Bienestar, desarrollo y huella ecológica de un país

Jueves 12 de septiembre de 2019
Jorge R. Ferrari

Por Jorge Ferrari jyferrari39@gmail.com

Dentro del libro del doctor Jorge Colombo Los homos sabios, en el capítulo II, “¿Globalizados o segmentados?”, desarrolla muy agudamente –en el marco de la pretendida globalización– la paradójica segmentación y una asimetría mundial aparecida en las siguientes cuestiones a) comunicación; b) desarrollo, educación y cuidado de los ecosistemas ambientales, así como en: c) inversión en investigación y desarrollo científico tecnológico.
Señala el autor que dentro de estos tres parámetros con que las Naciones Unidas (ONU) miden la visión global de cada país, además del bienestar y el desarrollo, figura en tercer lugar la “huella ecológica”. Y uno puede preguntarse ¿y eso qué será?
La ONU ha reflexionado que cada país, para lograr su particular forma de desarrollo, utiliza la “biocapacidad física” de que dispone: tierras, aguas, mares, montañas, tratamiento de sus residuos, etcétera, y que el uso de dicha biocapacidad viene aumentando desde hace unas décadas en casi todos los países. En consecuencia, los especialistas de la ONU han creado indicadores estadísticos para revelar y medir el uso que cada pueblo hace de sus recursos ecológicos (ecosistemas), la cantidad de tierras, aguas y mares que necesitan para obtener materiales y servicios, así como para la eliminación de sus residuos y deshechos.
La ONU considera que hay seis tipos de uso del suelo: cultivo; pastoreo; pesca; bosques; tierra acumulada y capacidad de absorción para dar cabida a la huella de carbono. Las producciones nacionales, entonces, se convierten en el promedio de uso de la tierra física biológicamente productiva, expresada en “hectáreas globales”, para más de 200 países, y del mundo como promedio, en relación con la tierra real disponible en cada país y en el mundo.
En la edición 2010 de las Cuentas nacionales de la huella –datos que figuran en esta edición del libro de Colombo– en el año 2007 la humanidad exigía 1,51 planetas, demanda que aumentó 2,5 veces desde el año 1961. La ONU señala que el exceso de exigencia a los biosistemas nacionales obedecían a excesivas acciones sobre éste y tendían a su agotamiento o a la excesiva acumulación de deshechos. O sea que para mantener el ritmo de crecimiento y desarrollo del mundo, necesitaríamos, ya en el año 2007, un planeta y medio Tierra para que nuestro desarrollo humano sea ecológicamente sustentable. 
El índice utilizado por la ONU para cada país es una fracción: en el numerador las hectáreas globales afectadas por la población nacional, divididas por su propia población, y los resultados los han representado –para el período 1960-2005– en un gráfico a dos variables (obtenible en el link GlobalFootprint).
En ese gráfico se aprecia (y los lectores interesados pueden verificarlo) para unos 150 países agrupados por continente, cómo África tiene bajo desarrollo humano junto a baja huella ecológica, América Latina tiene mayor desarrollo humano con baja huella ecológica y algunos países desarrollados (Estados Unidos, Canadá, Australia, etcétera) tienen muy alto desarrollo humano y muy alta huella ecológica. También se señala el área gráfica que representa el límite de sustentabilidad ecológica, bajo el cual hay unos 50 países, entre los cuales estaría Argentina.
En el link https://www.footprintnetwork.org/, con datos más actuales (2011), se puede ubicar a la Argentina con su particular “huella ecológica” y su biocapacidad nacional.
En el link “Global Footprint Network, 2010, National Footprint Accounts” pueden observarse la evolución en los últimos 45 años, país por país, tanto de la huella ecológica como de su biocapacidad. Brasil, Perú y Bolivia han mantenido la huella ecológica constante, en tanto ha ido reduciéndose significativamente su biocapacidad (ni pensar que pasará con el actual incendio de la Amazonia sudamericana…), en tanto Italia, Estados Unidos u Holanda, por ejemplo, también han reducido sus biocapacidades, pero han aumentado la huella ecológica, esencialmente por el consumo.
Para todos los lectores de El Territorio interesados o preocupados por la cuestión ambiental –que afortunadamente cada vez son más– y de conocer y profundizar la cuestión de la “huella ecológica”, estas líneas esclarecedoras pueden ser motivantes, dado que en internet abundan los links afines. Pero creo que debo señalar que detrás de esta conceptualización está la clave de uno de los actuales problemas socioeconómicos humanos: el afán del progreso, personal, nacional y mundial, el cual exige aumentar la huella ecológica, personal (de cada uno de nosotros), nacional y mundial, sobre lo que hay que reflexionar. La huella ecológica argentina es el conjunto de nuestras huellas ecológicas individuales: cuánta agua consumimos, cuánta energía usamos, qué hacemos con nuestros deshechos, si es razonable que en una familia de cuatro personas haya dos o tres TV, o más de un equipo de aire, o varios móviles, o si en hogares pudientes hay equipos solares de ahorro de energía calórica o eléctrica, etc., etc. 
Y quizás esta sea la causa de la creciente aparición de movimientos antiprogreso, cuestión que aspiro sea tema de próximas notas, dado que la austeridad es una vía hacia reducir nuestra huella ecológica, y pensando en el mundo que tendrán los nietos de nuestros nietos, ya que el Globo Terráqueo no es renovable.

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