Del archivo: inundaciones, evacuados y reconstrucción
Lo que el agua cambió y dejó en Misiones
Desde la histórica crecida del Paraná en 1992 hasta el desborde extraordinario del río Uruguay en 2014, las inundaciones marcaron la vida de miles de misioneros. Evacuaciones masivas, barrios enteros bajo agua, rutas cortadas y pérdidas económicas millonarias forman parte de una historia que atraviesa distintas generaciones y que grafica la relación de la provincia con sus ríos -los cuales forman parte de la identidad de Misiones-.
El Paraná, el Uruguay y el Iguazú moldearon paisajes, impulsaron economías regionales y definieron la ubicación de pueblos y ciudades. Sin embargo, también protagonizaron algunos de los episodios más difíciles que recuerdan los habitantes de la provincia.
Las inundaciones forman parte de la memoria colectiva misionera con imágenes de familias evacuadas, viviendas cubiertas por el agua, escuelas convertidas en refugios y embarcaciones recorriendo calles anegadas. Algunas crecidas quedaron grabadas por su magnitud. Otras por el impacto social que provocaron. En conclusión, todas dejaron huellas. De los archivos de El Territorio, se pudo recuperar datos que nos recuerdan lo vivido en aquellos momentos.
Entre los antecedentes más recordados aparece la histórica crecida del río Uruguay de 1983, que durante años fue utilizada como referencia para medir la gravedad de nuevos eventos. Casi una década después, en 1992, una extraordinaria crecida del Paraná obligó a desplegar un amplio operativo de emergencia en Misiones y otras provincias del Litoral. Más de 20 años después, en 2014, el río Uruguay volvió a superar registros históricos y provocó uno de los desastres hídricos más importantes de la historia reciente provincial.
La sucesión de estos episodios permitió observar cómo cambiaron los fenómenos climáticos, cómo crecieron las ciudades y cómo se transformaron las respuestas del Estado y de la sociedad frente a las emergencias.
En la zona Sur
Entre el Paraná y los arroyos urbanos, la zona Sur de Misiones concentra algunos de los centros poblados más importantes de la provincia y también buena parte de las áreas históricamente expuestas a inundaciones. En este marco, los archivos recuerdan la gran crecida del Paraná en 1992, más precisamente en junio. Un mes que permanece en la memoria de miles de misioneros como uno de los momentos más críticos asociados al río Paraná.
En aquel entonces las intensas lluvias registradas en la región provocaron una creciente extraordinaria que afectó a numerosas localidades ribereñas y obligó a declarar la emergencia.
Posadas fue uno de los principales focos de preocupación. El avance del agua sobre barrios costeros provocó evacuaciones masivas, mientras organismos provinciales y nacionales coordinaban operativos de asistencia. El puerto registró niveles inusuales y cientos de familias debieron abandonar sus viviendas.
La magnitud del fenómeno llevó incluso a la intervención del gobierno nacional. El entonces presidente Carlos Menem visitó la provincia junto al gobernador Ramón Puerta para recorrer las zonas afectadas y anunciar medidas de ayuda. Paralelamente se gestionaban recursos internacionales para financiar obras que permitieran reducir el impacto de futuras crecidas.
La situación no se limitó a la capital provincial. Localidades ribereñas del sur misionero también enfrentaron problemas derivados del crecimiento del Paraná y de los arroyos que desembocan en él. La preocupación se extendía además por el comportamiento de las represas ubicadas aguas arriba y por las lluvias registradas en Brasil.
Lluvias desbordaron la ciudad
Dos décadas después, otro fenómeno volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad de la región. En marzo de 2014, una serie de tormentas intensas provocó el desborde de arroyos urbanos en Posadas y dejó aislados a numerosos barrios.
Los asentamientos de San Marcos y Los Lapachitos figuraron entre los sectores más afectados. En pocas horas cayeron más de 100 milímetros de lluvia y el agua avanzó sobre calles, viviendas y espacios públicos. El arroyo Vicario volvió a ocupar el centro de la escena, mientras la Costanera también registraba anegamientos.
A diferencia de la inundación de 1992, esta vez el problema no provenía directamente de los grandes ríos. Las lluvias concentradas en poco tiempo, sumadas a las dificultades de drenaje y a la ocupación de zonas bajas, generaron una emergencia urbana que dejó al descubierto nuevos desafíos para las ciudades misioneras.
En la zona Centro hubo rutas cortadas
Si en el sur el protagonismo suele recaer sobre los grandes ríos, en el centro provincial el impacto de las inundaciones aparece muchas veces asociado a los arroyos y a la infraestructura vial.
Durante la crecida del Paraná de 1992, uno de los problemas más graves se registró sobre la ruta nacional 12. Los arroyos Yabebiry y Cuñá Pirú desbordaron y dejaron interrumpido el tránsito en sectores estratégicos.
La situación generó complicaciones para el transporte de personas, mercaderías y servicios. Durante varios días se implementaron desvíos y rutas alternativas mientras las autoridades seguían la evolución de las aguas. Aquella experiencia dejó en evidencia la fragilidad de algunos puntos neurálgicos de la red vial provincial frente a eventos hidrológicos extremos.
La historia volvió a repetirse en 2014. En distintos momentos del año, las lluvias provocaron el desborde de cursos de agua que atraviesan zonas urbanas y rurales. En Leandro N. Alem, el arroyo Arreame afectó a decenas de familias y obligó a desplegar tareas de asistencia. En Oberá, varios barrios sufrieron anegamientos producto de las precipitaciones extraordinarias. Situaciones similares se registraron en Garuhapé, Apóstoles y otros municipios del centro provincial.
Las consecuencias fueron diversas en esa época, dejando a viviendas inundadas, caminos intransitables, escuelas afectadas y familias temporalmente aisladas.
A diferencia de las ciudades costeras, en esta región las amenazas suelen aparecer vinculadas a pequeños cursos de agua.
San Javier fue afectada
La historia de San Javier está ligada al río Uruguay -que los mantiene expectantes- y en el municipio suelen compartir muchas de las problemáticas que afectan al sur provincial. La ciudad fue una de las más golpeadas durante la crecida de 2014.
El río avanzó sobre barrios enteros, obligando a evacuaciones masivas y provocando pérdidas materiales que muchas familias tardaron años en recuperar.
Las imágenes de viviendas semisumergidas y calles convertidas en canales recorrieron toda la provincia de Misiones.
Informe de domingo
- Misiones se prepara para el fenómeno de El Niño
- El Soberbio se alista con un amplio operativo para la posible crecida del río
- El importante trabajo después de una evacuación
- El regreso de los vecinos al barrio
- Isolano y el recuerdo intacto sobre las últimas inundaciones
- Incertidumbre en el barrio Unión: “Lo que preocupa es no saber adónde ir”
- Alarma en otros municipios ribereños de Misiones
- Lo que el agua cambió y dejó en Misiones
- Desafíos de misioneros que conviven con los grandes ríos
- Misiones se prepara ante la amenaza hacia la población y la agricultura
- Salud hace previsiones para intervenir ante alta demanda