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Una ciudad que nació a partir de la mixtura de contingentes migratorios

Leonor Kuhn y la misión de investigar y escribir la historia de Puerto Rico

La docente jubilada se dedica ahora a investigar la historia local enfocada en la inmigración. Publicó dos libros que pretende sean fuente para futuras generaciones

domingo 22 de agosto de 2021 | 6:04hs.
Leonor Kuhn y la misión de investigar y escribir la historia de Puerto Rico
Leonor presentó este mes su más reciente libro tras 20 años de investigación. Foto: Fernando Alvarenga
Leonor presentó este mes su más reciente libro tras 20 años de investigación. Foto: Fernando Alvarenga

Leonor Kuhn es nativa de la ciudad de Puerto Rico. Nació el 1 de junio de 1949 y fue docente en diferentes niveles educativos.

Actualmente realiza tareas de investigación sobre la historia regional enfocada en la inmigración.

Publicó libros, artículos y ponencias sobre la temática y además integra el equipo editor de la revista multimedial Somos Puerto Rico y es miembro de la Junta de Estudios Históricos de Misiones.

También preside el Club de Discapacitados Arco Iris de Puerto Rico y sus libros forman parte del “Camino de la Lectura”.

Cuando se habla de los inicios de Puerto Rico siempre se piensa en los brasileños de origen alemán, que son los que conformaron el núcleo inicial de todo el departamento Libertador General San Martín. Pero Puerto Rico, además de historia, tiene prehistoria. “Somos una impresionante mezcla de diversas vertientes”, sostiene la investigadora en diálogo con El Territorio.

Entre sus trabajos se destacan Alemanes de Alemania escrito en conjunto con Guido Rauber en 2013 y su más reciente trabajo Presencia paraguaya en Puerto Rico y zonas vecinas, presentado el pasado 6 de agosto.

“Es el reconocimiento que se les estaba debiendo a la comunidad paraguaya”, cuenta la escritora y agrega: “Este libro, que se acaba de editar, va a ser mi obra cumbre porque me demandó 20 años de investigación”.

En una extensa entrevista con este medio repasó distintas etapas de la historia de Puerto Rico. “Tenemos un origen común con Montecarlo y conozco gente de allí que insiste en el reconocimiento a Adolfo Julio Schwelm, porque si bien nosotros fuimos fundados por Carlos Culmey, que fue el primer administrador que tuvo esta zona, estuvo muy poco tiempo, se fue en 1924 y ahí estas tierras y la administración la compró la Compañía Eldorado y Schwelm estuvo mucho tiempo más”, detalla y continúa: “Tanto es así que hoy en día en Puerto Rico todavía hay terrenos que pertenecen a la Compañía Eldorado, como por ejemplo en San Alberto Puerto hay muy pocos vecinos de esa zona que pudieron regularizar la propiedad de su tenencia de las tierras, porque estaban a nombre de la compañía y hubo que gestionar y hacer todo un vericueto administrativo hasta lograr tener esas propiedades”.

“Culmey desde Brasil veía que había colonos brasileños que estaban siendo hostigados por parte del ejército brasileño, que tiene que ver con una participación de Brasil en contra de Alemania en la Segunda Guerra Mundial y ahí había, por parte del gobierno brasileño, hostilidades en contra de los descendientes de alemanes; por eso ellos buscaron nuevas tierras”, explicó la investigadora.

Otro punto central en la configuración del actual Puerto Rico fue la religión que profesaban sus primeros habitantes. “Culmey, que era protestante, entendía que la religión era parte central para las personas, entonces, para evitar conflictos futuros en la comunidad, decidió junto al padre Max Von Lassberg agruparlos por credo religioso, porque hubiese sido un fracaso la colonización si se mezclaba a la gente y se terminaban peleando por una cuestión religiosa”, comentó.

“El mérito de Schwelm es haber seguido con la administración de todo esto. Y hay algo más que tenemos que reconocerle a Schwelm, es que su compañía donó a Puerto Rico el terreno donde hoy está la capilla San Miguel, la plaza San Martín y el complejo polideportivo municipal”, indicó.

