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Aquellos comienzos por calle Bolívar

domingo 20 de septiembre de 2020 | 5:00hs.
Aquellos comienzos por calle Bolívar
María Marta Fierro

Por María Marta Fierro [email protected]

A Nené Foley (83) le divierte recordar que estaba en primer año de la Escuela Normal cuando se organizó la primera Estudiantina. Aclara que por entonces la fiesta era sólo de carrozas. Las comparsas comenzaron después, cuando ella ya había egresado con su título de maestra normal.

Los desfiles se hacían por la calle Bolívar hasta Ayacucho, entrando por Félix de Azara. Frente a la gobernación había un palco, donde estaban las autoridades. “Después de dar su paseo en carroza, las reinas bajaban y las hacían entrar a la gobernación. Y ahí se coronaba a la más linda”, recordó.

La fiesta no se extendía tanto como en presente. Hubo años en que no pasó de una noche. Y en esos primeros desfiles, la reina nunca cambiaba de vestido. “Después hasta te puedo decir quién fue la que inició con que la madre le puso dos, tres vestidos y entonces todas se metieron dos, tres vestidos los años siguientes”, contó Nené.

La que más se destacaba con las carrozas era la Escuela Industrial. “Hacían cuatro o cinco carrozas que eran todas maravilla. Gatos que abrían y cerraban los ojos inmensos, perros, autos del futuro”. Igual, un año, el Nacional se llevó todos los aplausos con un pulpo. “Fue famoso. Los tentáculos ocupaban la calle entera y tenían movimiento. Hasta los invitaron a mostrarlos en Apóstoles”. Las ideas y la confección tenían que ser de los alumnos; los profesores acompañaban.

“Había un grupo de muchachos que se vestían de mujeres. Se afeitaban las piernas, se peinaban y se ponían los vestidos espectaculares de fiesta de sus madres y desfilaban por la calle. Y eran los más aplaudidos”. También desfilaban dudosos médicos y enfermeros, llevando grotescos pacientes en camillas a los que aplicaban inmensas inyecciones o alimentaban con mamaderas también de tamaño descomunal. “Todo era para hacer reír”, apunta Nené.

Después empezaron las scolas de samba y mucho después las bandas de música. “No se tocaba la chancha como ahora. Había instrumentos”, entre los que se destacaba la trompeta de Paquito Esnarriaga.

También recordó a la inolvidable Pitina con su “Alerón, alerón” alentando al Nacional. “Casi siempre ganaban. Los disfraces eran hermosos. Si no participabas no te eximías con Pitina”, bromeó. Entonces, como ahora, cada escuela elegía un tema para lucirse.

Los profesores Hilda Fernández Dos Santos y Hugo Viera le ponían el cuerpo a la Escuela Normal. “Un año, Hilda hizo la guardia francesa. Mi hija mayor bailó. Y ese año ganó todo. Para ganarle a Pitina había que andar. No era como ahora, que los chicos corren y bailan unos minutos. Había que bailar de punta a punta, se bailaba mucho”.

También destacó las guerras de hinchadas, cómo se lucían las bastoneras y cuando empezó a coronarse también a los reyes. “He bordado tantos trajes. No era como ahora, que se manda a hacer 200 botas con uno, 100 vestidos con otro. Todos los padres bordaban y los chicos también”.

“Pienso que ahora los chicos van muy rápido, no lucen. Antes la gente participaba más, ahora es más comercial”, reflexionó con nostalgia. Y lamentó que nunca se hizo un museo de la fiesta.

Está convencida de que la Estudiantina se mantuvo por 70 años por la pasión de los estudiantes. “Si no tocan la chancha, es como que no terminaron la escuela”, sentencia. Y cuenta cómo convenció a uno de sus nietos, que nunca quiso sumarse a los desfiles, a participar en su último año de secundaria. “Te hago el traje, le dije. Y lo convencí. Ese año hicieron El Señor de los Anillos, casi me desmayé cuando ví el traje”.

Pitina, el motor de la fiesta

Nadie habla de la Estudiantina sin mencionar a Pitina. Gloria Miryam Vigneaux de Prado fue un verdadero motor de la fiesta entre 1953 y 1982.

Participó en la primera Estudiantina, y por quince años acompañó a los chicos del Nacional, hoy el Colegio Martín de Moussy, con la pasión de un estudiante más.

Con el tiempo, ya alejada de los desfiles, su memoria era una fuente inagotable de anécdotas y se podía viajar en el tiempo a través de su colección de fotografías.

“He recuperado a tantos chicos con la Estudiantina que me parece que fue tanto o más que una catedra”, reflexionó en 2000, en una de las tantas entrevistas que le hizo El Territorio, en esa oportunidad por los 50 años de la fiesta. Incluso ese año, soñaba con volver a presentarse con sus compañeros de la Normal, escuela de la que era ex alumna, como parte de los festejos por sus Bodas de Oro de egresados.

Pitina falleció el 23 de septiembre de 2013. Como si hubiera querido irse también en pleno corso. Su recuerdo vive con la fiesta.

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