2020-08-16

Las mujeres avanzan con nuevos proyectos

“Llevar alimentos frescos a la mesa de las familias significa todo para mí”. Así, Rosa Ribalco (54), una de las fundadoras de la Feria Franca de San Pedro, describe la importancia que ocupa en su vida el trabajo en la chacra.

La feria de la Capital de la Araucaria abrió sus puertas el 14 de diciembre de 1996, en ese entonces eran 28 los feriantes que se sumaron a la novedosa iniciativa. A la fecha son nueve las familias que los miércoles y sábados de 7 a 12 comercializan productos variados a buen precio y haciendo hincapié en que los clientes lleven a sus mesas alimentos nutritivos, saludables y frescos.

En la década del 90, debido al bajo precio del tabaco, algunas familias habían comenzado con la venta ambulante de productos frutihortícolas y los pedidos para pagar más adelante generaban pérdidas. “Muchos anduvimos vendiendo casa por casa, nos pedían fiado y después no te pagaban. Esa fue una de las razones por las que decidimos comenzar con la feria franca acá. Nos juntamos, mejoramos la venta y obtuvimos buenos resultados, tanto que seguimos hasta hoy”, indicó a El Territorio la mujer que desde hace 24 años atiende en su mesa de ventas.

Con la venta formal y organizada estas familias recaudan unos 30.000 pesos por mes, según estimaciones de los feriantes consultados por este medio. Esos ingresos quedan en San Pedro ya que los feriantes compran productos en los comercios de la zona urbana antes de volver a sus chacras y otra parte la destinan a realizar proyectos familiares como la cobertura de la educación de sus hijos, ya sea en el nivel secundaria o terciario. Además siempre priorizan mejorar y optimizar la producción, implementando diversificación y nuevas técnicas de cultivo.

En esta localidad la mayor demanda tiene que ver con las verduras, carne de pollo y huevo. Si bien en lo que respecta a la demanda por verduras logran abastecer, algunas veces resulta difícil conseguir pollo casero y cerdo, que generalmente se venden en las primeras horas de la feria.

Desde sus comienzos, y conociendo la experiencia de otras localidades, como Oberá, se inclinaron por la venta de alimentos frescos, ya que los manufacturados ocupan el segundo lugar en cuanto a preferencia por parte de los clientes.

En este sentido, fueron numerosas las capacitaciones que realizaron a fin de elaborar envasados como encurtidos y mermeladas, con el excedente de frutas y verduras para darle un valor agregado y evitar pérdidas, adaptándose siempre a los lineamientos sanitarios vigentes y pregonando la salubridad de cada producto, asegurado de esta manera la comercialización.

Los años de experiencias en la feria, sumada a la posibilidad de crecimiento y valor agregado al trabajo que realiza la mujer en la chacra, motivó a que Ribalco junto a un grupo de mujeres de la zona, sueñen con una cuenca lechera.

Para ello dieron inicio a la conformación de una cooperativa agropecuaria que les permita unificar esfuerzos a fin de abastecer el mercado local apostando, esta vez, al trabajo cooperativo. Tanto para sacar adelante la entidad como para incursionar con nuevas técnicas de cultivo, como ser el sistema de producción bajo invernadero.

Viajar a dedo para vender
Ribalco, que junto a su esposo Gregorio Romaniuk (60), reside en Colonia Siete Estrellas, a unos diez kilómetros de la zona urbana de San Pedro, recordó que los inicios “fueron muy difíciles porque no contaban con móvil propio para trasportar los alimentos y tampoco existía servicio de transporte. Antes el camino era de tierra, no teníamos auto, yo iba a vender haciendo dedo, siempre había un buen vecino que me acercaba, muchas veces viaje arriba de cargas de madera”.

“No era fácil, pero era joven y tenía esas ganas de que la feria continúe y poder hacer algo diferente. Años y años viajé así, todo lo hice para ayudar a mi familia, darle lo mejor a nuestros cuatro hijos”, indicó Ribalco, actual vicepresidenta de la feria franca sampedrina.

Dedicarse a la comercialización de productos de la chacra, no es para nada sencillo, requiere dedicación, inversión y persistencia, porque algunas veces la venta no es exitosa y el feriante vuele a su casa sin haber tenido grandes ventas. Sin embargo, siguen cuidando y cultivando, teniendo a la actividad como un estilo de vida. El trabajo en las chacras es diario y Rosa dedica un par de horas de todos los días a su rincón favorito: la huerta.

En el caso de Rosa, que comercializa los días miércoles, la ansiedad para ir a la feria comienza ya el martes temprano, con el ordeñe para elaborar ricota con leche fresca. La jornada continúa con la recolección de las frutas de estación, mandioca, batata y antes de la puesta de sol, se cortan las verduras que son armadas en mazos colocados en recipientes con un poco de agua para que permanezcan en buen estado.

“Es cansador, es estar todos los días, ir a la huerta tener ese contacto, ese cariño con las plantas, parece que le hablas y ellas reaccionan. Es algo que al mismo tiempo llena el alma, si no voy un día parece que me falta algo, desde niña aprendí a cultivar y seguiré hasta que Dios quiera, siempre haciendo el trabajo con amor dando lo mejor a nuestros clientes”, destacó con vigor Rosa.

Estos altos y bajos en la comercialización, no los desaniman y entienden que en cualquier emprendimiento la perseverancia es necesaria: “A nosotros nos ayuda bastante, a pagar la luz, las mercaderías, darle el estudio a mis hijas. Con ese dinero pagaba el colegio, eran épocas difíciles pero la feria nos permitió remontar”, destacó.