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Paisano Dionisio Duarte

domingo 17 de octubre de 2021 | 4:29hs.
Paisano Dionisio Duarte

Un paisano no es como se supone un gaucho… cuchillo en la cintura, faja o cinturón con tachas, sombrero ancho, montado de fiesta y portando orgulloso asta y bandera flameando los colores de la patria que le vinieron del cielo. No, se trata de un paisano, como llamaba San Martín a sus hermanos de la tierra los guaraníes. Rememoro también a mi amigo el cacique Duarte de la aldea Tamanduá (ya fallecido).

Pero primero permítanme una breve introducción para reconocer el papel fundamental de los guaraníes en la pertenencia de Misiones como territorio argentino.

Los misioneros no somos afectos al pasado y es justo que sepamos cuanto les debemos a los paisanos guaraníes. La primera deuda es la tierra, el espacio que habita nuestra provincia. Sin pretender escribir historia, salvo un apretado repaso de acontecimientos, recordemos cómo Misiones, frágil y aislada entre dos países ajenos, quedó parte de Argentina.

Primero fue Mbororé, donde guaraníes y jesuitas “en la primera batalla naval argentina”, al decir de Félix Luna, fijaron desde la victoria contra los bandeirantes los límites de la futura frontera de nuestro país y el final de las incursiones esclavistas. Décadas después, los guaraníes de ambas orillas del Uruguay enfrentaron a portugueses y españoles juntos, ya expulsados los jesuitas, por la sesión de las misiones orientales a Portugal por parte de España.

En el siglo XIX, Revolución de Mayo de por medio, el comandante de Misiones Tomás de Rocamora consulta a los cabildantes de los pueblos guaraníes la adhesión o el rechazo; los paisanos cabildantes apoyan la revolución…Coherentes, acompañaron a Belgrano en la invasión al Paraguay ratificando la pertenencia a las Provincias del Rio de la Plata. Andresito Artigas, destratado por historiadores correntinos, es rescatado del casi anonimato por Aníbal Cambas. Defendió la causa federal y con identidad misionera su territorio, nuestro territorio, contra paraguayos y lusitanos, como si tuviese dos espadas, hasta caer prisionero en la loca aventura de querer recuperar las Misiones Orientales en manos del Imperio de Portugal, para luego perderse su rastro en la historia. Desaparecido Andresito, exiliado Artigas, abandonados de todos, el comandante Javier Sití y Pantaleón Sotelo prosiguieron defendiendo el territorio de la anexión entrerriana, y finalmente el gobernador Félix de Aguirre, guaraní mestizo, con los últimos guerreros guaraníes contra las pretensiones correntinas.

Finalmente es vencido y Corrientes ocupa el sur de Misiones recostado sobre el río Uruguay, tal cual lo recuerda el historiador Alfredo Poenitz. Como si fuera poca la desgracia, en 1832 el Paraguay de los López cruza el Paraná, se apropia del territorio y termina el último latido de un corazón ya vencido: opama Misiones… hasta el fin de la Gran Guerra o Guerra del Paraguay.

Discriminación injusta

Dice Yubal Harari: “La discriminación injusta suele empeorar, no mejorar con el tiempo. El dinero llama al dinero y la pobreza a la pobreza. La educación llama a la educación y la ignorancia a la ignorancia. Los que una vez fueron víctimas de la historia es probable que vuelvan a serlo otra vez. Y aquellos a los que la historia les ha concedido privilegios tienen más probabilidades de obtenerlos de nuevo”
Los guaraníes son de raza orgullosa y guerrera, pero las circunstancias les fueron adversas y las levas forzadas y éxodos obligados terminaron con la casi extinción de su pueblo en el siglo XIX. Los mbyá-guaraní, los que no aceptaron el ingreso a las reducciones y siguieron viviendo a orillas de los ríos y habitando la selva, de ellos son descendientes los que hoy conocemos en las calles de los pueblos y aldeas. Un curioso relato de Juan Queirel, agrimensor correntino comisionado para mensurar tierras en Misiones, nos da cuenta de quienes quedaron en la selva… Dice Queirel: ”Estando en Santa Ana, supimos que a pocas leguas, en Pastoreo Grande, existía un resto de tribus Cainguá y sentí inmensa curiosidad por conocerlos y de oír hablar el guaraní en su primitiva pureza”.

Sigue el relato del encuentro muy sintéticamente: “Éstos nos aparecieron casi desnudos en una explanada desprovista de toda vegetación, lo que daba impresión de aseo que se confirmaba en el interior de las chozas”. Luego, el diálogo con el cacique, quien los recibe. “Nos da la bienvenida alargándonos la mano y diciéndonos en portugués: ¿como passó?, yo le contesté en guaraní, entonces me abrazó contento de oírme en su idioma y me responde: “Que éramos mismo corazón y misma sangre”… y sigue luego un entretenido relato de la visita. Desde la mente más primaria y pura, sin condicionamientos culturales, Juan Antonio Lovera, así se llamaba, no siente ninguna discriminación, ni de ida ni de vuelta… Como debiera ser si no fuésemos prisioneros de ancestrales prejuicios culturales.

