2026-09-27

La neurociencia se suma a las filas de un debate que trasciende lo educativo

El impacto de la IA en las aulas revela una creciente delegación cognitiva

El fenómeno de delegar en la Inteligencia Artificial provoca un achatamiento intelectual en las escuelas y en el ámbito laboral, sostiene la investigadora Goldin

El impacto de la Inteligencia Artificial en los procesos de enseñanza-aprendizaje ocupó la agenda pública en la última semana, siendo el disparador de esta inquietud los resultados de las Pruebas Pisa. El bajo rendimiento escolar está plasmado en números: ocho de cada diez estudiantes argentinos no alcanzan el nivel básico en Matemática y seis de cada diez no lo hacen en Lectura y en Ciencias. Y en ese contexto, sobrevuela la preocupación del excesivo uso de las pantallas desde edades cada vez más precoces.

La neurociencia se suma a las filas de un debate que trasciende lo educativo, pues el “fenómeno de delegación cognitiva” también se hace evidente en el ámbito laboral.

Andrea Goldin, investigadora del Conicet, autora de Neurociencia en la escuela -que en 2023 recibió el premio Isay Klasse al mejor libro de educación- señaló: “Lo que logran los sistemas de IA es facilitarnos, entre comillas, la vida en algunos aspectos. Generan la ilusión de que te hacen ganar tiempo o que resuelven todo en un abrir y cerrar de ojos. Lo empezás a usar, y cada vez lo usás más. Al usarlo, lo que vas haciendo es dejar de practicar, realizar por vos mismo esa actividad. Sea esa actividad aprender, hacer una tarea, escribir una monografía o resolver una cuenta, o la que fuere. Dejás de practicarla y después no la podés hacer por tus propios medios, porque necesitas ese sostén, ese apoyo externo”.

Goldin es licenciada en Ciencias Biológicas y doctora en Ciencias Fisiológicas por la UBA con un diploma superior en Educación y Nuevas Tecnologías por Flacso. Publicó más de 20 papers científicos en distintas revistas internacionales y recibió el Premio Innovadores Menores de 35 años del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

La especialista hace referencia a algo tan básico como la práctica y el entrenamiento necesario para “aprender”. Sólo practicando y superando obstáculos se aprende. Palabras más, palabras menos lo fácil no es suficiente; tiene que haber dificultad y errores en ese sinuoso camino del aprendizaje.

¿Cuán importante es generar el hábito de practicar, entrenar...?

Cualquier habilidad que practiquemos la vamos a mejorar. Eso que queda evidente con un deporte, nos sucede con absolutamente todo lo que hacemos. Entonces, para aprender a hablar, vamos practicando sin saber que lo que estamos haciendo es practicar hablar. Vamos moviendo los músculos, vamos entendiendo, vamos entendiendo el lenguaje. De casualidad alguna vez nos sale alguna palabra y, empezamos a practicar eso. Así aprendemos lengua y matemática en la escuela. Pero así también ejercitamos, no decimos ‘aprendemos a usar la atención’, pero es lo mismo. Así también ejercitamos o des-ejercitamos nuestra atención.

Lo que logran las pantallas es una ejercitación de un tipo particular de nuestra atención y de nuestra concentración, que es ir saltando de foco en foco muy rápidamente sin lograr poder concentrarnos en algo durante mucho tiempo.

Entonces, las pantallas en general lo que van a lograr es capturar nuestra atención, independientemente de si nosotros queremos hacer otra cosa, pero de golpe se prende una pantalla, sí o sí vamos a mirar. Si de golpe estamos esperando, consciente o inconscientemente que pase algo con nuestro celular, que nos llegue una reacción, un like o una notificación, si de golpe vibra o hay una lucecita, vamos a mirar y vamos a dejar de hacer lo que estamos haciendo para atenderlo. Lo hacen constantemente.

