Desde la docencia rural hasta la asistencia a Bomberos Voluntarios

Caminar la vida en comunidad, creando lazos de solidaridad

La obereña Blanca Ríos -conocida entre sus allegados como Tita- demuestra con el ejemplo la importancia de pensar en el otro, disfrutando día a día la satisfacción del compromiso social
sábado 29 de junio de 2024 | 6:05hs.
Tita trabaja ad honorem en diferentes entidades obereñas. Foto: Luciano Ferreyra
Tita trabaja ad honorem en diferentes entidades obereñas. Foto: Luciano Ferreyra

Es imposible imaginar una comunidad sin el factor social. Es inviable pensar que un pueblo puede crecer sin gente que lo construya desde sus cimientos, por las simples ganas de verlo evolucionar, por el simple gesto de ayudar a los vecinos. Las organizaciones no gubernamentales y asociaciones cumplen una función primordial en estos casos, siendo espacios de desarrollo y contribución a la vida en sociedad.

Sin embargo, pocas veces se piensa en quiénes están detrás de estos lugares, quiénes dedican la vida a ayudar al entorno que los rodea, sin pedir nada a cambio. Quiénes asumen esto roles preponderantes, principalmente en las comunidades emergentes, en lo que respecta a salud, cultura, educación, entre otros.

Blanca Ríos es una de estas personas. Conocida en su círculo más íntimo como Tita, la obereña de 76 años dedicó muchísimo tiempo y esfuerzo en diferentes espacios de contención, aportando trabajo y solidaridad. Y lo sigue haciendo, aún con más ganas y compromiso, en entidades como la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (Lalcec), la Biblioteca Popular “Domingo Faustino Sarmiento”, el Club de Leones y la Asociación de Bomberos Voluntarios, donde deja un pedacito de corazón en cada tarea encomendada.

En entrevista con El Territorio, Blanca cuenta los inicios como docente rural, la pasión por la vida en comunidad y el incondicional acompañamiento de Julio Barchuk, su esposo y compañero de vida -además de sus dos hijos- con la satisfacción de la tarea cumplida y una vida dedicada a trabajar por el otro.

¿Cuándo empezó este amor por lo social?
Y empezó hace tiempo. Yo soy docente. Empezamos trabajando en Campo Viera con mi esposo que también es docente, nos fuimos a vivir allá en la escuela. Recorrimos once escuelas con el trabajo. Íbamos siendo trasladados cuando él iba ascendiendo dentro de la categoría de director y llegamos a trabajar en lo que hoy es Pueblo Illia, que en aquel tiempo no era todavía, era una colonia bastante progresista, porque había gente muy trabajadora. Allí estuvimos muchos años.

¿En qué año empezó esta recorrida?
Me casé en el año 67. Me había recibido en el 66. Allí nos fuimos por primera vez a la colonia, a Campo Viera. Estuvimos en Aristóbulo, Dos de Mayo, San Vicente y volvimos otra vez, quedándonos en Campo Viera otra vez, en el paraje Bonito. Después nos vinimos a trabajar más acá. Acá en Oberá trabajé en la escuela del barrio Yerbal Viejo, donde me jubilé, como también trabajé en la escuela de Villa Torneus.

Me jubilé y allí empezó mi otra vida, no ya como docente, sino como activa participante en distintas instituciones de Oberá.

¿Siendo docente igualmente ya notaba que le gustaba esta parte social? en la colonia…
Sí, en la colonia daba catequesis, clases de apoyo a los chicos que necesitaban. Siempre me gustó involucrarme con el entorno del lugar donde estaba. Cuando vine a Oberá, que trabajé en esas escuelas, hacía suplencias también en el colegio Mariano, Normal y 304; y di catequesis muchos años en la Catedral.

También después nos involucramos con las colectividades. Mi esposo tiene descendencia ucraniana, fue presidente de la colectividad. Yo también me involucré ahí. En una época fui secretaria en la colectividad y después me involucré en la federación de colectividades, donde muchos años fui titular del área Reinas. Es un lugar lindo, conocés mucha gente, tenés contacto con mucha gente.

¿Cómo fue que entró a trabajar a la biblioteca?
Un día fui a buscar un libro porque soy muy lectora también y estaban reunidos para formar la nueva comisión. Y una amiga me preguntó su quería quedarme a escuchar, y ver lo que hacían. Y ahí ya me pusieron en la comisión. Al otro día empecé a colaborar, eso fue en el año 95, desde entonces estoy en la biblioteca colaborando. Es el lugar que más me gusta, es mi lugar en el mundo. Soy muy lectora, siempre me gustó desde chica. Acá yo soy secretaria administrativa, llevo toda la parte de papeleo.

