Un rol cada vez mayor en la sociedad globalizada

miércoles 12 de agosto de 2026 | 6:00hs.

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l 6 de agosto fue el Día del Veterinario. Se impuso tal fecha porque en ese día de 1883 se inauguró el Instituto Agronómico y Veterinario en Santa Catalina, provincia de Buenos Aires. Constituyó la primera escuela de estudios superiores de esas dos especialidades en el país, cuyo mentor fue Dardo Rocha, el constructor de la ciudad de La Plata. Siete años más tarde, en 1890, la profesión cobró vuelo al ser trasladada de Santa Catalina a la Plata, pero ya con el rango de Facultad de Agronomía y Veterinaria. Desde ese momento, por siempre y para siempre, se erigió con el devenir del tiempo en el primer eslabón del rosario de otras tantas casas de altos estudios creadas a lo largo y ancho del país. Ya sea en universidades del Estado o en las privadas, como manera de responder con ofertas de profesionales la necesidad de atender no solamente las cuestiones sanitarias del país, también la infinidad de ramificaciones conexas de la producción agropecuaria primaria y su transformación en el proceso industrial de la cadena alimentaria,

Esta fecha recuerda, además, el día de nuestros primos hermanos, los ingenieros agrónomos. Y es de admitir, en épocas idas hubo activistas que tuvieron la intención de separar el Día del Veterinario y del Agrónomo como acontece en otros países de poca tradición agropecuaria, y conmemorarlo en fechas distintas. En Argentina no tiene sentido. Las profesiones nacieron juntas, se criaron juntas y juntas seguirán en el surco hacedor de la producción de los alimentos y controles agropecuarios. Es una simbiosis. No se pueden separar. No existe una planificación de la rama agropecuaria, la madre de todas las producciones en el país, sin el concurso de ambos. Esto es así y seguirá siendo así. Por eso, en 1983 se impuso como ley la fecha del 6 de agosto como el Día del Veterinario y del Ingeniero Agrónomo.

¿Y qué es el veterinario? Según la Real Academia Española es la persona que se halla legalmente autorizada para profesar y ejercer la Veterinaria. El origen de la palabra proviene del latín veterinarius. Según Catón, el escritor (234/149 adC), era el sujeto conocedor de la veterinae o veterina, es decir las bestias de carga. El nombre de estos animales provenía de vetus (viejo) porque se trataría de animales envejecidos y, por ende, no aptos para las carreras ni carros de guerra y sólo útiles para el transporte. Otros afirman que veterina procede del verbo veho, vehere, de donde deriva vehículo, que significa precisamente transporte.

En nuestra provincia los veterinarios se encuentran agremiados merced a la ley 520/75 que crea el Consejo Profesional. El estatuto fue redactado cuando apenas se alcanzaba la docena de profesionales por una comisión integrada por los doctores Abelardo Albornoz, Horacio Delpietro y quién esto escribe; corregido y mecanografiado por Marta Bauch, Marilú Duarte y Alba Salomone, todas empleadas de la Dirección de Ganadería del viejo Ministerio de Asuntos Agrarios, quienes, además, se encargaron de rastrear antecedentes de otras provincias en una época que no había fax ni correo electrónico.

En 1969 se hace entrega al gobierno de facto, de aquel entonces, para que remitiera al gobierno nacional y estos dieran su visto bueno. Hay que recordar que todas las leyes en las provincias argentinas de aquellos años salían por decreto-ley previa aprobación del Gobierno Central. Y esta, de los veterinarios, no sería una excepción.

Como se presumía, fue rechazada, pues de antemano se sabía que tal solicitud contrariaba el orden de centralizar y unificar a los profesionales tras el Consejo Nacional de Veterinarios con asiento en Capital Federal, de fuerte peso en el gobierno que, a su vez, obligaba a la matriculación en esa asociación para ejercer la profesión en aquellas provincias carentes de gremios. Fue entonces que debió esperarse hasta la venida de la democracia en 1973 para pretender su vigencia. El mismo proyecto fue entregado al diputado Antonio Brousse, quien lo presentó a la Cámara Legislativa Provincial, cuerpo que aprobó sin mayores inconvenientes. Es la ley que rige en el presente con algunas modificaciones modernas.

De esta forma, el Consejo Misionero, allá por los 80, fue miembro integrante de la formación de la Federación Veterinaria Argentina (Feva) como no sucedió con otras provincias de importancia ganadera por carecer de gremios, como nuestra vecina Corrientes, por ejemplo. Cuando la Feva se institucionalizó, agrupó a todas las asociaciones menores del interior del país haciéndolas fuertes y, a cambio, se robusteció en reciprocidad para ejercer representaciones donde fuera necesaria.

En la actualidad, el rol del veterinario es cada vez mayor en esta sociedad globalizada donde han caído todos los muros restrictivos del comercio mundial, menos el de las barreras sanitarias. Es cuando cobra mayor dimensión su presencia, más aún, con la vulneración de espacios biológicos donde su autoridad profesional se vuelve indispensable. Allí hace ver que el arco de su incumbencia va desde el área de la sanidad animal hasta el desempeño en el campo agroindustrial; del sector ganadero al control y conservación alimentaria; de la producción de sueros y vacunas al uso de pesticidas; desde la medicina preventiva y curativa de los animales útiles al hombre a las zoonosis; y hasta de las relaciones higiénicos sanitarias y del cuidado del medio ambiente. Todos temas o divisiones especiales, amparados por leyes que obligadamente debe cumplir y hacer cumplir. 

Sea pues, una feliz conmemoración, extensiva a los ingenieros agrónomos.

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