Cuanto más las usamos, más ejercitamos eso, y entonces menos ejercitamos nuestra capacidad de poder focalizarnos un rato largo en una misma tarea, en resolver un problema, en leer un texto. Menos ejercitamos, la capacidad de leer y entender ese texto, porque para entender un texto no alcanza solamente con saber leer las palabras, sino que además hay que unir, hay que guardarlas en memoria, hay que unirlas para que tengan un sentido. Más aún, hay que leer entre líneas, hay que entender metáforas eventualmente, hay que relacionar lo que estamos leyendo con algo que tenemos guardado en nuestra memoria a largo plazo. Para poder hacer todas esas cosas, es imprescindible practicarlas.

Cuanto más difícil esa tarea, cuanto más compleja, cuanto más grande o complejo es un texto, mayor va a ser la práctica que necesitemos para poder entenderlo, leer entre líneas, relacionarlo con ideas previas, que se nos ocurran ideas nuevas en función de eso.

Las pantallas, por un lado, no nos permiten ejercitar eso porque nos hacen ejercitar otras partes, otros componentes de nuestra atención, y por otro lado, el estar una cantidad de horas con pantallas, nos quita la posibilidad de estar esa cantidad de horas haciendo otra cosa. También de un modo indirecto no nos permiten practicar estas habilidades que son necesarias para aprender, por ejemplo, en la escuela.

Se plantea que, si bien hoy los adultos somos más productivos porque resolvemos tareas de forma más rápida gracias a la IA, a la vez razonamos menos. ¿Está comprobado que hay un empobrecimiento de la capacidad de razonamiento en los adultos y no sólo en los más chicos?

Mejoramos cuando lo practicamos, pero no solamente cuando lo practicamos. La práctica tiene que ser de dificultad progresiva, tiene que ser sostenida, tiene que tener algo de devolución, un feedback y tiene que ser difícil. Nos tenemos que equivocar. Si vos no te equivocás nunca en nada poco vas a aprender de eso porque te vas quedando.

Lo que nos sucede con los sistemas de IA es que, como cualquier sistema que nos facilite la vida, nos gusta. La verdad es que somos bastante fiaca las personas, y aunque algo nos encante, si me lo da servido y me siento más cómodo, me gusta más, o es más fácil que lo agarre en un momento de debilidad o de cansancio. Y lo que logran los sistemas de IA es facilitarnos, entre comillas, la vida en algunos aspectos.

Generan la ilusión de que te hacen ganar tiempo, en realidad te generan la ilusión de que se resuelve todo en un abrir y cerrar de ojos, y bienvenido sea, lo empezás a usar, y cada vez lo usás más. Al usarlo, lo que vas haciendo es dejar de practicar, realizar por vos mismo esa actividad.

Sea esa actividad aprender, hacer una tarea, escribir una monografía o resolver una cuenta, o la que fuere. Dejás de practicarla y después no la podés hacer por tus propios medios porque necesitas ese sostén, ese apoyo externo. Eso no quiere decir que sea irreversible, pero vas a necesitar muchísimo esfuerzo, muchísimo tiempo, práctica y ejercicio de la tolerancia a la frustración para poder revertir este proceso.

Por suerte, nuestro cerebro es plástico, porque tiene plasticidad, porque se modifica por la experiencia, y gracias a esa propiedad del cerebro es que podemos desaprender el uso que le hayamos dado a un dispositivo para poder ejercitar y hacerlo más por nuestros propios medios. Pero eso es complejo, es difícil, y sobre todo lleva mucho tiempo y práctica.

La consecuencia de que estemos todo el tiempo usando estos dispositivos en lugar de usar nuestra propia cabeza, es que nos vamos achanchando, se nos va achanchando el pensamiento, Vamos delegando nuestra cognición en estos aparatos, y después se puede, pero es difícil retomarla.

A este fenómeno se lo menciona como empobrecimiento o delegación intelectual. ¿Desde cuándo se viene registrando?

En general asociamos a la IA con los LLMs, con los chatbots, con el ChatGPT y sus amigos. Y es la más conocida últimamente, pero en realidad hace mucho que venimos usando distintos sistemas de IA.

