2026-06-28

Algo de lo que ven sin mirar

Por alguna razón que no me animo a conjeturar, la ciencia ficción es uno de los géneros preferidos por los sectores ubicados más a la derecha del espectro de la orientación política. Y no pretendo meterme en las circunstancias particulares ni en las situaciones personales de quienes se vean incluidos en esta afirmación, primero porque no viene al caso y segundo porque puede distraer de lo que intentaré esbozar en los siguientes párrafos. Cometeré el desatino de englobar en ciencia ficción obras como las de fantasía, ucronía, distopía, ópera espacial. Dispénseseme de este crimen.

Me resulta curioso que alguien sea capaz de mirar Star Wars y seguir defendiendo regímenes totalitarios (y sus ideas). Me resulta llamativo que existan el racismo, la xenofobia y se justifiquen las invasiones entre los fanáticos de Star Trek. Claro que es muchísimo más fácil quedarse en los trajes llamativos, los sables láser y las navecitas, no tiene nada de malo coleccionarlos, pero creer que estas sagas van sólo de eso y no contienen mensajes mucho más profundos parece seguir la lógica de aquello de “cuando el sabio apunta a la luna, el necio mira el dedo”. Lo dijo Confucio. Vaya si no estamos metidos en una confusión.

Mientras escribo estas líneas, sigo esperando un documental y una película biográfica (biopic) en desarrollo sobre uno de los hombres más influyentes en gran cantidad de producciones de la televisión y el cine: Rod Serling. Ver las cinco temporadas originales de La dimensión desconocida (The Twilight Zone) puede aportar pocas cosas nuevas para los habitantes de este siglo, pero es que aquellos capítulos de menos de media hora (sacando el no tan feliz cuarto año) inspiraron tantos y tantos trabajos posteriores. Y allí, en esos 156 episodios, el bueno de Rod (un tipazo para quienes lo conocieron) abordó la desigualdad, la discriminación (todavía regía el segregacionismo en Estados Unidos), la guerra, el valor de los adultos mayores, los riesgos que lanzarse de cabeza detrás de cualquier tecnología nueva…

Serling usaba la ciencia ficción como recurso para evadir la censura que le hubiera caído del gobierno y, sobre todo, de los patrocinadores en caso de haber hablado abiertamente de estos temas con espíritu crítico. Por momentos parecía predecir el devenir del ser humano. Ojalá hubiera previsto cómo se vería al tabaco unas cuantas décadas más adelante para avivarse de dejar el maldito pucho que se lo llevó tan joven.

Quizá su mejor heredero, Charlie Brooker, es el responsable de Black Mirror. Véanlo y díganme si su su mirada sobre un futuro (próximo o lejano) tan deshumanizado, mercantilizado no interpelan nuestro presente, subidos como estamos a esta autopista que nos lleva hacia allá.

Si quieren otros nombres tenemos a Asimov, al mismísimo Sagan, a Bradbury, al mejor trío jamás reunido: Huxley-Orwell-Zamiatin (jamás, en este caso, en su acepción más llana, porque nunca se reunió). ¿Más? Verne, Dick, Le Guin, Clarke… ¿Argentinos? Hay muchos, pero el nombre más relevante en los últimos años (y el que más abona a lo que trato de exponer, para qué negarlo), sin dudas, es Oesterheld y su Eternauta.

De los simbolismos de Verne a la crudeza de Blade Runner, tratan de hacernos reflexionar sobre cómo vivimos y mostrarnos las posibles consecuencias de nuestras acciones. Pero si las metáforas no se nos dan muy bien, siempre podemos ver la película In time (El precio del mañana). Y si lo nuestro es abogar por el fin del Estado y todas las regulaciones, la saga de Mad Max tiene algo para decirnos.

Te puede interesar