La construcción no repunta y los corralones reducen personal ante el derrumbe de las ventas
La crisis de la construcción sigue golpeando a los pequeños comercios que dependen del movimiento cotidiano de las obras y las refacciones. Los corralones, históricamente vinculados al crecimiento de los barrios y a la inversión de las familias en sus viviendas, atraviesan un escenario cada vez más complejo, con menos ventas, márgenes ajustados y reducción de personal.
La paralización de buena parte de la obra pública nacional, las dificultades para acceder a créditos y la pérdida del poder adquisitivo redujeron la demanda de materiales. En ese contexto, los comerciantes advierten que cada vez más clientes consultan precios, elaboran presupuestos y postergan las compras porque no cuentan con dinero suficiente para avanzar con sus proyectos.
En Balvanera, el responsable de un corralón, Hugo Romero, describió la magnitud del retroceso: “Las ventas a mí me cayeron entre un 30 y un 40%. La gente compra muy poco material, por ahí lleva lo justo y te pide precios”.
El comerciante explicó que la actividad cotidiana ya no garantiza ingresos suficientes para sostener la estructura del negocio. “Antes éramos ocho compañeros y ahora somos seis”, señaló, al describir el recorte de personal que debió realizar frente al deterioro de las ventas.
La situación refleja una dificultad que se extiende a buena parte del país, donde los comercios de materiales enfrentan una demanda debilitada, clientes que ajustan sus compras y mayores dificultades para sostener los costos. Aunque continúan las consultas y el movimiento comercial, muchas operaciones se reducen a lo indispensable y las ventas ya no alcanzan para mantener el ritmo de otros años. “Sentís que trabajás mucho, sentís que vendés, pero cuando hacés la cuenta se te va todo”, resumió Romero.
Menos obras, menos ventas y dificultades para sostener los negocios
La misma preocupación atraviesa a comerciantes de distintos puntos del país, que postergan inversiones y limitan los gastos para sostener sus negocios en un contexto de incertidumbre. Mauricio, vendedor de materiales, explicó que la caída de la actividad obliga a revisar cada decisión y reduce el margen para afrontar nuevos compromisos.
“Nos cuesta invertir en nosotros mismos y no nos queremos endeudar por miedo a que la situación empeore todavía más”, sostuvo. Según detalló, la retracción de las ventas condiciona el funcionamiento cotidiano y dificulta planificar inversiones, renovar herramientas de trabajo o afrontar imprevistos.
La situación tiene un impacto que va más allá de los mostradores. Los corralones forman parte de una cadena que incluye fabricantes, transportistas, distribuidores, albañiles, electricistas, plomeros y otros trabajadores vinculados a la actividad. Cuando las familias postergan una refacción o una obra se paraliza, el efecto se extiende a distintos rubros y fuentes de empleo.
La reducción de la obra pública nacional también limita una fuente importante de demanda para los proveedores de materiales. A esto se suma el freno de las pequeñas construcciones particulares, que durante años permitieron sostener buena parte del movimiento comercial de los barrios.
Los números oficiales confirman el retroceso
Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos muestran que la actividad de la construcción cayó un 4,4% interanual en agosto de 2026. Aunque el indicador acumuló una mejora del 0,8% entre enero y agosto, la comparación con el mismo mes del año anterior refleja las dificultades para consolidar una recuperación.
El retroceso también alcanzó a numerosos insumos esenciales. En agosto, el consumo aparente de asfalto disminuyó un 18,4% interanual; el yeso, un 17%; las cales, un 13%; y los pisos y revestimientos cerámicos, un 11,9%.
Los ladrillos huecos registraron una caída del 9,7%, mientras que el cemento portland y el hierro redondo y los aceros para la construcción retrocedieron un 8,1% en ambos casos.
Estos indicadores permiten dimensionar el freno de la actividad. La menor demanda de materiales no solo afecta a las empresas constructoras, sino también a los comercios que dependen de las compras de particulares y de las pequeñas obras para sostener sus ingresos.
Construir cuesta más y vender resulta cada vez más difícil
Uno de los principales problemas para el sector es que la caída de las ventas convive con costos que continúan presionando sobre la actividad. La mano de obra, los servicios y los gastos de reposición y logística dificultan la rentabilidad de los comercios, incluso cuando los volúmenes comercializados son menores.
Para las familias, la situación también representa un obstáculo. La pérdida de capacidad de compra obliga a priorizar gastos esenciales y deja las mejoras de la vivienda para más adelante. Refaccionar un baño, levantar una habitación o cambiar un techo se convierte en una inversión difícil de afrontar cuando los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos cotidianos.
En este escenario, los comerciantes reclaman condiciones de financiamiento más accesibles y señales que permitan recuperar la inversión. Sin una mejora sostenida de la demanda y de la actividad constructora, las posibilidades de recomponer las ventas continúan limitadas.
La crisis de los corralones muestra así una de las consecuencias de la retracción económica: detrás de los indicadores sectoriales hay negocios que reducen sus plantillas, trabajadores que pierden puestos y familias que postergan proyectos para sus hogares. Mientras la recuperación no llegue al mostrador, el movimiento comercial seguirá lejos de los niveles que necesita el sector para volver a crecer.