2026-03-01

Muchos sufren, todos sufren

Porque hoy, en distintos grados, sufre todo el mundo. Sufre el desempleado y sufre el asalariado que teme perder su trabajo. Sufre el comerciante y sufre el autónomo, el monotributista, el changarín, el jornalero, el repartidor.

Tal vez no sea una novedad, pero sí es un síntoma de una época que, aunque no es la peor de la historia,sí que es bien jodida. Siempre se sufrió, siempre se sufrirá; es algo inherente a la compleja condición de ser humanos que llevamos al mismo tiempo como carga y como bendición. Pero ahora se sufre de maneras diferentes.

Es lógico caer en la tentación de apuntar al corto plazo, al gobierno actual o al anterior, según se amolde a nuestros pareceres ideológicos… o a todos: cuando la mano viene torcida, el impacto es de más fácil apreciación. Sin embargo, hay cuestiones estructurales que exceden a quien esté circunstancialmente a cargo, por más que sus decisiones incidan en la profundización o el alivio del problema de fondo.

Basta un recorrido por las calles de cualquier pueblo o ciudad, por las del barrio propio o el centro, por las iglesias, los bares, los casinos, los comercios, las filas en busca de trabajo. O la propia familia. Hay dolor, hay pesar, hay tristeza, y no sólo en Argentina.

Porque hoy, en distintos grados, sufre todo el mundo. Sufre el desempleado y sufre el asalariado que teme perder su trabajo. Sufre el comerciante y sufre el autónomo, el monotributista, el changarín, el jornalero, el repartidor.

Sufre el adolescente y el joven que no saben qué será de su futuro inmediato, sufre el padre que no sabe qué futuro les dejará a sus hijos y si sus enseñanzas, lo que aprendió, les servirán a ellos de algo. Sufre también quien quiere tener hijos y no puede. Sólo no sufre tanto el niño pequeño, chiquito, si tuvo la suerte de nacer sano y en una familia amorosa y en condiciones de sustentarlo, pero ya le tocará entrar al círculo.

Sufre por carencias el que no tiene nada. Sufre el que lo tiene todo y, aún así, algo le falta. Quizá si ayudara un poco más al desposeído, hallaría eso y ambos se beneficiarían. “Creo que somos solidarios, pero quienes más tienen podrían soltar un poco más”, dijo semanas atrás Noelia Domínguez, responsable de Solidaridad 100%, organización que canaliza las necesidades más urgentes.

Muchos lloran y algunos de ellos desisten de vivir, mientras que otros sonríen y tratan de salir adelante, incluso aunque ese dolor los acompañe hasta sus últimos días.

Pero parece que hay una categoría que no sufre nunca. La de los que, no conformes con tener los bolsillos llenos a más no poder, pretenden que todas las condiciones estén a su favor. Son los verdaderos artífices de ciertas normas cuyo pretendido fin es mejorar las condiciones generales en nombre de la entelequia de turno. Hoy será el libre mercado, mañana cualquier otra, quizá incluso lo opuesto, pero en ningún caso redundará en beneficios sociales ni de la economía en general. Sólo ellos, los poderosos, llevarán agua para su molino.

En el camino, claro, dejarán más sufrimiento, más dolor. Profundizarán las penas y las miserias de aquellos que bien quisieran ser felices con poco, pero es que ni poco es lo que tienen. Y ellos, ¿alcanzarán algún tipo de felicidad o lo único que disfrutan es el tener y que los otros no tengan? Son como Quico, el mal amigo del Chavo del 8.

Preocuparse por ellos a esta altura no tiene sentido. A esos no hay manera legal ni éticamente válida de cambiarlos. Cualquiera sea el signo ideológico que gobierne, seguirán operando desde las sombras, con una voracidad que jamás se saciará.

Los brazos que ejecutan sus órdenes son los que deben ocuparnos. Cómo lidiarán con el aumento que causan en el sufrimiento de esta sociedad. Sufrimiento que también les llegará a ellos, porque se piensan poderosos, pero también son descartables.

Si un pobre de hoy vive mejor que un rey hace 100 años, lo mal que habrán vivido los pobres de hace 100 años, cuando supuestamente Argentina era una potencia.

“¡Oh hombre!, no descanses; procura descanso a los demás”, dice un texto atribuido a Gandhi. Acá parece que hacemos lo contrario. Los que más descansan son los que incrementan las cargas sobre los otros.

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