lo que le pedían. Traté de explicarle los conceptos básicos, pero me impactó ver cómo se le exigían cosas imposibles para su nivel”.

Con el paso del tiempo, la iniciativa se consolidó, sumando más voluntarios y estableciéndose como un voluntariado socioeducativo que no sólo se enfoca en la educación, sino también en garantizar alimentos y contención emocional para niños, niñas y adolescentes.

Acompañamiento

“En el merendero no sólo garantizamos la merienda, sino también un espacio de aprendizaje y contención. Algunos niños no van a la escuela y este espacio se convierte en su único vínculo con la educación”, sostuvo Lliej.

Cada semana, entre 30 y 50 niños participan en el merendero Los Peques, ubicado en el barrio Porvenir 2, de Posadas. Durante fechas especiales, como Navidad, los festejos llegan a reunir hasta 80 participantes. Las actividades también incluyen talleres de higiene bucal con entrega de cepillos, capacitaciones en RCP y celebraciones temáticas donde los niños ejercitan su derecho al juego.

Necesidades

“Vemos que hay un problema con la higiene, sobre todo porque en el barrio no hay agua corriente, ellos se surten de los tanques comunitarios que están distribuidos en las manzanas y no tienen acceso a agua corriente en las casas. Entonces hay un problema de higiene, muchos no se bañan, también eso hace que uno vea otra realidad, sobre todo en los días de frío que tienen que buscar el agua en un balde, llevar a su casa y bañarse, no es algo que pasa todos los días”, indicó el joven voluntario.

En sintonía, mencionó que muchos chicos de la periferia posadeña no conocían el cine ni la Costanera. “Para nosotros fue especial poder brindarles esa oportunidad”. Al cierre del año, varios destacaron esa como su “mejor experiencia”, compartió el coordinador. Esta experiencia les dejó una huella imborrable tanto a los niños como a los voluntarios.

“Cuando llegamos al merendero Los Peques, estaba muy solo, no estaba pudiendo cumplir con las meriendas y no funcionaba. Empezamos a acercarnos para reactivarlo y logramos que todas las semanas se garantice la merienda para los chicos. Además, se convirtió en un espacio de contención, donde algunos niños encuentran su único vínculo con la escuela, ya que no todos asisten regularmente”, señaló Lliej sobre el impacto de su labor en ese espacio.

“Armamos un grupo integrado por estudiantes de formación docente, psicopedagogía, psicología y otras carreras afines, con quienes planificamos propuestas educativas adaptadas al contexto. Muchas actividades originales no eran cercanas a la realidad de los chicos, así que ajustamos el contenido cada semana. Además, otros voluntarios colaboran con la preparación y distribución de la merienda, adaptándose a los roles en los que se sienten más cómodos”, explicó sobre la dinámica del equipo.

Además de las distintas tareas, los voluntarios también buscan responder a necesidades críticas en los barrios que visitan. En varias ocasiones, se encontraron con niños en situación de trabajo infantil o que deben vender productos para ayudar a sus familias. Estas realidades los impulsan a esforzarse aún más en cada actividad.

“Una de las cosas que más nos marcó fue conocer a chicos que trabajan haciendo ladrillos o vendiendo limones para ayudar a sus familias. Estas situaciones nos muestran lo importante que es nuestra labor y nos impulsan a seguir trabajando”.

Jóvenes por la educación
Hacen foco mayormente en la lectura y escritura de los pequeños. Foto: Natalia Guerrero

Redes

Durante su lapso de trabajo solidario, la organización también se vinculó con otras entidades, como la ONG Expedición Sonrisas, a través de la cual recibieron capacitaciones y propuestas educativas adaptadas a contextos vulnerables. Una psicopedagoga de esta ONG visitó el barrio y brindó orientación para mejorar las actividades del grupo.

El trabajo del voluntariado no sólo transformó la vida de los niños y niñas de los barrios vulnerables, sino también la de los propios voluntarios. “El grupo me dio amistades increíbles y un aprendizaje constante. Todo lo que hacemos es un proceso de prueba y error. Nos llena el corazón ver cómo pequeñas acciones generan grandes cambios”.

