La mujer del mate

Lunes 27 de agosto de 2018
El comentario (dentro de una inmensa nota de Lina Sinjab y Anne Barnard) apareció en The New York Times: “This is Hiam, a 65-year-old woman smoking a cigarette and sipping matteh, a warm herbal drink popular in Syria. It is a moment of solitude in a soul-crushing place; the bed is a prison bed. Hiam spent two and a half years in prison, most likely for the simple reason that she came from an area that rebelled against President Bashar al-Assad’s government”.
Traducción: "Esta es Hiam, una mujer de 65 años fumando un cigarro y tomando mate, bebida popular en Siria. Es un momento de soledad en un lugar desolador; la cama es una cama de prisión. Hiam pasó dos años y medio en la cárcel, probablemente porque venía de un área que se rebeló contra el gobierno del presidente Bashar al-Assad”.
Además de la interesante traducción de mate (matteh) resultó una novedad el hecho, no que el mate sea popular en Siria, cosa sabida hace tiempo, sino que haya alcanzado semejante vínculo al punto de tener necesidad de cebárselo en la cárcel. 

El mate leal
El leal compañero en las buenas y en las malas que brinda su compañía al caído en desgracia era, hasta el momento, un polizón de algún calabozo en Argentina, pero la ilustración viene a resultar una comprobación de sus bondades universales. Un ejemplo de su importancia (y la de pitar un cigarro) desde su prohibición y carencia en los momentos aciagos, puede hallarse en las estrofas del Martín Fierro, cuando el hijo del gaucho evoca su temporada en la Penitenciaría: "El mate no se permite; no le permiten hablar; no le permiten cantar para aliviar su dolor, y hasta el terrible rigor de no dejarlo fumar"

La cárcel de Siria
“La artista que la dibujó, Azza Abo Rebieh (Siria, 1980) era una de las 30 mujeres que compartían una celda con Hiam en la prisión de Adra, en Damasco. De 36 años en ese entonces, Abo Rebieh fue detenida a causa de su arte y su activismo” da cuenta la versión en castellano del periódico del norte. Y agrega: “Desde el inicio de la insurrección de Siria, en 2011, pintó murales de graffiti sobre el movimiento de protesta y llevó comida y medicamentos de forma clandestina a personas desplazadas por los enfrentamientos. Abo Rebieh, miembro de la clase media instruida, fue encarcelada con mujeres que apenas sabían leer y escribir, la mayoría arrestada al azar. Comunicaba las necesidades de ellas a los guardias y les ayudaba a hablar en detalle de sus experiencias. Su arte se convirtió en un espejo para las presas que no tenían uno: las dibujaba para que pudieran verse a sí mismas. Las dibujó a todas en blanco y negro sombreado, representando las muecas de sus rostros y sus extremidades delgadas influenciadas por uno de sus artistas favoritos, Goya. Abo Rebieh fue puesta en libertad en 2016, pero su caso seguía abierto. Huyó a Líbano, de donde no puede salir porque aún es buscada en Siria. Ha continuado creando arte sobre las mujeres. “Quiero dibujarlas para que no queden en el olvido” expresó. Después de que saliera de Adra abandonó Sira por medio de sobornos y huyó a Beirut. “Me sentía culpable porque yo me fui y ellas siguen allí”, afirmó. Un psicólogo le dijo que dibujara todo. Con el tiempo, los grabados más desarrollados de su experiencia en la prisión comenzaron a volverse populares. El objetivo estaba parcialmente cumplido: “Deberíamos seguir contando la historia de los presos. Mi arte está dedicado a eso”, concluyó.

Raeefeh
“Ésta es Raeefeh. Es de Homs. Pasó cuatro años en la cárcel. Es una muchacha muy linda. Trabajó en la prisión como mesera en el café. Permiten que las chicas trabajen para tener un ingreso. Fue acusada de dar noticias a los medios sobre lo que está pasando en Homs. Duerme con su osito de peluche”.
Hiam
Es la mujer del mate. “Hiam no sabía leer ni escribir pero me pidió que le enseñara a dibujar. Le encantan los conejos, le enseñé a dibujarlos. Luego empezó a dibujar su hogar y las flores a su alrededor”. 

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