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Corpus celebra 143 años con la memoria puesta en sus pioneros

sábado 26 de septiembre de 2020 | 16:00hs.
Corpus celebra 143 años con la memoria puesta en sus pioneros
Desde 1877 hasta hoy pasaron 143 años desde el resurgimiento de la Colonia de Corpus. Y 398 años desde la fundación del pueblo jesuítico guaraní de Corpus Christi.

Los antecedentes históricos del pueblo de Corpus Christi se remontan al año 1622, cuando los padres jesuitas Pedro Romero y Diego de Boroa lo fundaron como reducción. Su instalación en el emplazamiento definitivo y actual, se produjo en 1701 y duró hasta el año 1817 siendo destruida por el ejército paraguayo, luego siguieron décadas de abandono.

El resurgimiento
El 27 de septiembre de 1877 Corrientes, que ejercía desde 1856 actos de posesión sobre el territorio, decretó la fundación de varias colonias agrícolas, entre ellas Corpus.

En 1882, en cumplimiento de la Ley de Federalización de Misiones, la provincia de Corrientes retira sus autoridades del territorio misionero y el Gobierno nacional nombra como gobernador de Misiones al coronel Rudecindo Roca.

El 16 de marzo de 1882 se publica el siguiente decreto: “Siendo necesario determinar el punto en que debe residir la autoridad gubernativa central del Territorio de Misiones y las diversas secciones administrativas en que debe dividirse, el Presidente de la República Decreta: Artículo 1º Desígnase Capital del Territorio de Misiones al pueblo de Corpus, que en adelante se denominará oficialmente Ciudad de San Martín”.

Pero finalmente debido a diversas gestiones realizadas por el gobernador, se trasladó la capital a Trincheras de San José, actual Posadas.

De acuerdo a las investigaciones del doctor en Historia Norberto Levinton, Corpus comienza a ser demarcado hacia fines del siglo XX: “En 1896 el gobierno nacional emprendió el trazado del pueblo y centro agrícola de Corpus, trabajo ejecutado por el agrimensor Juan Queirel”.

A principios del 1900 el pueblo superaba una población de seiscientos habitantes y más de cien familias, compuestas por diversas nacionalidades: “De dichas familias 31 eran rusas, 23 argentinas, 18 austríacas, 9 brasileñas, 9 francesas, 2 suizas, 2 paraguayas, 1 española y 1 uruguaya”, escribió Levinton.

Familia pionera

Al cumplirse hoy un aniversario más del pueblo familias de pioneros recuerdan esos comienzos. La docente Paola Aizcorbe, directora de la Escuela Especial 42 “Divino Niño Jesús”, relató sobre la llegada de sus abuelos a este continente, cuáles fueron sus lugares de origen y cómo recalaron en Corpus Christi en la segunda década del siglo XX.

Su abuelo Don Balbino Aizcorbe, nació en la provincia de Navarra, España, un 8 de noviembre de 1897 y llegó a la Argentina en el año 1913.
Su abuela paterna, Eulogia Orosia Escobar La Casa, era de Santa Engracia, provincia de Huesca, España y nació un 9 de diciembre de 1900. Llegó a la Argentina en 1919.

Así, Paola compartió una narración sobre la llegada de sus abuelos, realizada por su tía Zulema Aizcorbe: “Mis padres eran españoles, mi papá vino a la Argentina a los 14 años, era vasco. Vino porque cuando le correspondía hacer el servicio militar tenía que ir a la guerra. Contaba que viajó a Argentina con un sacerdote porque era menor de edad. Fue monaguillo en su país. Se radicó primero en la provincia de Buenos Aires donde ahí tenía a un tío y luego viajó a Posadas, donde vivió con otro tío y trabajó en la usina de Posadas. Cuando más grande, aproximadamente a los 18 años, se fue a vivir a Corpus con otro tío que su apellido era Olite. Con ese tío trabajó en la chacra, aprendió el oficio de agricultor y luego de ese trabajo se compró su propia chacra y se independizó”.

Y profundizó en el relato: “Luego conoció a su esposa, mi madre, Orosia Escobar la Casa, con ella se casó en 1920. Tuvieron diez hijos. Trabajó toda su vida en la chacra en la zona de Puerto 12, a mil metros del río Paraná. En ese lugar pasamos nuestra infancia y adolescencia. Él construyó nuestra propia casa para que podamos vivir. La casa contaba con un sótano para guardar las reservas de las producciones y en el techo de la cocina y en el comedor había una pileta con la finalidad de juntar el agua de lluvia para tener agua corriente, pues la casa tenía cañería en la cocina y baño”.

Contó que “Vivíamos de lo que en la chacra se producía. Tenía un barbacuá que permitía secar la yerba mate de producción propia y la de algunos vecinos. Tenía en esa época muchos peones que trabajaban en la chacra. Mi papá trabajaba a la par de ellos”.

Así se refundó Corpus, con colonos inmigrantes que escapaban de la guerra y en este caso también de la gripe española.

“Al llegar a la Argentina tuvieron que hacer cuarentena en la isla Martín García en el Río de la Plata. Ella logró salvarse, pero vio morir a muchas personas. Traía un baúl con el ajuar que los familiares por tradición le dan a quienes salen de sus casas a buscar nuevos rumbos. Ese baúl lo perdió en el barco”, dejó escrito.

“Cuando llegó a Buenos Aires le esperaba el amigo de su tía y tío Olite, que era el entonces doctor Romeo. Vino directamente a Misiones, se instaló en Corpus donde estaba su tía casada con el señor Olite. De Buenos Aires a Posadas vino en tren y luego en carro rumbo a Corpus donde se quedaría a vivir. Y allí conoció a mi papá y se casaron en 1920”, dijo.

“En nuestra infancia jugábamos entre los hermanos, dado que éramos diez: Agustín, Ernesto, Salomé, María, Delia (quien falleció a los cuatro años), Manuel (Manolo), Raúl, Alicia, Zulema (quien escribe) y Francisco (Pancho). De los diez hermanos estamos Salomé, Alicia y quien escribe Zulema”, se lee en el documento.

“Lo que recuerdo de nuestras costumbres son por ejemplo las comidas, arroz a la valenciana, garbanzo, legumbres, bacalao en Semana Santa. Cuando mataban el cerdo hacían la grasa, chorizo, jamón crudo. El chicharrón que salía de la grasa. El jamón, por ejemplo, como no teníamos heladera, se conservaba con sal en el humo de la cocina a leña y se guardaba en una lata de grasa. Enfriábamos la bebida en un pozo de agua y cuando recibíamos visitas o teníamos fiestas familiares lo hacíamos en el arroyo Curupaity que desemboca en el río Paraná. Ese arroyo atravesaba nuestra chacra. Y allí pasábamos los veranos jugando y nadando. (…). La escuela a la que íbamos era la número 135 que quedaba a cien metros de nuestra casa. Esa escuela ya estaba allí cuando mis padres fueron a vivir en el año 20”, rememoró.

Mañana con un acto solemne desde las 9 la localidad recordará a su pasado jesuita y sus pioneros, los colonos que llegaron desde Europa. El evento será en el sitio de la reducción donde se plantarán árboles.
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