El proyecto también se caracteriza por celebrar fechas importantes con actividades especiales. En Navidad, organizaron una jornada donde alquilaron peloteros y un toro mecánico, además de entregar juguetes a los niños. Para estos eventos, vendieron rifas y lograron la colaboración de panaderías locales.

“Los niños deben ejercer su derecho a jugar. Muchas veces nos olvidamos de que también necesitan ser niños. Estos festejos son una oportunidad para que ellos se diviertan y para recordarles que merecen vivir momentos felices”.

En el futuro, Jóvenes por la Educación busca expandir su presencia a más barrios de Posadas. “Queremos establecer actividades fijas en al menos dos merenderos más. Nuestra meta es garantizar un acompañamiento constante y de calidad para más niños y sus familias. Para quienes desean involucrarse, les digo que se animen. No hace falta cambiar el mundo, pero sí pueden cambiar el día de alguien, y eso ya es enorme”.

Jóvenes por la educación
Los voluntarios van rotando y se ajustan según sus tiempos. Foto: Natalia Guerrero

Vehículo propio y más financiación, entre las metas que tienen a futuro

La importancia de las redes sociales fue fundamental en el crecimiento del proyecto de Jóvenes por la Educación. “Hoy en día, gracias a nuestras publicaciones, más personas conocen lo que hacemos y deciden colaborar. Algunas donan tiempo, otras aportan dinero o materiales, pero todas suman para hacer que esto sea posible”, explicó Lliej. Entre sus metas a futuro, esperan poder adquirir un vehículo propio para facilitar el transporte de los insumos y los voluntarios.

Otro aspecto destacado del proyecto es la flexibilidad que ofrecen a los voluntarios. Como cada uno tiene sus responsabilidades, no se exige una asistencia obligatoria. Cada quien aporta desde donde puede, y eso es lo que lo hace especial. Hay quienes sólo pueden asistir una vez al mes, pero cuando lo hacen, marcan la diferencia.

Los desafíos financieros también son un tema recurrente para el grupo. “Organizamos rifas, ventas de pastelitos y buscamos apoyo constante. La idea es que podamos tener una base más estable para garantizar que nunca falten los recursos esenciales”, indicó.

El grupo también planea establecer alianzas con otras organizaciones y empresas para ampliar su alcance. “Queremos involucrar a más actores de la sociedad, porque creemos que juntos podemos lograr un impacto aún mayor. No se trata sólo de los niños, sino de transformar comunidades enteras”, ahondó el coordinador.

Asimismo, organizan sus visitas los sábados, siguiendo un cronograma que varía según la estación del año. Durante primavera y verano se encuentran a las tres y media de la tarde y regresan a las siete y media, mientras que en invierno ajustan los horarios para evitar regresar de noche. Aunque los sábados son el día fijo, a veces realizan actividades adicionales en otros días de la semana de manera ocasional. Estas visitas incluyen propuestas educativas y recreativas diseñadas para responder a las necesidades específicas de los niños del barrio.

El impacto en los niños va más allá de lo educativo. Según relató Lliej, en una de sus visitas al barrio, conocieron a una niña que llevaba semanas sin ir a la escuela porque no tenía zapatillas. Ante la situación, un integrante del equipo le consiguió un par de zapatos y eso cambió todo para ella. “Volvió a clases y recuperó su entusiasmo por aprender”.

Otra de las historias que le marcó al grupo de voluntarios, fue la de una niña que asistía regularmente al merendero y que no sabía leer ni escribir, pero gracias al trabajo constante y al apoyo de los voluntarios, logró aprender. “Ahora está en la escuela y tiene más confianza en sí misma. Este tipo de cambios nos motiva a seguir adelante”, compartió el joven muy emocionado.