Y a partir de acá también participé un tiempo en el Centro Amigos del Ciego. Colaboré un tiempo nomás porque no me coincidían los horarios, ya no podía estar tan activa y lo dejé.

¿Y cómo fue que entró luego a Lalcec?
Me invitaron a entrar allí, una amiga que me encontré casualmente en un negocio me dice que había estado pensando en mí para participar de Lalcec. Me invitó a ir una mañana a ver lo que hacían allí. Fui y salí impactada. Porque vino una señora con una chica muy joven, con un problema en uno de sus pechos, era terrible la situación. La mamá lloraba porque no tenían medios, era empleada doméstica, y de ahí salieron con el turno en Posadas… me emociono cada vez que me acuerdo… con la plata para los pasajes de colectivos, plata para taxi de la terminal al Madariaga. La mujer salió llorando de felicidad, porque hacía tiempo no sabía adónde ir, no encontraba ayuda. Y esa situación me hizo quedarme. Y hoy sigo ahí.

Fui presidenta de Lalcec cuatro años. Es un lugar que te da muchas satisfacciones porque notás cómo esa institución es importante para los enfermos oncológicos, porque allí, aparte de contención, se ayuda en lo que se puede. En una época, teníamos hasta alojamientos en Buenos Aires. Y todo eso es algo que satisface mucho porque realmente vemos cómo podemos llegar a la gente de manera simple, sencilla y ayudarlos en ese momento en lo que necesitan. Se sienten desprotegidos muchas veces y nosotros allí tratamos de levantarles el ánimo y acompañarlos en lo que podamos. Es un grupo grande de gente, gracias a Dios entraron ahora muchas personas jóvenes, porque en un momento éramos muchas personas mayores, yo tengo 76 años. Así que ahora hay un grupo de gente joven, muy animada y comprometida y eso me alegra porque siempre nos preocupaba que no se involucre la gente.

Es decir… ¿a la gente le cuesta involucrarse?
Sí, es dificilísimo encontrar gente que se involucre. Hay gente que asiste un tiempo y luego se va. Porque todo esto es meramente colaboración, no tiene ningún tipo de rédito aparte de la satisfacción que a uno le produce. Estoy allí hace 15 años y sigo allí. Los días jueves dejo la biblioteca y me voy a atender la oficina. Nos turnamos porque no tenemos secretaria y estamos siempre de a dos para atender a quienes llegan.

También nos satisfacen muchos las campañas que hacemos sobre los seis cánceres que son recuperables tomados a tiempo. Por eso hacemos campañas de concientización para que la gente se acerque a los médicos. Lo mejor es siempre la prevención y nosotros hacemos hincapié en eso. Hace poquito hicimos la campaña de cáncer de piel para concientizar sobre revisar los lunares. Ahora tenemos otra dermatóloga que va a colaborar con nosotros. Nos satisface mucho que los profesionales médicos, bioquímicos, nos apoyen. Siempre colaboran de manera gratuita con nosotros y eso nos llena, nos sentimos apoyadas.

Dice “apoyadas”, ¿son todas mujeres?
Sí. Somos mujeres. Es dificilísimo encontrar hombres que colaboren. Las mujeres tenemos otra manera de ver las cosas, otra óptica de nuestro alrededor. Las mujeres en general tienen ese instinto protector.

Y sumado a eso, ¿la docencia en la colonia también le da otra mirada a la vida?
Exactamente. Yo cuando trabajé en la colonia compraba antes de ir a la escuela lápices de colores, lápices negros, por si el chico no traía. También cuadernos. Entre mis amistades buscaba ropas, zapatos, zapatillas y teníamos un resguardo de cosas para los chicos que necesitaban. Llevábamos revistas también, yo compraba los Billiken, Anteojito en cantidad porque era el único acceso que tenían.

Me acuerdo de cuando apareció la televisión, allá en el pueblo no tenían, entonces entre toda la gente de la colonia, buscaron un árbol altísimo, cortaron, pusieron en el patio de la escuela y allá arriba pusieron la antena. Ahí veíamos canal 12, la gente venía a mirar, y nosotros poníamos la tele afuera, en la galería. Llevamos la televisión por primera vez a Pueblo Illia.

Su marido también la acompañó siempre en lo social…
Sí, él era de la parte de deportes. Teníamos cancha de fútbol, vóley, un aro de básquet y bochas para los más viejitos. Mi casa era el centro social, si se enfermaba alguien, venían y mi marido que era director de la escuela le llevaba al hospital. Hasta cadáveres llevamos al cementerio porque no había otra forma.

