Así es el hostigamiento digital contra las mujeres en la política

Un estudio realizado en Posadas enfocado en la conversación digital y el análisis de redes sociales, da cuenta de las reacciones negativas cuando algunas mujeres hablan de política en Misiones o el país.
sábado 07 de noviembre de 2026 | 8:51hs.
Investigadora
Investigadora

El ecosistema digital no respeta los avances que tuvo la mujer en la participación de las mujeres en la política argentina y regional, como la Ley de Paridad de Género y con ello la búsqueda de participación activa en la política. En tal ejercicio diario, según una investigación realizada en Posadas, las mujeres enfrentan una barrera persistente y violenta, como es la desvalorización sistemática de su figura mediante ataques que buscan censurarlas y excluirlas del debate público.

Así lo advierte Carla Chini, licenciada en Comunicación Social y especialista en Docencia Universitaria, a partir de un estudio enfocado en la conversación digital y el análisis de redes sociales y medios de comunicación en la provincia de Misiones.

Cómo opera

Explica mediante una investigación cómo opera la violencia digital para silenciar a las mujeres en la política argentina. Sus argumentos parten de haber analizado una muestra total de 4.169 interacciones en redes sociales de cuentas oficiales de medios de comunicación de alcance provincial y nacional en Facebook e Instagram.

El relevamiento tomó casos testigo en diferentes arenas políticas, como de la diputada nacional Myriam Bregman (2.920 mensajes de las redes de medios gráficos y portales de noticias), la diputada provincial misionera Paula Franco (813 mensajes en redes de medios provinciales de TV y portales de noticias) y la dirigente y exfuncionaria Sandra Giménez (436 mensajes en redes de radios provinciales).

Su presentación se inscribe en la agenda de divulgación regional que lleva adelante el Observatorio de la Trama Social de la Universidad de la Integración Sudamericana (UNISUD), espacio de investigación del cual es responsable.

Los resultados

La investigadora y analista de opinión pública detalla en su trabajo que entre el 59% y el 65% de los ataques provienen de perfiles masculinos, apoyados en la descalificación intelectual, la sexualización explícita y la animalización, con términos como “yegua” o “burra”.

En tanto, entre el 32% y el 35% de los agravios fueron emitidos por perfiles de mujeres, focalizados en impugnar méritos profesionales, sospechas de “acomodo” o lazos familiares bajo un techo de cristal retórico.

En su trabajo la maestranda en Comunicación, Cultura y Educación detalló que “mientras en figuras con agenda institucional y jurídica como Franco y Bregman el hostigamiento busca anular su autonomía profesional, asociándolas a vínculos familiares o patologizándolas como “locas”. En el caso de Giménez, la violencia viró hacia la agresión corporal y estética mediante burlas deshumanizantes sobre intervenciones físicas y envejecimiento”.

Complicidad

Añade otro aspecto, como la complicidad de quienes interactúan en las redes. “Los comentarios agresivos concentran masivamente reacciones de validación social como “me gusta” y “me divierte”, consumiendo el odio hacia las dirigentes como contenido de entretenimiento, mientras que las expresiones de rechazo –“me enoja”- registraron un 0% absoluto”.

La hostilidad

A su vez, constató una clara “asimetría de participación”. “La hostilidad no florece en las cuentas personales de las funcionarias, sino en los muros de los medios periodísticos donde la toxicidad prolifera sin moderación”.

Al advertir sobre el impacto colectivo que este fenómeno acarrea para la vida cívica, Chini remarcó la urgencia de desnaturalizar el acoso en las redes. Entienden que “Paula, Sandra, Myriam… podemos ser todas. Sin la participación activa, libre de violencia y con igualdad de recursos para las mujeres, la democracia provincial y regional siempre estará incompleta”.

No se tiene en cuenta el mensaje verbal

En una entrevista Carla Chini al ser consultada sobre su trabajo, explica que el análisis demuestra que cuando una mujer ocupa un espacio de relevancia institucional, como los casos analizados, los receptores de sus mensajes rara vez evalúan sus propuestas o discursos. Plantea que “las críticas se desplazan casi de inmediato hacia su aspecto físico, su vestimenta o sus roles familiares, si son madres, esposas o hijas”.

Sostiene que se emplean descalificativos de carácter animalesco o se les adjudican problemáticas de salud mental de forma infundada.

Añade que parte de los usuarios emite juicios tajantes a partir de unos pocos segundos de video o incluso con la sola visualización de un flyer o afiche publicitario, sin detenerse a escuchar el contenido del mensaje

Entiende que ello lleva a que las mujeres decidan apartarse de la política activa por agotamiento emocional o temor, generando una autocensura que empobrece la calidad democrática

 

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