2026-10-17

Cuatro chacras lograron la certificación participativa en agroecología

El proyecto zorro pitoco impulsa la producción y la conservación

En San Pedro y Pozo Azul, productores y estudiantes participan de iniciativas que incluyen viveros de especies nativas, capacitaciones y alternativas sustentables

Proteger al zorro pitoco implica mucho más que conservar los sitios donde fue registrada su presencia. En San Pedro y Pozo Azul, el proyecto zorro pitoco trabaja con productores, estudiantes e instituciones para fortalecer el Corredor Verde mediante prácticas agroecológicas, recuperación de especies nativas y alternativas productivas sustentables que permitan conservar el ambiente donde sobrevive esta particular especie de la fauna misionera.

El desafío cobra especial importancia al tratarse de una especie críticamente amenazada en Argentina y declarada Monumento Natural Provincial en Misiones. Si bien sus principales poblaciones se registran en áreas naturales protegidas, como el Parque Nacional Iguazú y el Parque Provincial Esmeralda, en San Pedro, existen registros en propiedades privadas, incluso en ambientes degradados y sin una figura formal de protección.

A fines de 2025, el proyecto zorro pitoco, mediante el Programa de Interacción en el Corredor (PIC), inició una nueva etapa de tres años con el objetivo de ampliar su presencia territorial, acompañar la transición hacia prácticas agroecológicas y fortalecer tanto la producción sustentable como la conservación de especies nativas y la comercialización de productos locales.

La propuesta es ejecutada en terreno por Mariana Palma y Tomás Franzese, del Ministerio de Ecología, mientras que la dirección está a cargo de Karen De Matteo, Carina Argüelles y Miguel Rinas, mediante un trabajo conjunto con dicho organismo provincial.

Buena parte de las intervenciones se concentran actualmente en Pozo Azul, en chacras que ya participaban de las propuestas y cuyos productores asumieron el compromiso de incorporar progresivamente prácticas agroecológicas.

Los resultados comienzan a mostrar que producción y conservación pueden avanzar de manera conjunta. “Creemos que el acompañamiento a las actividades productivas constituye uno de los ejes centrales del programa”, indicó Mariana Palma a El Territorio.

Una de las actividades fortalecidas es la apicultura. Cinco productores recibieron cajas, herramientas e insumos, además de capacitación y asesoramiento técnico. Posteriormente se realizaron jornadas de seguimiento para mejorar la instalación de las colmenas, el manejo productivo y las condiciones sanitarias.

La intención es que la apicultura represente una alternativa para diversificar los ingresos de las familias y, al mismo tiempo, contribuya a conservar los servicios ambientales existentes en el territorio.

Otra línea de trabajo llegó a las huertas de cinco productores mediante materiales, biopreparados y asesoramiento técnico. Allí se busca mejorar la producción reduciendo el impacto sobre el ambiente e incorporando progresivamente prácticas agroecológicas.

La experiencia salió además de las chacras y llegó a las aulas. En Santa Cruz del Monte se puso en funcionamiento una Huerta Orgánica Escolar, donde los propios estudiantes participaron de tareas de producción y trasplante, sumando conocimientos relacionados con agricultura, alimentación y cuidado ambiental.

Certificación agroecológica

Con aquellos productores que ya trabajan completamente bajo principios agroecológicos, el programa avanzó un paso más. “Nos focalizamos en los grupos que ya implementan la agroecología al 100%. Con ellos completamos los procesos de certificación participativa de la Secretaría de Estado de Agricultura Familiar de Misiones”, explicó el equipo.

En junio, después de aproximadamente dos años de organización y trabajo conjunto, cuatro chacras consiguieron alcanzar esa certificación participativa, que permite reconocer y diferenciar las producciones desarrolladas bajo estos criterios y fueron identificados cuatro grupos con posibilidades de avanzar en procesos similares.

Uno de los próximos desafíos será lograr que ese reconocimiento tenga además una incidencia favorable al momento de comercializar. Por ello, el proyecto prevé trabajar en el fortalecimiento de canales de venta y en una mayor valorización de los productos obtenidos mediante prácticas agroecológicas.

Capacitaciones

La experiencia acumulada llevó a modificar la manera de plantear las capacitaciones. En esta nueva etapa, los contenidos responden de forma más directa a las necesidades expresadas por los propios productores. “Seguimos con las capacitaciones, pero esta vez bien puntuales a las necesidades y requerimientos del grupo”, indicó Palma.

En articulación con la Municipalidad de Pozo Azul se realizó un taller sobre Buenas Prácticas en la Elaboración de Alimentos, con la intención de que los productores puedan comenzar el proceso de regulación de sus productos. Hubo además capacitaciones para elaborar conservas, licores, vinagres y jabones ancestrales. A ello se sumaron equipamientos e insumos destinados a mejorar las condiciones de manipulación, elaboración y envasado.

La recuperación del ambiente representa otro de los ideales del proyecto. Durante este año comenzó la puesta en funcionamiento de dos viveros de especies nativas. Uno funciona en el Instituto Palabras del Alma, en el paraje Portón Viejo de Pozo Azul, y el segundo en la Epet N° 28, ubicada en el paraje Gentile, San Pedro.

En ambos establecimientos se incorporaron materiales y equipamientos para sistemas de riego y producción de plantas, con participación activa de estudiantes y docentes. Araucaria, alecrín, guatambú, cancharana, timbó, loro blanco, loro negro y distintas especies frutales forman parte de los ejemplares que se busca producir. El objetivo es iniciar un plan para plantar al menos 2.000 ejemplares en las chacras que participan del programa en próximo año.

De esta manera, los viveros no solamente cumplen una función educativa, sino que se convierten en una herramienta concreta para enriquecer con especies nativas las chacras, recuperar y conservar los suelos y acompañar modelos productivos más sustentables.

Otra de los ejes enriquecedores de esta parte del proyecto fue la realización de capacitaciones a docentes y estudiantes por parte de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Ciencias Forestales de la Unam sobre producción, manejo y conservación de especies nativas.

Además, el proyecto genera espacios donde aquello que producen las familias, pueda comercializarse. Esto lo impulsan con la apertura a nuevos mercados, mediante la participación en ferias, eventos y permitió visibilizar alimentos, miel, yerba mate, dulces, quesos, tejidos y otras producciones agroecológicas que mediante el diseño de los rótulos y etiquetas llegan a los puestos de venta identificados, un beneficio para nada menor ya que muchas veces los productores no saben cómo encaminar o no cuentan con recursos para pagar el diseño e impresión de las etiquetas.

Para los próximos años, buscan incorporar nuevos participantes, extender las prácticas agroecológicas hacia otros rubros, avanzar con la plantación de especies nativas, sumar procesos de certificación y generar mayores oportunidades de comercialización.

El desafío es lograr que las familias puedan continuar produciendo y desarrollándose dentro del territorio mientras, se recuperan y conservan los ambientes que permitan al zorro pitoco encontrar un lugar donde sobrevivir.

Dicha iniciativa cuenta con el apoyo financiero de la Fundación Kolmarden y del Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables, así como con el acompañamiento y apoyo institucional del Grupo de Investigación en Genética Aplicada (Giga), perteneciente al Instituto de Biología Subtropical (IBS), nodo Posadas (Unam-Conicet), la Universidad de Washington en St. Louis y el Instituto WildCare del Zoológico de Saint Louis.

Te puede interesar