La figura del director era súper importante y para todo venían a la escuela. Hasta cuando había peleas de matrimonios venían a que seamos mediadores para ver qué hacer. Fue una época muy linda, una de las mejores que viví. Fuimos invitados cuando se inauguró como Pueblo Illia. Fuimos y nos encontramos con nuestros alumnos todos grandes, con hijos, nos venían a saludar. Fue una de las escuelas en las que mejor estuvimos. Tuvimos mucha química con la gente de la colonia.

También trabaja ahora en el Club de Leones, ¿es así?
Sí. Es un lugar que me gusta mucho, la calidez de la gente que lo compone. Siempre digo que es como mi casa, porque llegás y te reciben con alegría, se proyectan actividades, se organizan las cosas que se llevan a los barrios, actividades para el día del niño. Siempre atentos a las necesidades del alrededor y por eso también es un lugar que satisface mucho porque se hacen muchísimas cosas, silenciosamente. No se da a conocer todo lo que hace el Club de Leones. Es un orgullo para mí porque desde el Club de Leones se gestó el cuerpo de Bomberos Voluntarios, donde ahora también soy secretaria a partir de este año.

Blanca Ríos
El Club de Leones es una de sus tantas pasiones y trabaja activamente allí. Foto: Luciano Ferreyra

Es mucho trabajo, pero bueno, estoy ahora conociendo lo que es el cuerpo de Bomberos, es algo grandioso. No dimensioné jamás lo que es. Fui en varias oportunidades a la mañana cuando están en actividades y te impacta todo lo que hacen. Cómo se armó eso y tiene pocos años. Es voluntario pero tienen un gran equipamiento. Por ejemplo, ahora que estuvieron en la búsqueda del niño de Corrientes, se fueron los bomberos con los perros de acá. Están en todo, hasta cuando están los gatos en los árboles, es decir, desde lo más pequeño hasta lo más grande, como un incendio, una inundación. Estoy súper sorprendida.

Desde afuera uno ve solo un poco, pero hay que estar allí adentro para saber lo que realmente es. Y reitero que es toda gente voluntaria que no cobra nada y están al servicio de la sociedad.

¿Y todo ese trabajo que usted hace allí también es voluntario? ¿Qué le motiva?
Me motiva esa satisfacción de lo que se hace allí, incluso con la edad que tengo. Porque muchas veces me preguntan cuándo voy a descansar pero yo me tomo mi tiempo también. Es necesario.

Cuando estoy con la familia a veces me retan porque estoy con el teléfono, me llaman y yo sé que tengo que contestar, no puedo dejar de responder, no puedo estar ausente. Me siento con el compromiso hacia las instituciones donde estoy, tanto Lalcec como la biblioteca, como Club de Leones y ahora los Bomberos. Estoy siempre atenta para tratar de solucionar las cosas. Sé que no todo está en mis manos pero siempre me consultan cosas, me piden opiniones.

¿Qué sensación le da al ver para atrás, todos los lugares donde estuvo, todo lo que hizo, esa entrega?
Todas en las que estuve son entidades de servicio a la comunidad, de atención y de darle a la comunidad algo. En eso me gusta involucrarme, donde puedo, junto a otras personas, aportar a nuestra ciudad, aportar para el bienestar de todos, evolucionar culturalmente como es el caso de la biblioteca. La cultura es fundamental, importante, por eso recorremos las escuelas promocionando la biblioteca. Hay mucho para dar.

¿Y siempre con apoyo de la familia?
Sí. Tengo dos hijos, tres nietos y dos bisnietos. Con mi esposo, los dos fuimos docentes, nos acompañamos siempre. La verdad que tengo un compañero que me apoya en todo. Me siento muy acompañada en eso y él también es una persona que dio mucho por Oberá, fue presidente de la federación de colectividades y nos acompañamos los dos siempre. Él me da ideas, me corrige, hay un compañerismo que me permite hacer lo que hago, tanto por él como por mis hijos. Siempre nos acompañaron en las cosas que hicimos con mi marido.

Con él siempre hablamos de todo lo que hicimos, donde estuvimos. A veces nos entristecen cosas que ya no se hacen y nos alegran otras cosas que no se perdieron, actitudes, costumbres, hablamos mucho de todo lo que hicimos, donde estamos hoy. Nos sentimos acompañados uno al otro. La salud a veces es un poco frágil, pero los dos nos cuidamos y tratamos de seguir adelante, satisfechos con el camino recorrido. Yo me siento conforme con lo que hice y todavía puedo seguir dando. Me siento todavía con fuerza y mientras pueda caminar sin bastón, voy a estar. Sin dudar, si volviera el tiempo atrás, volvería a hacer todo lo que hice, incursionando en los distintos aspectos. Cuando viene alguien y me dice usted fue mi maestra, y se acuerdan de esas épocas, es algo bueno, quiere decir que hicimos las cosas bien.

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