2026-05-31

Vivir con 100 años

En un par de días, El Territorio cumplirá 101 años. Quien conoce a algún longevo se habrá sorprendido por su notable capacidad de adaptarse. De darse cuenta qué cosas ya no puede hacer o mejor hacerlas de otra manera. De introducir los cambios para sobrevivir. Y conservar eso -chispa, objetivo, razón- que los mantiene vivos.

Superar la barrera de los 100 años es un desafío también para el periodismo, en tiempos de redes, algoritmos e inteligencia artificial (IA). Sin embargo, ahí están los libros para recordarnos que se puede ser imprescindible por siglos.

La IA que tanta incertidumbre genera ya lleva el tiempo suficiente como para dejar algunas certezas sobre sus límites. Existe, por ejemplo, el término alucinaciones para cuando la IA no sabe pero contesta igual con una respuesta errónea.

Hace unas semanas, una niña de 7 años murió en el Hospital de Pediatría en Posadas. Entre los cuadros posibles que se indagaron intentando salvarle la vida, se sospechó y testeó leishmaniasis visceral. Si bien el cuadro clínico aportaba indicios de la enfermedad, el resultado de la prueba no fue concluyente. De manera que no pudo saberse fehacientemente si la muerte fue consecuencia o no de leishmaniasis visceral, más allá de que se realizaron las acciones de bloqueo epidemiológico. Qué valioso sería poder acudir a la IA en una situación así. Pero la IA no sabe de qué murió la niña. Y, aún peor, puede que conteste con una respuesta errónea. En el buen periodismo, sigue siendo necesario preguntar e investigar para intentar entender lo que está pasando con el objetivo de informar a las audiencias.

Entre las buenas prácticas con IA, hoy se recomienda automatizar las acciones repetitivas previendo la intervención humana para decidir o supervisar en cuestiones estratégicas o sensibles.

Y una cuestión esencial que no se automatiza es la confianza, sostiene Gastón Roitberg, de La Nación. La confianza se construye. Para convencer a una persona que cuente lo que sabe o lo que piensa. Que confíe en que esa información será usada con responsabilidad y en el marco del límite que establecen las leyes. Y que lo que se publica es sólo lo que se pudo chequear.

El año pasado se emitió en Netflix la serie japonesa Detrás de la primicia. Trata de una joven de 24 años que trabaja para un grupo editorial influyente y acaba de ser trasladada al tabloide. El cambio no le gusta. Agobiada, escribe en su anotador: cuál es el sentido de la existencia de los tabloides. Mientras intenta responderse, tiene que filtrar datos falsos de posibles noticias, hacer largas guardias o viajes para lograr una foto o chequear un dato. La rutina de una redacción.

Hay un diálogo iluminador. Un amigo que trabaja en la editora de libros del mismo grupo le pregunta cómo se sentiría si la firma desistiera del tabloide. Y le confiesa que cree que las novelas y los tabloides no son tan distintos. Que ambos exploran la realidad desde lados diferentes, pero que mientras las novelas sólo cubren los temas seleccionados por los autores y los tabloides pueden seleccionar casi todo, pero la mayoría de los temas no son bonitos. Y sin tabloides no se hablaría de ciertos temas. Entonces ella se da cuenta de que ya sabe porqué existen los tabloides.

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