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Probable origen de la Libertad Avanza

miércoles 14 de febrero de 2024 | 6:00hs.
Probable origen de la Libertad Avanza

Yo integro el 44% de los votantes que creíamos que Milei no ganaría el balotaje, entre otras razones, por lo nuevo de la propuesta, por la aparente falta de trayectoria pública de Milei, y por otra razón, temíamos que detrás suyo avanzarían intereses antinacionales y antipopulares… Creíamos que Massa representaba el “mal menor” ante la crisis económica y social nacional, vistos los dos anteriores gobiernos de Macri y Alberto Fernández.

Buscando una causa racional del resultado electoral final, consulté analistas, investigadores sociales, algunos libros que tratan sobre la derecha mundial, y he descubierto que esta nueva ideología ya tiene su nombre, y hasta con unos veinte o más años de antigüedad.

Consulté más de diez analistas, en material impreso y en Internet, y me he percatado ‒como ya adelanté en mi nota anterior‒ que durante los años 50, en Estados Unidos, la revista conservadora National Review, bajo la dirección de William F. Buckley Jr. y Frank Meyer, desarrolló una idea que cambiaría al liberalismo y a la derecha conservadora para siempre: el llamado desde entonces “fusionismo”. Este es una síntesis filosófica y política de los valores conservadores y de la política económica liberal. Una alianza entre liberalismo y derecha. Y resulta que tal es la línea ideológica de LLA y de Milei.

En la década del 80, la tradicional “derecha”, unida a las tradiciones nacionalistas y conservadoras, adoptó –y refinó– un ideario coherente y sistemático, conocido popularmente como neoliberalismo. El rol de esta nueva ideología ha sido, es y por lo que parece continuará siendo crucial ‒al menos en el futuro inmediato‒ en la demarcación de lo que las mayorías pueden o no lograr en Argentina. El poder que ha alcanzado esta fuerza es el fruto de un gran triunfo cultural, ético y político. La autoridad del “establishment”, palabra con la cual se llama a los sectores dominantes, no se asienta sólo en el ejercicio del poder económico, sino sobre todo en una hegemonía ideológica.

En general, la extrema derecha sabe que puede conseguir lo que quiere a través de las instituciones de la democracia liberal, que no son hostiles a sus programas. Desde comienzos del siglo XXI, sus planteos son tomadas con naturalidad o levantadas como banderas por buena parte de la dirigencia política y una fracción de la sociedad civil.

Aclarando el liberalismo, el politólogo italiano Norberto Bobbio afirma que, “como teoría económica, el liberalismo es partidario de la economía de mercado, y como teoría política es simpatizante del Estado que gobierne lo menos posible”. Cuando se dice que el liberalismo es defensor de la economía de mercado, está implicada la protección de la propiedad privada ‒incluyendo la propiedad privada de los medios de producción‒ y también reconoce la existencia de un mercado de trabajo. O sea que el liberalismo es defensor de un Estado que gobierne lo menos posible, procurando un Estado de poderes limitados.

Como líderes de esta asociación surgieron, en el siglo pasado, Margaret Thatcher y Ronald Reagan, que finalmente lograron derrotar al monstruo soviético, que terminó colapsando principalmente bajo su propio peso.

En América Latina estamos heredando esta tradición fusionista. Pero como la amenaza del comunismo ya no existe, ha decidido luchar contra lo que más se le parece: el socialismo, pensando que éste representaba la misma amenaza al mundo civilizado que el comunismo, o tal vez influenciados por los liberales de los tiempos del fusionismo en Estados Unidos, los liberales se unieron a la derecha en una alianza que tiene como objetivo una cruzada contra el socialismo y el populismo.

Finalmente, debemos agregar que, hoy, los EE.UU. están en una tendencia declinante económica como ordenador mundial, y consideran irrelevantes ‒sobre todo frente a la derrota de Ucrania contra Rusia‒ los mercados europeos crecientemente copados por China e India, creciendo la llamada “multipolaridad económica” mundial (los BRICS), por lo que ‒sobre todo para Baiden‒ aumenta la importancia relativa del resto del sur (de los EE. UU) de América, de México para abajo hasta nuestra Antártida, estando variando la geopolítica norteamericana.

El accionar del gobierno de Javier Milei, su DNU 70/23 y el proyecto de ley ómnibus ‒caído en el Senado nacional‒ perjudicaba a los trabajadores, a los jubilados y pensionados, a los inquilinos, a los consumidores, al patrimonio nacional y a nuestra soberanía, pero beneficiaba al gran capital, tanto local como (y sobre todo) extranjero.

Entonces, similarmente a lo acontecido con el fusionismo entre liberales y neoliberalismo, en Argentina hoy se está generando la fusión entre el PRO macrista (o lo que quede de él) y la LLA, para superar el actual parate de gestión y seguir y profundizar las políticas antinacionales y enriquecedoras de los grandes capitales nacionales e internacionales.

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