Venta de carne: negocio familiar que prospera y gana terreno

domingo 16 de agosto de 2020 | 6:00hs.
Daniel Richter comenzó a feriar con su padre. Se independizó y ahora vende en Itaembé Miní.
Daniel Richter comenzó a feriar con su padre. Se independizó y ahora vende en Itaembé Miní.
Victor Vera

Por Victor Vera interior@elterritorio.com.ar

La carne vacuna o porcina, dos productos que día a día se van encareciendo, pero allí aparecen ellos con un rol social muy importante. Se trata de los feriantes que fin de semana tras fin de semana les dan una alternativa a los consumidores de la provincia, que no sólo buscan precios accesibles, sino también calidad.

Desde hace 18 años, Daniel Richter (38) viaja desde Panambí a Posadas con la ilusión de comercializar toda su mercadería. Vende carne vacuna y de cerdo en la feria de Itaembé Miní junto a su esposa, Norma Kull (40). Un par de conservadoras de metal, mucha higiene y buena predisposición son sus elementos indispensables para salir a feriar, sin importar el frío, el calor o la lluvia.

El negocio familiar lleva 25 años, cuando junto a su padre empezó a comercializar la carne en la feria de Oberá. Luego llegó a Posadas e instaló su mesa primero en Villa Cabello y luego en Itaembé Miní. “Mi papá Alfredo comenzó vendiendo carne en Oberá, allá por 1995. Ahí arranco todo. Después, como la cosa empezó a crecer y funcionar bien, un grupo de feriantes decidió venir a Posadas a traer la mercadería, como es un pueblo grande acá se trabaja bien. En un principio los feriantes venían con el colectivo de la Municipalidad de Oberá, de a poco los colonos comenzaron a independizarse, a comprarse su autito y venir por sus propios medios”, recordó.

Daniel aprendió el oficio de vender junto a su padre en Villa Cabello y luego de un tiempo se enteró de que una nueva feria se abriría en Posadas y no dudó en postularse para acceder a un puesto. “Ahora van a hacer 17 años que estoy”, explicó el colono, que además detalló que su familia trabaja exclusivamente para comercializar la mercadería en las ferias francas. “Antes plantábamos tabaco, pero ahora nos dedicamos sólo a la feria”, dijo.

Sobre los pasos que se realizan antes de presentar la mercadería en la feria, Richter contó: “Lo primero es seleccionar el animal a carnear, luego faenarlo, dejar ventilar y picarlo. Es todo un proceso que se hace durante la semana. Se fabrica el chorizo casero y se atienden las otras mercaderías que se van a vender, todo tiene que estar bien”.

“Para llegar a Posadas salimos de nuestra casa a las 3 de la mañana, en la feria tenemos las mercaderías terminadas, pero el trabajo es duro y se hace toda la semana. Un día normal comienza a las 5.30 y termina a las 21.30 o 22”, manifestó el productor, remarcando que en la chacra no hay “horarios ni descansos establecidos”.

Como todo negocio o emprendimiento, siempre hay altibajos y para la familia Richter no fue la excepción, sobre todo en este año, por la pandemia del coronavirus.

“Es una época difícil, la venta bajó mucho, pero uno se las arregla para que siga siendo rentable. Antes traíamos dos o tres cerdos y ahora sólo uno”, explicó quien además de la carne tiene otros productos elaborados, como queso casero, yerba mate, almidón y miel.


Villasanti: “Tenemos productores en lista de espera”

Las ferias francas desembarcaron en Posadas en 1998 y la primera fue en Villa Cabello. El tinglado Pepe Piró se levantó para que los feriantes tengan mejores condiciones para trabajar. Luego se fueron abriendo nuevos espacios y hoy tienen presencia en 17 barrios de la capital provincial y atienden los miércoles, jueves, sábados y domingos.

La feria de Itaembé Miní arrancó en agosto de 2003 con un grupo de colonos de la zona Sur de Misiones y actualmente es una de las más concurridas.

Las primeras ventas se realizaban en la Casa del Bicentenario, luego se mudaron hasta la Escuela 806 y como la demanda de feriantes era cada vez más grande, en 2012 se construyó un tinglado sobre la avenida 147. Actualmente son alrededor de 50 los feriantes que ofrecen sus productos los sábados y miércoles.

En ese sentido, el presidente de la Asociación de Ferias Francas, José Villasanti, explicó a El Territorio que desde que arrancó este fenómeno, allá por 1995 en Oberá, todo fue creciendo de manera exponencial y aseguró que “hay muchos productores en lista de espera para formar parte de esta gran familia de feriantes”.

