Por las trillas, Santa Ana impone el cuidado de la selva

Miércoles 9 de octubre de 2019 | 02:00hs.
En plena firma de convenio para proteger el patrimonio natural sin desalentar el turismo.
Griselda Acuña

Por Griselda Acuña Editora de Actualidad

El malón de motos, que forma parte de una trilla rumbo a algún sendero, picada o camino vecinal, se convirtió en un fenómeno en Misiones. Crece a pasos agigantados y representando en cada municipio anfitrión un flujo económico de la mano del turismo. Sin embargo, del otro lado hay una cuestión que no es menor: el cuidado del medio ambiente, la conciencia ecológica.
De las fechas confirmadas para el próximo año, que alcanzan a 18, sólo una cuenta con un Plan de Contingencia Ambiental, es decir, sólo un municipio se puso de acuerdo con los organizadores para prevenir accidentes ambientales o bien, actuar en consecuencia. “Cuando nos enteramos, el año pasado, de lo que significaba el evento, empezamos a indagar si había alguna reglamentación al respecto. Consultamos al Ministerio de Ecología y si bien no está reglamentado, está previsto un plan de contingencia. Nosotros armamos un plan el año pasado en Santa Ana y este año también, capacitando a los trilleros con ambientalistas sobre cómo contener los accidentes ambientales”, dijo, en diálogo con El Territorio, Suzel Vaider, presidente de la  Agencia para el Desarrollo Económico de Misiones (Ademi).
Ademi y la Asociación de Trilleros de Santa Ana firmaron un acta acuerdo con el objetivo de consolidar vínculos estratégicos de colaboración e interacción. La iniciativa va en la misma línea del programa de desarrollo local ‘De qué va vivir mi pueblo’ y el acuerdo establecido con la Municipalidad está enfocado en sostener acciones de crecimiento económico para la comunidad en el largo plazo.
“Para el año que viene, la de Santa Ana es la única trilla con un plan de estas características”, aseveró y dejó entrever la necesidad de que se extienda a todas las organizaciones y lugares donde se realiza este evento. 
“La gente tiene que tener conciencia de la implicancia de estas acciones y que se tenga cuidado con el tema y estén mejor preparados”, insistió.
“Cualquier actividad humana tiene un impacto ambiental, más un evento de esta envergadura, pero la naturaleza tiene la capacidad de regenerarse; no obstante hay que tener determinados cuidados", sostuvo Vaider
Al mismo tiempo, agregó: “Los organizadores deben tener conocimiento de lo que se debe hacer ante el caso de un derrame de combustible o si se cae aceite, cómo se hace para retirar la tierra y dónde poner el material contaminado”.
Los objetivos del Plan de Contingencia Ambiental son los siguientes: minimizar las consecuencias negativas sobre el ambiente del evento, dar rápida respuesta a un siniestro o incidente ambiental, proteger al personal que actúe en la emergencia y proteger a terceros relacionados.

Hace dos años
“Desde la Agencia venimos a acompañando a la trilla de Santa Ana desde hace dos años, allí logramos una implementación exitosa del circuito”, destacó Vaider. 
“Por eso mismo firmamos un acuerdo específico con la Asociación de Trilleros de Santa Ana para afianzar vínculos estratégicos que permitan mayor fluidez en el trabajo cotidiano entre ambas partes”, señaló Vaider. 
En la misma línea, Rubén Yost Oclide, impulsor de Trilla de Santa Ana, agradeció “el apoyo de Ademi para poder lograr, potenciar y duplicar lo hecho con la trilla en los años pasados”.
“La provincia tiene un recurso maravilloso que es la selva, pero tenemos que cuidarla para nuestros hijos y las próximas generaciones”, cerró Vaider. 

El impacto turístico

La trilla es una actividad de senderismo que se realiza arriba de una moto, un cuatriciclo o los UTV (vehículos de recreo/ocio o trabajo que suelen tener tracción a las cuatro ruedas, aunque no necesariamente). El amor por las trillas en el monte o en la selva llegó a la provincia, como otras tantas tradiciones, desde Brasil, donde hay miles de fanáticos que cada fin de semana salen a recorrer los montes del vecino país en motos. Corupá, ubicado a 550 kilómetros de la frontera con Misiones, es considerada la cuna de la trilla en Brasil y hoy vive de lo que gastan los motoqueros en cada edición.

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