Por ejemplo, el GPS que usamos, que tenemos el Google Maps o el Waze o el que sea, usa IA. El filtro de spam usa IA. El algoritmo que te va decidiendo qué canción vas a seguir escuchando en Spotify o qué peli te va a recomendar o qué serie en Netflix o qué compra te va a recomendar en Mercado Libre. Vamos cada vez más delegando nuestra cognición en ellos.

Para mí, el ejemplo paradigmático de esto es el GPS, porque muchas veces no necesitamos usarlo. Para ir de un lugar a otro, no necesitás si vas a manejar o si vas a ir caminando o en colectivo, muchas veces ya conocés el camino. Más o menos sabés por dónde es o lo sabés perfectamente. No necesitás verlo en el mapa. Igualmente te fijás, siempre con alguna excusa. Dejás de ejercitar tu capacidad de orientarte y de ubicarte en el espacio.

Este fenómeno de delegar nuestra cognición se registra desde siempre, porque nos gusta ser cómodos; nos gustan los desafíos pero un rato. Cuando escribo apuntes delego mi memoria en un cuaderno y así, hay muchos ejemplos.

Lo que nos dan las pantallas y los sistemas de IA es una oferta de delegación constante. Todo el tiempo podés delegar. En realidad, ¿desde cuándo delegamos? Y delegamos desde que existen las distintas herramientas que nos van permitiendo delegar distintas cosas. El problema que tenemos ahora esa herramienta la tenemos en el bolsillo 24/7.

¿Puede la escuela rechazar la cultura digital o es un camino inviable? En caso de que haya que convivir con ella, ¿qué estrategias viables existen o podemos pensar para convivir con la cultura digital?

Justamente esta semana publicamos una suerte de manifiesto, nota de opinión basada en evidencia, junto con un grupo de colegas, del ámbito de la educación, de la IA, de las ciencias del comportamiento. Es un artículo que se está por publicar en el boletín de la biblioteca del Congreso de la Nación, lo escribimos con Fernando Yapasnik.

Y lo que planteamos, lo que la evidencia muestra, es que es importante rechazar el ingreso de las IA en las aulas. No porque no estén buenas en teoría, porque uno, puede hacer un gran uso de los chatbots, hay muchas ideas geniales de cómo incorporarlo en las aulas y cómo lograr con eso mejores aprendizajes.

Y son ideas que están buenísimas en teoría. En la mayor parte de las aulas, con la mayor parte de los estudiantes y con la mayor parte de los docentes, con la formación que tienen hasta ahora, eso no va a funcionar. Lo que va a terminar pasando es lo que ya se ve constantemente en las aulas, aunque todavía no hay estudios concretos de aulas reales. Pero lo que termina pasando es que se delega completamente la ejercitación cognitiva, para poder realizar esa tarea en estos dispositivos. Y finalmente no tenés la menor idea qué fue lo que entregaste, que no aprendiste nada, y sin embargo te puede ir muy bien y aprobás impecablemente.

Cuál sería el camino o la respuesta a este escenario…

Desde la academia hay muchísimas preguntas, hay muy poquitas respuestas. Lo que nosotros en particular planteamos es que hay que dar esta discusión, hay que darla abiertamente, hay que darla con todos y con todas, hay que darla dentro de las comunidades educativas, hay que darla dentro de las familias, dentro de nuestras casas, dentro de las escuelas, en los espacios de formación docente, formales e informales.

Es fundamental dar esta discusión y empezar a pensar entre todos y todas qué habilidades queremos que se lleven los estudiantes de cualquier nivel, de todas las edades, y cómo vamos a lograr eso.

Se plantea rechazar la IA en las aulas y qué pasa en los otros contextos…

La cultura digital ya está entre nosotros, no se va a ir. Necesitamos incorporarla, necesitamos mucha conciencia ciudadana de cuáles son los problemas que nos traen las pantallas y el uso indiscriminado de pantallas y de IA.

Y dije “conciencia ciudadana”, porque me parece fundamental hacer la distinción. Nosotros hablamos de las aulas, pero en realidad, tenemos que aprender todos a usar mejor y más eficazmente estos dispositivos, que son unas herramientas buenísimas pero que mal usadas, que es como las estamos usando todos, lo que termina pasando es que nos usan a nosotros. 

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