2026-07-12

En la zona Norte

Desafíos de misioneros que conviven con los grandes ríos

En el Norte provincial, la vida cotidiana está muy vinculada al comportamiento del Paraná, el Uruguay y el Iguazú

Durante la inundación de 1992, Eldorado y Puerto Iguazú siguieron con atención la evolución de los niveles de los ríos. Las autoridades monitoreaban especialmente las lluvias registradas en Brasil y el comportamiento de las represas ubicadas aguas arriba.

En ambas ciudades existía preocupación por posibles evacuaciones y por el impacto que las crecidas podrían tener sobre barrios ribereños, puertos y actividades económicas vinculadas al turismo y al comercio.

El Soberbio

Si existe una localidad que resume la magnitud de la inundación de 2014, esa es El Soberbio.

La localidad quedó prácticamente en el centro de la emergencia. El río Uruguay alcanzó niveles históricos y avanzó sobre barrios enteros. Más de dos mil personas debieron abandonar sus hogares y centenares de viviendas quedaron bajo agua.

El barrio Unión se transformó en una de las imágenes más representativas de la tragedia. Casas completamente anegadas, familias rescatadas por embarcaciones y pérdidas materiales casi totales conformaron un escenario que superó cualquier antecedente reciente.

La crecida también afectó la actividad turística. El Salto Moconá desapareció bajo el agua y varios accesos quedaron inutilizados. La balsa internacional dejó de funcionar y numerosas colonias rurales permanecieron aisladas.

Alba Posse, Aurora y 25 de Mayo

La emergencia alcanzó además a otras localidades del Alto Uruguay. En Alba Posse, Colonia Aurora y 25 de Mayo se registraron evacuaciones, pérdidas productivas y daños en infraestructura. Los caminos rurales quedaron afectados y numerosas chacras permanecieron bajo agua durante varios días.

Para una región cuya economía depende en gran medida de la producción agropecuaria, las consecuencias fueron especialmente graves. A las pérdidas materiales se sumaron daños sobre cultivos, instalaciones y animales.

Las cifras permiten dimensionar la magnitud de las inundaciones, pero detrás de cada número existe una historia personal.

Las crónicas de 1992 y 2014 muestran familias que abandonaron sus hogares con apenas algunas pertenencias, vecinos que pasaron días enteros en centros de evacuados y productores que vieron desaparecer años de trabajo bajo el agua.

En El Soberbio, muchos habitantes describieron cómo el agua avanzó con una velocidad que les impidió rescatar muebles, herramientas o documentos.

La incertidumbre sobre el futuro fue una constante. Para muchos afectados, el problema no terminaba cuando el río comenzaba a bajar. El regreso a las viviendas implicaba enfrentar pérdidas económicas, tareas de limpieza y la necesidad de reconstruir parte de sus vidas.

Aquella histórica crecida de 1929

Mucho antes de las grandes coberturas periodísticas sobre las inundaciones de 1983, 1992 o 2014, los movimientos del río Paraná ya ocupaban un lugar en la agenda informativa de Misiones.

Un ejemplo aparece en una edición de 1929 del diario La Tarde, donde una breve nota titulada “Bajante del río” informaba que desde hacía tres días comenzaba a registrarse un descenso en el nivel de las aguas del Paraná. Aunque se trata de una referencia breve, el registro permite observar que las variaciones del río eran seguidas con atención por la comunidad misionera desde los primeros años del siglo XX. En una provincia donde gran parte de la vida económica, social y comercial se desarrollaba a la vera de los cursos de agua, las crecientes y bajantes formaban parte de la vida cotidiana.

El documento, preservado en el archivo de la Biblioteca Pública de las Misiones y facilitado por el Parque del Conocimiento, constituye un testimonio de la larga relación entre los habitantes de la provincia y los ríos que moldearon su historia.

Temas de esta nota
Te puede interesar