“La feria es la forma de vida de muchas personas, muchos productores; es una oportunidad de trabajo para ellos. Primeros fueron los padres y hoy ya están los hijos y en algunos casos ya están empezando a venir los nietos de los que empezaron, lo que marca el recambio de feriantes”, comentó.


“Tu mesa tiene que tener todo”

La familia Gómez-Zembruski trabaja desde 2006 en Itaembé
La familia Gómez-Zembruski trabaja desde 2006 en Itaembé. Foto: Víctor vera
La familia de Elisabet Zembruski y Alfredo Gómez se dedica a trabajar los productos de la chacra misionera. Variedad de lechugas, tomates, verdeo, zapallos, repollos y mandioca son algunas de las mercaderías que ofrece la familia de Gobernador Roca en Itaembé Miní.

Hace 14 años que desembarcaron en el mundo de la feria y desde entonces pasaron buenas y malas. La aventura de esta familia nació en 2006, luego de anotarse en la Asociación de Ferias Francas de Posadas y luego de una inspección en su chacra lograron obtener un stand. Anteriormente abastecían a verdulerías de su zona y algunas de la capital provincial.

“Nosotros cuidamos a nuestros clientes”, manifestó Elisabet en diálogo con El Territorio.

“Comenzamos con poco, una caja de mandioca, una de tomates, una cajita de lechuga, a medida que fue pasando el tiempo y la demanda fue creciendo también empezamos a plantar y traer más productos y a plantar mayor variedad de verduras. A la gente le llama la atención tener una mercadería surtida. En tu mesa tiene que haber de todo un poco”, sentenció.

El trabajo más duro lo realizan Alfredo Gómez y su hijo mayor Mauricio, quienes son los encargados de cuidar y dejar la tierra siempre en las mejores condiciones para la época de las plantaciones. Después el momento de la cosecha y a partir de allí Elisabet ya toma un rol fundamental, el de la clasificación de las verduras que tendrá para ofrecer en su mesa el sábado. “En los piletones que tenemos preparamos las verduras, las decenas de lechugas, rúcula etc., y después en una galería nos sentamos a la tarde a preparar la cebollita y perejil e ir clasificando el tomate los más lindo por un lado y los más feos para otro lado”, contó.

“Trabajar en la chacra no es fácil, menos dedicarse a cosechar productos de la calidad para la gente que hoy es muy exigente. Antes se trabajaba solo al aire libre, hoy día si el colono no tiene un invernadero y un reservorio de agua no se puede tener nada”, explicó. Los cambios de climas constantes de la región, las temperaturas muy elevadas en gran parte del año y las heladas en épocas de frío son el enemigo principal de las cosechas, sobre todo el de las hojas verdes.
Si hay algo que los colonos tienen en común es el tiempo que dedican a sus cosechas y para la familia de Elisabet aprovechar el tiempo es lo primordial. El día arranca a las cinco de la mañana para tomar “unos mates” y finaliza recién alrededor de las 20 con el riego de las plantas. “En verano lo primero que se hace es trabajar dentro del invernadero, porque a medida que van pasando las horas es imposible estar allí adentro”, subrayó la mujer.

Las cosas no siempre marcharon de la mejor manera para este emprendimiento familiar que hace diez años se dedica exclusivamente a la feria, cuando las ventas no son buenas deben buscar otras vías para lograr vender toda su mercadería. Allí apelan a volver a sus raíces, el de vender en su pueblo con ofertas y aprovechando los recursos tecnológicos que hay hoy en día.

“Cuando no hay una buena rentabilidad en la feria tenemos la alternativa de poder ofrecerlas en nuestro pueblo, hacemos combos con ofertas y lo subimos en nuestro estado de WhatsApp para que los vecinos vean lo que tenemos; perdemos un poco pero no nos quedamos con toda la mercadería”, reveló la feriante.
En este año la pandemia del Covid-19 modificó muchas actividades y una de ellas fue en funcionamiento de las ferias francas. Para evitar la aglomeración de personas los feriantes fueron organizados en grupos para vender su mercadería cada 15 días.

“Al principio fue duro, no podíamos venir y tuvimos muchas pérdidas porque la producción fue mucha; sufrimos por ese lado, pero después nos tranquilizamos y comenzamos a ofrecer a los vecinos, no es la misma rentabilidad, pero nos dio algo de oxígeno para poder seguir”, cerró Elisabet.