Martín de Moussy, en su Libro ‘Decadencia y ruina de las Misiones Jesuíticas’, por información nos ilustra que no todos los guaraníes actuales son mbyá. “Algunas familias permanecieron en el país (Misiones) pero cansados de ser instrumentos de caudillos se declararon independientes y formaron tres grupos. El primero bajo las órdenes de Carahipy de Santo Tomé, que ocupó la sierra arriba de San Xavier; el segundo, bajo las órdenes de Cabañas, indio zambo de Corpus, se estableció cerca de la capilla Caakaraí, no lejos de los pueblos arruinados del Paraná; el tercero, bajo las órdenes del indio Romancito, se colocó en las costas orientales del Yberá. Estos pueblos volvieron a la vida de los montes.”

Me pregunto, cómo podemos ser tan ingratos con el pueblo guaraní sobreviviente a tanta desgracia y al que debemos tanto. Y no me quiero olvidar de la yerba mate, cualidades descubiertas por los guaraníes y trasmitidas a los jesuitas y a los “blancos” que hoy la disfrutamos y tanto pesa en la economía provincial. Lástima grande que no aprendimos de los paisanos a cuidar la naturaleza, a convivir con ella, a ser parte de ella, como somos…

¿Cómo es posible mostrar tanto orgullo con Andresito y tener en tanto abandono a su descendencia invisibles a nuestros ojos y a nuestros corazones? No alcanza con la piedad, comprarles limoncitos para caipiriña, o un tucanito o un canasto de sus hábiles manos; cualidad que demostraron para hacer imágenes de piedra o de madera realzando templos, o músicos exquisitos cuando los jesuitas, o fabricando pólvora o guerreros cuando lo requerían las guerras de la independencia. Todas habilidades que pudieron demostrar cuando tuvieron oportunidad de aprender.
Hoy, acorralados en la marginalidad y sin oportunidades, sólo aprendieron a sobrevivir, la mayoría entre la pobreza y la indigencia. Paisanos por allá, “blancos” por acá. Parches y olvido.

Caciques

De los varios caciques paisanos que conocí, dos me impresionaron vivamente: Lorenzo Ramos, un lúcido pensador y rebelde con causa; existe un video del fallecido cineasta Eduardo Mignona por encargo del Sipted, en el que se expresa sin tapujos sobre la marginación y dolor de su pueblo y el rechazo al blanco que quiere condicionar a los paisanos. El otro, el cacique Duarte, amigo de infrecuentes encuentros pero con fuertes lazos afectivos. Excelente cacique, pero sobre todo una buena persona amante de su pueblo para el que vivió hasta su último día…
Como gobierno habíamos hecho lo básico: viviendas Ñande Roga en las aldeas y escuelas bilingües dentro de la aldea con el maestro/a viviendo en la aldea y compartiendo la vida diaria con padres y alumnos. Para un paso posterior había dos teorías dentro del gobierno: seguir la línea de monseñor Kemerer de aldeas protegidas con enseñanza de oficios, o mantener el ADN guaraní con plena libertad, sin pretender interferir en su identidad. Para decidir se nos ocurrió reunir a todos los caciques de la provincia para que debatan y precisen qué querían los guaraníes del gobierno y no nosotros de los guaraníes… Se situaron en cuclillas en redondo, la mayoría no se conocía y hablaban naturalmente en guaraní crudo con énfasis, y los brazos detrás y caminando permanentemente, ida y vuelta en línea recta… Lamentablemente la idea se nos ocurrió sobre el final del mandato y no recuerdo que haya registros de ese encuentro.

Volviendo a mi amigo Dionisio, un día me entrevista para solicitar la donación de un tractor para la siembra de 30 hectáreas de sus cultivos. Donar a una aldea significaba donar a varias más, lo que estaba totalmente fuera de presupuesto. Negarme en seco por falta de recursos no era una buena manera de decir que no… entonces ensayé argumentos externos. “Mirá que no es fácil lo del tractor, se jode de nada y vas a tener que vivir llamando al mecánico”. Duarte: “Conozco un mecánico en 25... (25 de Mayo, el primer pueblo vecino a Tamanduá)”. “Mirá que no hay gente más incumplidora que los mecánicos y el tractor va estar más parado que andando”. “Pero este es mi amigo y no me está por fallar”.

Empate tras empate en una lucha de titanes; hasta que para ir terminando le digo: “Metele nomás con buey que no necesita mecánico…”. Y me contesta: “Ehh, y por qué no vas vos a arar con buey, ya que sos tan guapo”. Fin del debate.

P/S: Finalmente debo reconocer al paso de los años que fui víctima de mi propio prejuicio; en el fondo no creí que Duarte y su gente serían capaces de lidiar con un tractor y no les di la posibilidad de demostrarlo. Hoy sé que es necesaria una estrategia realista (soy corresponsable de una ley que duró un suspiro por irreal e ideologizada) y que es tarea de todos hacerlo. Proponer una política de estado, con los guaraníes en primer lugar, para una integración respetuosa, viable y sostenida en el tiempo que termine con la marginación y que también los paisanos tengan las mismas oportunidades de los blancos, sin perder su identidad.

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