viernes 24 de septiembre de 2021
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Ramón Ceferino Ocampo fue sentenciado por el Tribunal Penal de Oberá

Condenan a ex inspector a 19 años de cárcel por abusar de sus hijastras

La fiscal Estela Salguero detalló las pruebas contra el acusado y el calvario de las víctimas. También criticó el rol de la madre. “Nunca hizo nada para protegerlas”, dijo

sábado 04 de septiembre de 2021 | 6:06hs.
Condenan a ex inspector  a 19 años de cárcel por abusar de sus hijastras
Ocampo volvió a ser trasladado a la Unidad Penal VIII de Cerro Azul, donde purgará su condena.
Ocampo volvió a ser trasladado a la Unidad Penal VIII de Cerro Azul, donde purgará su condena.

En la sala de debates del Tribunal Penal Uno de Oberá aún resonaba el eco de la sentencia a 19 años de prisión para Ramón Ceferino Ocampo (52), quien guardaba silencio con la cabeza gacha mientras personal penitenciario le colocaba las esposas, cuando una de las víctimas se fundió en un abrazo con su hermana mayor y el llanto de ambas colmó el recinto. Fue el desahogo a tantos años de angustia.

Ayer, el ex inspector de tránsito de la Municipalidad de Oberá fue hallado autor penalmente responsable de los delitos de ‘abuso sexual simple agravado por el vínculo reiterado y abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo reiterado en concurso real’ en perjuicio de dos hijastras a las que crió de chiquitas. 

La sentencia del Tribunal avaló el pedido de la fiscal Estela Salguero, quien en su alegato detalló las pruebas en contra del imputado y subrayó que “no queda ninguna duda de la conducta desplegada por Ocampo, lo que ocasionó enormes secuelas en sus hijas”.

Detalló las pruebas de la acusación, como el crudo relato de las dos hermanas y el aporte de testigos, al tiempo que cuestionó el rol de la progenitora de las víctimas.

“Esta madre nunca hizo nada para proteger a sus hijas”, subrayó.

El imputado fue detenido en febrero de 2017 luego de que la hermana mayor de las víctimas denunció que una de ellas -que entonces era menor- fue abusada. Luego se radicó la segunda denuncia.

Según se determinó, los abusos fueron perpetrados en diferentes domicilios donde vivió la familia ensamblada que formaron Ocampo y su concubina.

La mayor de las víctimas fue abusada desde los 7 y hasta los 12 años, mientras que la menor fue violada desde los 10 y hasta los 15.

Modus operandi

Como a lo largo de todo el proceso, ayer el ex inspector municipal insistió en su inocencia y, tras los alegatos, se dirigió al Tribunal con una pregunta que sonó fuera de contexto: “Me gustaría que alguien me explique por qué estoy preso”, señaló.

Lo cierto es que en el debate oral, que se extendió por dos jornadas, quedó probado que los abusos se registraron en los diferentes domicilios donde vivió la familia ensamblada que formaron el imputado y su concubina con los hijos de él, de ella y los que tuvieron juntos.

El calvario de la primera víctima se extendió por cinco años. Empezó con tocamientos y luego la accedió carnalmente.

“A los 12 años la nena se rebeló y entonces comenzó a violar a la más chica de la misma forma, desde los 10 a los 15”, precisó la fiscal.

En 2017 una hermana mayor, que ayer estuvo presente en el recinto, tomó conocimiento de la situación y radicó la primera denuncia.

Salguero se apoyó en el relato de las víctimas, clave en delitos contra la integridad sexual. La más grande contó que su mamá se iba a trabajar y su padrastro entraba a su habitación para abusar de ella. En otras ocasiones la llevaba a la habitación matrimonial.

“Abusaba de mí para dejarme salir (…) Cuando me rebelé creo que empezó con mi hermanita”, citó a la víctima.

En tanto, hizo hincapié en que en dos oportunidades la más pequeña vio cómo Ocampo abusada de su hermana, por lo que consideró que además de víctima fue testigo presencial de los hechos.

Relato del horror

Cada una a su turno, las víctimas indicaron que temían represalias de Ocampo y coincidieron en que no le contaron a su mamá lo que pasaba porque no les creería.

La fiscal citó párrafos de la declaración de la más chica en Cámara Gesell.

“Contó cosas terribles de lo que pasó en su casa. Una declaración que fue interrumpida varias veces por el llanto”, mencionó.

