2026-10-28

Messi y la Scaloneta en las elecciones de Brasil

El diputado por Minas Gerais André Janones (42) eligió al 10 y a la Scaloneta para explicar cómo había conseguido movilizar a millones de brasileños en favor de Luiz Inácio Lula da Silva.

André Janones convirtió una derrota en primera vuelta en una operación de movilización digital que ayudó a Lula a conseguir una remontada histórica. Con más de diez millones de seguidores, su ejército de whatsapp mostró que la batalla electoral también se juega en los teléfonos, los algoritmos y las emociones.
“Nosotros jugamos para Messi”. El diputado por Minas Gerais André Janones (42) eligió al 10 y a la Scaloneta para explicar cómo había conseguido movilizar a millones de brasileños en favor de Luiz Inácio Lula da Silva.

La comparación era sencilla: Messi no necesita aprender a correr; sus compañeros corren por él. Lula tampoco tenía que convertirse en un experto en redes sociales. Para eso estaban los jóvenes, dispuestos a multiplicar sus mensajes, disputar la conversación digital y defender su liderazgo.

“Nosotros correremos por usted en las redes sociales”, resumió Janones. La metáfora futbolera sintetiza una de las claves de la elección brasileña del domingo 25 de octubre: un líder con trayectoria y experiencia, pero enfrentado a una oposición capaz de aprovechar las nuevas reglas de la comunicación digital.

Lula terminó imponiéndose a Flávio Bolsonaro con el 51,79% de los votos válidos, frente al 48,21%. Obtuvo 64,25 millones de votos contra 59,83 millones, una diferencia de poco más de 4,4 millones.
Después de quedar detrás de Bolsonaro en la primera vuelta del 4 de octubre, el presidente consiguió revertir la tendencia y asegurarse un cuarto mandato. En esa remontada, Janones encontró su lugar: organizar un ejército digital capaz de multiplicar el mensaje del candidato.

El general de los diez millones

El ejército de Lula nació como respuesta a la derrota de la primera vuelta. Janones puso en marcha un canal de WhatsApp que, en apenas tres semanas, superó los diez millones de integrantes.

Desde su teléfono, impartía instrucciones, distribuía consignas y proponía tareas. Los participantes debían compartir videos, replicar publicaciones, impulsar etiquetas, aumentar las visualizaciones y sumar nuevos integrantes. También recibían indicaciones sobre lo que convenía evitar, como entrar en discusiones con cuentas bolsonaristas que terminaran amplificando los mensajes del adversario.

La consigna recurrente era “¡Gente, urgente! ¡Explota!”. Janones aparecía en videos cortos, de uno o dos minutos, con instrucciones para mantener la movilización. La actividad digital se convertía así en una sucesión de pequeñas misiones.

La operación apuntaba a romper la burbuja de la izquierda. Durante años, el bolsonarismo había demostrado una capacidad extraordinaria para instalar temas y convertir las redes en herramientas de militancia cotidiana. Janones decidió disputar ese territorio con las mismas armas: velocidad, lenguaje directo y organización colectiva.

La campaña tenía tres consignas centrales: ganar la calle, ganar las redes y recuperar para el lulismo los colores de la bandera brasileña, apropiados políticamente por los bolsonaristas.

La comparación con Messi y la Scaloneta funcionaba también en ese terreno. Lula no debía aparecer solamente como el candidato del PT, los sindicatos o los sectores populares. Tenía que volver a presentarse como un dirigente capaz de representar al país entero, frente a una derecha que había convertido los símbolos patrios en una de sus principales marcas de identidad.

Manda la emoción

El Ejército de Lula deja otra enseñanza: las campañas digitales más eficaces no siempre son las que ofrecen los argumentos más elaborados, sino las que consiguen organizar emociones y convertirlas en acciones.

No fueron diez millones de usuarios de WhatsApp los que, por sí solos, decidieron la elección. Su aporte consistió en mejorar la organización, ampliar la circulación de mensajes y sostener la moral de los simpatizantes cuando el resultado parecía adverso.

El algoritmo también se milita

La experiencia brasileña muestra una transformación de la militancia política. Durante décadas, los partidos organizaron su presencia territorial mediante comités, sindicatos, locales partidarios y actos públicos. Las redes sociales crearon otro espacio de intervención, donde la distancia entre la conducción y el simpatizante puede reducirse a un mensaje en el teléfono.

Janones explotó esa posibilidad con una lógica casi militar: un mando reconocible, instrucciones breves, objetivos concretos y una comunidad que recibía señales constantes de actividad.

Las redes suelen producir una ilusión de mayoría: basta con observar la pantalla para creer que todo el mundo piensa igual. La estrategia buscaba que los mensajes llegaran más allá de los convencidos y alcanzaran a otros electores.

En la noche de la victoria, Lula reconoció públicamente a André Janones y lo llamó su general. El gesto fue más que un agradecimiento a un aliado: reconoció que una parte de la disputa política ya no se libra exclusivamente en los escenarios, los debates televisivos o los actos multitudinarios.

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