En la misma línea, el equipo de solidarios trabaja busca desarrollar nuevas propuestas adaptadas a las necesidades de los barrios. “Queremos incorporar talleres de música y arte, porque sabemos que estas actividades son importantes para el desarrollo integral de los niños. También queremos sumar apoyo psicológico para aquellos que enfrentan situaciones familiares complejas”.

Los jóvenes también se capacitan para afrontar los desafíos. Según comentaron, asistieron a talleres de capacitación en trabajo comunitario, y esto los ayudó a entender mejor las problemáticas de los barrios. El mensaje de Jóvenes por la Educación es claro: cada persona puede marcar una diferencia, no importa cuán pequeña sea la acción. “Lo más importante es tener ganas de ayudar. Con eso, ya estás cambiando el mundo para alguien”.

Aprendizajes

El aprendizaje generado por el trabajo en los barrios es otro de los pilares fundamentales de Jóvenes por la Educación. “Nos dimos cuenta de que cada barrio tiene su propia dinámica, y para ayudarlos de verdad, es necesario escucharlos y aprender de ellos. Es un intercambio constante. Hemos tenido reuniones con referentes de educación para coordinar talleres en conjunto, lo que permite que nuestras propuestas lleguen a más personas y tengan un enfoque más integral”, subrayó Lliej.

Otra iniciativa destacada fue la organización de eventos culturales que no sólo benefician a los niños, sino también a sus familias. “Entendemos que la familia es un núcleo esencial para el desarrollo de los chicos, por eso organizamos actividades que involucren a todos, desde juegos hasta capacitaciones específicas para padres y madres”.

Metas que benefician a los niños

Las metas que planean realizar a largo plazo incluyen establecer un programa de becas educativas para niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad. “Queremos brindarles oportunidades reales para que puedan continuar sus estudios y tener un futuro mejor. Creemos firmemente que la educación es la herramienta más poderosa para cambiar vidas”.

Otra prioridad es ampliar el impacto del voluntariado a través de actividades itinerantes en diferentes localidades de la provincia. “Queremos llegar a comunidades rurales donde las necesidades son aún más urgentes. Es un desafío logístico y humano, pero estamos seguros de que podemos lograrlo si trabajamos juntos”, explicó Lliej. Esta visión demuestra el compromiso inquebrantable del grupo con los sectores más desfavorecidos.

De igual forma, el joven agregó: “Queremos incorporar más frutas y alimentos saludables en las meriendas. Para eso necesitamos generar fondos que nos permitan proyectar actividades con más previsibilidad”, añadió Lliej, al referirse a los desafíos que enfrenta el proyecto. Actualmente, dependen de donaciones y ventas ocasionales, como rifas y pastelitos.

El proyecto que lidera Pablo Lliej tiene como principal foco de trabajo el barrio Porvenir 2, aunque su alcance ha llegado a otros barrios de Posadas como Villa Cabello, Alberto Fernández, Néstor Kirchner, Porvenir 1, Prosol y Luis Piedrabuena. Según explicó, el esfuerzo en estos lugares se centra en llevar donaciones y brindar apoyo en función de las necesidades específicas. Actualmente, el grupo trabaja de manera constante en el merendero Los Peques, ubicado en el barrio Porvenir 2, un espacio que reactivaron tras encontrarlo en una situación complicada y sin el apoyo necesario para funcionar.

“Una de las acciones más importantes fue la maratón solidaria, donde juntamos más de 200 litros de leche para merenderos y escuelas de Posadas. También logramos que 40 chicos conocieran el cine por primera vez, algo que nos marcó porque muchos no habían salido del barrio ni vivido esa experiencia. Para nosotros, fue muy especial porque vimos cómo estas actividades les generan recuerdos significativos que trascienden el tiempo”, relató Lliej, destacando los logros alcanzados en estos dos años de trabajo.

El legado de Jóvenes por la Educación está en construcción, pero ya se vislumbran los cimientos de un movimiento que aspira a dejar huellas imborrables en la sociedad. “Lo que hacemos no es sólo para el presente; es para el futuro. Queremos inspirar a más jóvenes a tomar la iniciativa y ser parte del cambio”, concluyó Lliej.

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