2024-08-11

Viene de recuperarse de una rotura de cruzados

Marios Ríos, de jugar en mocasines al sueño de la dorada

El posadeño integra la selección de fútbol masculino para ciegos que estará en París 2024. Fue el último confirmado

Mario Fabián Ríos (24) fue el último pasajero confirmado de la delegación misionera para los próximos Juegos Paralímpicos. El posadeño sufrió en noviembre del año pasado una rotura de ligamentos cruzados en su pierna izquierda y, a pesar de estar en la última etapa de recuperación, el cuerpo técnico de la selección argentina de fútbol para ciegos -Los Murciélagos- decidió incluirlo en la lista definitiva.

La noticia le llegó en plena concentración en el Cenard el pasado 27 de julio y Mario lo festejó a la distancia con su familia. “La federación dio la lista y fue todo alegría. Era difícil entrar porque vengo de una lesión grave. Pero los profes confiaron”, inició el diálogo con El Territorio.

Ríos es delantero, ambidiestro y se desempeña actualmente en el club River Plate -a préstamo por dos años-. Tuvo su aparición rotunda en los Juegos Parapanamericanos de Santiago de Chile en noviembre del año pasado y le llegó esta grave lesión en pleno torneo interrumpiendo así un ascenso meteórico.

El golpe fue asimilado rápidamente gracias al apoyo del cuerpo médico de la Selección y de la AFA, con el doctor Daniel Martínez a la cabeza.

Tiene 24 años y juega en River Plate.

“Hoy estamos probando los choques e impactos para luego pasar al contacto, estoy cerca de volver a jugar”, apuntó Ríos. “Me operé con Martínez y también estoy trabajando constantemente con el coordinador de kinesiología Rubén Araguas. No me dejaron solo, la gente que me rodeó no aflojó y estoy agradecido porque sin ellos no hubiera dado este paso”, afirmó.

Impulso necesario

De familia humilde en el barrio A4, Mario perdió la visión a los 7 años producto de un desafortunado pelotazo en el rostro y de un cuadro de oftalmía.

“Fue jugando al fútbol en la calle justo frente a casa. Era un picadito y como no había chicos de mi edad, estaba con otros más grandes -de 10 y 11 años-. En ese momento peloteábamos con una pelota de básquet pinchada, pesada, y en una de esas que voy a presionar, un compañero la quiso despejar y la pelota me pegó a la altura de los ojos”, recordó. “Ese golpe complicó todo, pero al mismo tiempo sufría de oftalmía -se descubrió más adelante-”.

Por supuesto que su familia no lo dejó caer en la angustia. Sus padres Claudio y Rosa, sus cinco hermanos y su abuelo Alfonso lo incentivaron a pelearla, a no bajar los brazos.

“La familia me inculcó el deporte, ellos me impulsaron a seguir metido en esto cuando me quedé ciego”, relató Mario. “Mi abuelo siempre estuvo conmigo, me enseñó a levantarme todos los días y luchar. Soy muy jovial, pero la seriedad en el trabajo se la debo a él”.

“Al principio practicaba artes marciales. Hice judo y taekwondo pero a los 14 años me incliné definitivamente al fútbol”.

“Tengo muchas anécdotas en este camino hacia el profesionalismo. Una es que en varias oportunidades jugué con mocasines a falta de zapatillas… vengo de una familia sencilla”, se excusó entre risas. “Por eso me emociona ver el recorrido hasta hoy que tengo la posibilidad de elegir zapatillas y marcas”.

No fue magia

En el 2009 Mario se ilusionó con conformar un equipo de ciegos y, después de recorrer toda la ciudad jugando en plazas municipales, finalmente nacieron Los Magos, hoy el equipo de ciegos más reconocido de la región.

“Al principio no teníamos sede para jugar. Recorrimos las plazas de Posadas -casi todas- hasta que los chicos de La Terraza nos cedieron un lugarcito sin compromiso alguno”, recordó Ríos.

“Éramos tres los que luchamos hasta que se dio, se formó el equipo y en el Ministerio de Deportes no cedió el espacio. Hoy estoy jugando en River, pero en 2026 voy a volver”, aseveró.

Medalla de oro

Los Murciélagos compartirán grupo con Marruecos, Japón y Colombia en los próximos Paralímpicos. El favoritismo no se puede esquivar por tratarse del campeón del mundo y así lo asume Ríos.

“Las expectativas son altas porque la Selección siempre tiene que ser protagonista, eso no se negocia. Nosotros nos exigimos al máximo para dejar al país en el podio y por supuesto que vamos a dar todo”.

“Siempre le digo a los chicos que más que un definidor soy un sacrificado; tengo que correr por el equipo como primer objetivo y después meter los goles. Esperemos traer la medalla, es el objetivo principal”, cerró la Liebre, su apodo más que merecido por la rapidez y la intensidad que lo caracteriza en el juego.

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