El predio total estaba constituido por seis hectáreas que estaban destinadas originalmente a un campo de aviación. “Estos espacios fueron donados por la Compañía Eldorado, eso está escrito en el primer libro de actas de la primera comisión de fomento”, recordó Kuhn.

Consultada sobre qué había antes de la inmigración de alemanes brasileños a estas tierras, sostuvo: “Tenemos una prehistoria en Puerto Rico, no comenzó con Culmey, él representa lo que es la fundación formal, la fundación organizada, pero antiguamente teníamos nuestro puerto actual, se llamaba Palo Seco y había un pequeño asentamiento de operarios de los obrajes, gente que proveía a los barcos, los Scheifler estaban ya en el año 1918, vivían en lo que es ahora el Museo Raíces y desde ahí vendían rajas de leña a los barcos a vapor que necesitaban leña. Y los Scheifler hacían eso en ese pequeño asentamiento, anterior a Culmey”.

Y siguió: “Lo que estaba despejado es la zona de lo que hoy conocemos como San Alberto Puerto, que fue el lugar donde efectivamente llegaron los primeros inmigrantes, planificados y organizados, primero traídos por Culmey y después fueron llegando en años consecutivos, a veces por cuenta propia, pero llegaban a San Alberto”.

Previa a la llegada de los alemanes-brasileños la zona estaba habitada por criollos. “En la parte de San Alberto, ya en 1909, estaba la Misiones Land Company que tenía una plantación experimental de tabaco, como no prosperó el emprendimiento toda esa población de criollos que trabajaban para esa compañía se dispersó y hay unos cuantos que se asentaron en Palo Seco y empezaron a buscar recursos en los obrajes. No era conocido el límite político entre Paraguay y Argentina, esta gente iba y venía en forma de zig zag en los márgenes del río, buscando emplearse en los obrajes, que había en la costa del Paraná hasta Iguazú. En ambas costas”, contó.

Con el avance de la colonización, los grupos de mbya guaraníes debieron abandonar los lugares que frecuentaban, dando lugar a los colonos que iban llegando para labrar las tierras y formar poblados, quizás tratando de evitar una interacción muy frecuente con los blancos. Para los indígenas el monte significaba todo, algo similar a una despensa permanente de donde obtenían sus alimentos, las hierbas medicinales y las materias primas de la fabricación de utensilios. “Los aborígenes solían asentarse en los márgenes de los arroyos, posiblemente en los bordes del arroyo León, Portillo, Garuhapé, en todos esos lugares tiene que haber habido asentamientos, con certeza, y fueron entrando en contacto con los inmigrantes, de eso puede hablar mucho Cecilia Gallero, porque está haciendo un interesante trabajo de investigación sobre el encuentro de ambas culturas acá en la zona. Los aborígenes buscaban el monte mientras avanzaba el desmonte”.

Identidad actual
Respecto de la identidad que caracteriza a la ciudad, Kuhn destacó: “Tenemos un ícono material muy importante que es una referencia, cualquier foto tomada desde cualquier ángulo de la ciudad, si tiene la torre de la iglesia sabés que es Puerto Rico. No hay dudas con respecto a eso, porque justamente el templo nuestro es el templo católico de mayores dimensiones de la provincia de Misiones y tiene la torre más alta, esa torre es un ícono material que nos identifica. Ahora, hablando de construcciones, yo creo que Puerto Rico es muy ecléctica, muy variada en cuanto a estilos constructivos y la modernidad hizo que se demolieran muchos edificios tradicionales antiguos. Quedaron solo dos exponentes de las primeras casas de los colonos que construían con ese estilo constructivo, que es la casa donde funciona el Museo Raíces y la capilla Santa Rosa de Lima de Línea Paraná; esas construcciones no responden a una técnica constructiva que se aprende en la universidad, esos fueron conocimientos heredados de padres a hijos, de generación en generación y que consiste en armar la estructura de una casa sin clavos, la unión de los tirantes, que es la estructura, se hicieron con tarugos de cerne de madera dura y son construcciones de madera, la casa Scheifler el año pasado cumplió 100 años y todavía está de pie. Fue refaccionada, pero la estructura original continua sólida”.

 

Don Plocher, el compilador de la memoria montecarlense

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