Pericias complicaron la situación de la detenida

Domingo 16 de septiembre de 2018
Acorralada por las pruebas en su contra, Luisa Báez (71), alías La Palita, declaró que un sicario irrumpió en su domicilio y asesinó a su marido, César Oscar Paganeto (65), quien el 9 de julio pasado fue ultimado de dos balazos en su casa de Villa Svea.
De todas formas, según confirmó El Territorio, para la justicia de instrucción estaría científicamente probado que la mujer asesinó a su esposo.
Al respecto, desde un primero momento se informó que el estudio de parafina halló rastros de pólvora en las manos de la acusada. Asimismo, un posterior informe de balística determinó que los proyectiles que ultimaron al aduanero partieron del arma que se incautó en la escena, un revólver calibre 38.
En tanto, ninguna puerta ni ventana del domicilio evidenciaba signos que haber sido forzada, por lo que el homicida era conocido de la víctima o ingresó a la vivienda sin ejercer violencia. Desde el inicio dicha circunstancia complicó a la sospechosa.
La autopsia determinó que la víctima falleció de dos disparos de un arma de grueso calibre.
El primer tiro produjo la muerte, ya que ingresó por la axila del brazo izquierdo, atravesó el tórax y afectó el pulmón y el corazón. Un segundo proyectil ingresó por el abdomen y atravesó el hígado.
El informe del forense también determinó que la víctima trató de defenderse o se rindió ante el agresor, levantando los brazos, como indica el recorrido de la primera bala.
También se estableció que el deceso se produjo por lo menos cuatro horas antes del hallazgo del cuerpo. 

Andaba armada
Según confirmaron vecinos y conocidos, hacía tiempo que Paganato y La Palita se llevaban mal y las discusiones iban en aumento. Asimismo, refirieron que la mujer ejercía violencia sobre su pareja, pero él no la denunció por pudor.
El lunes 9 de julio, alrededor de las 22.30, la mujer llamó a un servicio privado de emergencias médicas y refirió que se sentía mal. Al arribar la ambulancia salió de la casa por sus propios medios y solicitó su traslado al centro de salud.
Ya en dicha sede, Báez comentó que su marido se hallaba sin vida en el mismo domicilio, pero no precisó las circunstancias. Fue así que dieron aviso a la Policía y se constó el hecho, ubicando a la mujer como la principal sospechosa del homicidio.
Al otro día, la jueza Alba Kunzmann de Gauchat ordenó el allanamiento de la propiedad de Cabo de Hornos y Domingo Berrondo, donde la Policía encontró un revólver calibre 38 con cuatro balas y dos cápsulas percutadas.
Llamativamente, los investigadores no habrían dado con ninguna vaina servida en la escena del crimen, lo que haría suponer que el homicida se tomó el trabajo de recolectar cualquier indicio que pensó que lo podría incriminar.
En cuando al arma, la mujer era conocida por llevar un revólver en la cartera para protección, en lo que coincidieron varios allegados.

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