Alumnas de la Epet 35 desarrollaron un bastón con sensor y una bobinadora de pickups
Una dificultad para desplazarse o el costo de un componente musical pueden convertirse en el punto de partida de un proyecto escolar. En la Epet 35 de Villa Bonita, las alumnas de sexto año pusieron sus conocimientos al servicio de esas necesidades y desarrollaron una bobinadora de pickups para guitarras eléctricas y un bastón con sensor para personas no videntes.
“Empezamos a principios de este año, con las investigaciones. La idea surgió de un profesor que tiene guitarras eléctricas y al que le gusta la música”, contó Karen Rodríguez, quien trabajó junto a María Rodríguez en la bobinadora, en diálogo con El Territorio
A partir de esa propuesta, ambas combinaron contenidos de electrónica y programación e incorporaron conocimientos nuevos durante el desarrollo. Para construir el prototipo probaron distintas alternativas y utilizaron una base de madera, piezas impresas en 3D, alambre fino de cobre esmaltado, cables y otros componentes. Le dedicaron dos o tres días por semana, además de aprovechar los talleres nocturnos.

“La función principal de la bobinadora es enrollar el alambre de cobre finito esmaltado en la estructura de un pickup, que es como un micrófono que está detrás de las cuerdas de la guitarra eléctrica”.
Estos componentes, también conocidos como pastillas, cuentan con imanes y un bobinado. Las vibraciones de las cuerdas alteran el campo magnético y generan una señal eléctrica que se lleva al amplificador. El equipo desarrollado por las estudiantes permite personalizar ese bobinado y controlar desde el celular, mediante una interfaz wifi, la cantidad de vueltas del alambre.
“Podemos poner la cantidad de vueltas que queramos, por ejemplo 5.000, 8.000 o 7.000, y que sea un bobinado irregular, que es lo que produce ese sonido tan característico de las guitarras”, detalló.
Además del aprendizaje técnico, la propuesta busca aportar una herramienta a quienes se dedican a la música. Durante el proceso, las alumnas contaron con la colaboración de docentes para resolver aspectos de programación y otras cuestiones del funcionamiento.
“Nos gustó la idea de colaborar con los guitarristas y también que pueda ser un posible emprendimiento para algún músico que quiera fabricar sus propias pastillas, ya que comprar una de buena calidad o de una buena marca es muy costoso”.
Mayor autonomía
Por su parte, Emilse Da Silva y Analuz Romaniuk desarrollaron un bastón con sensor a partir del intercambio con una persona no vidente de la zona. La experiencia con el bastón tradicional les permitió pensar en la incorporación de tecnología para detectar obstáculos sin necesidad de tocarlos directamente.
“Nuestro proyecto surgió mediante la necesidad de una persona no vidente de acá de la zona, que nos estuvo comentando un poco sobre el bastón tradicional. Se nos ocurrió incorporar tecnologías para mejorar la vida cotidiana de las personas no videntes”, relató Analuz.
El prototipo utiliza un sensor de ultrasonido que emite ondas sonoras. Estas rebotan en los objetos y regresan al dispositivo, que envía una señal a una placa electrónica. A partir de esa información, se activa una alerta sonora para advertir a la persona sobre el obstáculo que tiene adelante.
“Podemos ver las necesidades y dar una ayuda para que las personas puedan tener una mejor vida”, sostuvo.
Para concretar la propuesta, las estudiantes trabajaron con contenidos de robótica, soldadura e informática, acompañadas por Jonathan Barr, su profesor de Robótica. Si bien ya cuentan con un prototipo, también identificaron modificaciones que les gustaría incorporar para facilitar su uso.
“Nos gustaría implementar que el caño sea ajustable y que pueda ser más práctico para las personas”, adelantó.
Prácticas integradoras
Ambas iniciativas forman parte de las prácticas profesionalizantes del último año, el espacio que articula los conocimientos de las distintas materias. Según el proyecto, los estudiantes profundizan en electrónica, programación, electricidad o metalmecánica, con un trabajo que generalmente se extiende durante todo el ciclo lectivo.
“Los proyectos son una de las tantas formas de desarrollar las prácticas. Hay otros que son más metalmecánicos, pero siempre lo que vincula todas esas áreas son las prácticas profesionalizantes”, explicó Marcelo Maciel, director de la institución.
En la Epet 35, esa formación incluye tanto el desarrollo de proyectos como las pasantías. La aprobación de los trabajos forma parte de la evaluación de ese espacio curricular y permite aplicar los contenidos a necesidades concretas del entorno.
“Ellos hacen dos cosas: hacen pasantías y hacen proyectos. Hay escuelas que hacen una cosa sola; nosotros hacemos las dos”.
Además de la bobinadora y el bastón con sensor, el curso desarrolló un aserradero portátil, un arco sanitario vacuno, un arrancador de mandioca, una desgranadora y trituradora de maíz, una huerta hidropónica automatizada y una carpidora motopropulsada. Las ocho propuestas abarcan necesidades vinculadas con la producción, la música y la autonomía de las personas.