El tramo más fuerte de su alegato fue cuando leyó los dichos de la chica: “Mi padrastro abusó de mi desde los 10 años. No aguanté más. Me llevaba a dormir con él, me tocaba. Así empezaba y yo sabía lo que quería. Le pedía que me deje porque me dolía, pero él me decía que eso era normal. Yo me cortaba y tomaba clonazepam. Salía a hacer desastres para llamar la atención”.

En este punto, Salguero acotó “y la madre no veía nada”. Justamente, la progenitora y la hermana que hizo la primera denuncia fueron las únicas que presenciaron los alegatos, con la salvedad que la madre se retiró de la sala cuando la fiscal describía el calvario relatado en Cámara Gesell.

“Me decía princesita, reina. Muchas cosas empalagosas y asquerosas. Sangré como tres o cuatro veces y no sabía lo que era estar indispuesta. Todo es un asco. No había forma de escapar. No tengo vida ni sé lo que quiero. Yo soy la debilidad de Ocampo y él es la debilidad de mi mamá. No me dejaba irme de casa”, contó la menor.

La fiscal también valoró el testimonio de testigos que observaron cuestiones llamativas, como uno que contó que Ocampo buscaba a la menor para que cuide al bebé en la pieza donde él dormía. Otro dijo que le controlaba las redes sociales y no quería que baile.

El rol de la madre

Los abusos de Ocampo hacía sus hijastras se prolongaron durante diez años, primero con una y luego con otra, según se determinó en el juicio.

Por ello, en un contexto de casi hacinamiento familiar, porque en un momento llegaron a ser once personas viviendo bajo el mismo techo en una casa precaria, la fiscal Salguero hizo hincapié en la figura de la concubina del acusado, quien siempre declaró a su favor.

“Las amigas corroboraron que (una de las víctimas) les contó lo que pasaba y que la mamá la echó de la casa. Que la mamá no la apoyaba. En dos meses que vivió con su amiga su mamá nunca fue a buscarla ni preguntó por ella. La chica intentó suicidarse y la madre nunca fue al centro donde estuvo internada”, remarcó.

También citó a una tía que declaró que la menor le contó que el acusado abusaba de ella desde hacía mucho tiempo y que no le contaba a la mamá porque no le creería.

“Yo muchas veces vi cómo le tocaba las nalgas”, declaró la misma tía ante una situación que parecía naturalizada.

Por ello, Salguero opinó que “algún día algunas madres también deberán estar sentadas en el banquillo de los acusados, porque también son culpables. Esta madre nunca hizo nada para proteger a sus hijas”.

Sobre el final de su alegato señaló que “no hay ninguna duda de la conducta que desplegó Ocampo, generando enormes secuelas en sus hijas”.

Como contrapartida, agregó que “nada de lo que dijo Ocampo se corrobora con las pruebas. Los informes psicológicos confirman el calvario que padecieron las víctimas y en sus pesadillas el protagonista siempre era Ocampo”.


La defensa

A lo largo de cuatro años y medio que lleva tras las rejas, Ramón Ocampo cambió varias veces de abogado, ya sea por cuestiones económicas o diferencias de criterio.

Finalmente llegó a juicio con asistencia del defensor oficial Dos, Matías Olivera, quien en su alegato subrayó lo que consideró falencias en la instrucción que tendieron a perjudicar al acusado.

Mencionó que todas las casas donde vivió con la familia ensamblada que formó con su concubina eran precarias y sobrevivían hacinados, por lo que hubiera sido imposible cometer tales delitos sin que nadie se entere.

En tanto, cuestionó que las víctimas no hayan sido sometidas a ningún examen ginecológico.

“Que la prueba no esté,¿tiene que ser cargo para el imputado?”, se preguntó, y agregó: “No alcanza la probabilidad para condenar a una persona”.

“Fue un proceso desvirtuado donde no hubo igualdad de armas. Se negaron pruebas a la defensa (…) Si la madre no percibía nada, fue porque no pasaba nada”, argumentó.

También criticó al juez y al fiscal de instrucción por no solicitar ciertos exámenes y estudios.

Afirmó que “la defensa está segura de que los hechos ni siquiera ocurrieron”, y solicitó la absolución de su cliente.

Tras el veredicto, Ocampo regresó a la Unidad Penal VIII de Cerro Azul, donde cumplirá su condena. En tanto, la lectura de los fundamentos de la sentencia se fijó para el 17 de septiembre a las 12.

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