2026-07-12

Las alertas reactivan la búsqueda de lugares seguros

Incertidumbre en el barrio Unión: “Lo que preocupa es no saber adónde ir”

La escasez de casas disponibles y el aumento repentino de los alquileres profundizan la preocupación de los vecinos de zonas inundables de El Soberbio

En el barrio Unión de El Soberbio, donde muchas familias ya atravesaron evacuaciones en años anteriores, los anuncios vinculados al fenómeno de El Niño exponen una realidad que suele quedar en segundo plano, y tiene que ver con la falta de alternativas para quienes deben abandonar sus viviendas cuando el río Uruguay crece.

Yésica Miranda conoce bien esa situación. Madre de tres hijos, entre ellos un bebé de apenas dos meses, sabe que una nueva inundación implicaría mucho más que sacar sus pertenencias de la casa en la que vive y esperar a que el río baje. “Tendría que buscar otro alquiler. Nosotros no tenemos otra opción”, explicó a El Territorio mientras observa la pared de la casa, donde la última crecida dejó su marca.

Contó que cuando comienzan a circular los pronósticos más preocupantes, muchas familias salen a buscar un lugar donde quedarse temporalmente, para no llenar los centros de evacuados que se gestionan en escuelas del área. Sin embargo, encontrar algo disponible no resulta sencillo. “Muchos empiezan a buscar al mismo tiempo porque saben lo que puede pasar”, contó Miranda, y, además, como las viviendas disponibles son pocas, según cuenta, los precios aumentan ante la demanda.

Yésica y Marcela, dos vecinas atentas y preocupadas por la situación.  

 

Pero para Yésica el problema no se reduce a una cuestión económica. Su preocupación también pasa por sus hijos. “Tengo chicos que van a la escuela y no es fácil irse lejos. Me ofrecieron una casa cerca del Barrio Nuevo, pero queda lejos para ir todos los días a la escuela. Se complica demasiado”, relata.

La posibilidad de una evacuación implica reorganizar completamente la vida familiar. Cambian recorridos, horarios y las condiciones de convivencia. En ese contexto, muchas veces varias personas evacuadas terminan compartiendo espacios durante días o semanas. “Capaz que terminamos todos juntos en un mismo lugar, pero no es lindo. Somos muchos y cada uno tiene sus necesidades”, explicó.

“Viene el agua y hay que salir”

En el mismo espacio, Marcela Da Costa escucha la conversación y asiente. Ella también sabe lo que significa vivir pendiente del comportamiento del río. “Cuando viene el agua hay que salir nomás. No queda otra”, resumió. Según dijo, la experiencia le enseñó que, cuando la situación se vuelve crítica, no hay tiempo para planificar. “Agarrás la ropa, los documentos, lo que podés salvar y te vas. Todo lo demás queda ahí”, graficó.

Las pérdidas materiales son una consecuencia frecuente de cada crecida. Muebles, electrodomésticos, ropa y objetos personales suelen quedar expuestos al agua y al barro.

“Muchas cosas se arruinan. Siempre se pierde algo. Después hay que volver a empezar”, dijo Yésica. Marcela coincidió: “Es volver a empezar cada vez. Viene el agua, salimos y cuando regresamos, barro por todos lados. Hay que limpiar todo de nuevo”.

Las dos mujeres concuerdan que las inundaciones no terminan cuando el río baja, al contrario, el proceso más difícil -cuentan- comienza después. Recuperar la vivienda, reorganizar la rutina familiar y reemplazar lo perdido demanda tiempo, esfuerzo y recursos que no siempre están disponibles. “La gente piensa que cuando baja el agua ya pasó todo, pero no es así”, alertó Marcela.

Las secuelas también aparecen y permanecen en las estructuras de las viviendas. La humedad debilita paredes y materiales, especialmente en las construcciones más precarias. “Mi casa quedó afectada de la última vez. Si vuelve a tapar el agua, no sé si va a aguantar”, reconoció Yésica.

Aunque destacan la ayuda que suelen brindar los organismos, asociaciones civiles, fuerzas de seguridad y hasta el propio Estado durante las emergencias, ambas coinciden en que la solución de fondo sigue sin aparecer y que “siempre estamos dependiendo de nosotros mismos”.

Expusieron que “nos arreglamos por nuestra cuenta”, y en ese plano Yésica completó que “lo que más preocupa es no saber adónde ir”. 

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