La morosidad crece en Misiones y los créditos pequeños concentran el mayor nivel de incumplimiento

El economista Darío Díaz advirtió que el aumento de los atrasos en el pago de préstamos dejó de ser un problema individual y puede convertirse en un riesgo sistémico. En Misiones, los mayores niveles de mora aparecen en créditos de montos reducidos, mientras crecen las deudas tomadas a través de billeteras y entidades financieras no bancarias.
jueves 20 de agosto de 2026 | 15:42hs.

El crecimiento de la morosidad en el sistema financiero argentino comienza a mostrar una dimensión que excede las decisiones individuales de quienes toman un préstamo. En Misiones, el fenómeno adquiere características particulares. Según últimos datos, los mayores niveles de incumplimiento se concentran en créditos de montos relativamente pequeños, pero que muchas veces se acumulan entre diferentes billeteras virtuales, financieras y entidades no bancarias.


El economista Darío Ezequiel Díaz, doctor y postdoctor en Ciencias Económicas y magíster en Ciencias de Datos, analizó la evolución de la morosidad a partir de información pública del Banco Central y advirtió que el fenómeno requiere una mirada macroeconómica. Según explicó, la mora en el sistema formal pasó de ubicarse históricamente en torno del 3% o 4% a alcanzar el 11,28% en abril de 2026.


“Cuando tanta gente incurre en crédito y en la falta de pago, ya estamos hablando de algo macroeconómico”, sostuvo en Acá te lo Contamos por Radioactiva 100.7 y consideró que la magnitud del fenómeno comienza a configurar un riesgo sistémico para la economía.


Pequeñas deudas


Uno de los aspectos que más llama la atención en el caso misionero es la concentración de la morosidad en los préstamos de menor monto. Díaz señaló que, de acuerdo con los datos analizados, en la primera categoría - que comprende créditos de aproximadamente entre $25.000 y $123.000- presenta una mora cercana al 27%.


En el segmento siguiente, correspondiente a préstamos de entre $123.000 y $300.000, la mora alcanza alrededor del 20%. De esta manera, una parte importante de los incumplimientos se concentra en personas que accedieron a montos relativamente bajos.


Según explicó el economista el problema no necesariamente está en el tamaño de cada deuda sino en la posibilidad de que una misma persona acumule varios préstamos con distintos acreedores. “Vos tenés montos chicos, pequeños, pero de muchos acreedores”, explicó. “Una persona puede tener, por ejemplo, créditos de $50.000, $100.000 o $200.000 en diferentes billeteras y entidades, sin que necesariamente exista un cruce inmediato de toda esa información”.


La situación se diferencia del sistema bancario tradicional, donde existen mayores requisitos para acceder a un préstamo y las entidades cuentan con mecanismos más desarrollados para evaluar la capacidad de pago de sus clientes.


Díaz indicó que quienes se financiaron exclusivamente mediante bancos presentan una mora cercana al 6%, mientras que el problema adquiere mayor dimensión cuando se incorporan otros canales de financiamiento.


Tasas altas 

Detalló que el crecimiento de la morosidad es el fuerte aumento del costo financiero. Díaz mencionó casos en los que el Costo Financiero Total (CFT) informado por algunas aplicaciones alcanza el 185%, 250% o incluso 480%. También señaló haber encontrado un caso con un costo financiero total cercano al 1.100% para un préstamo de apenas $150.000 o $250.000.


La diferencia entre la tasa de inflación y el costo de algunos créditos genera, de acuerdo con su análisis, una situación especialmente compleja. “En un escenario de desinflación, pero con tasas de interés reales positivas, las cuotas dejan de perder peso con el paso del tiempo y pueden transformarse en una carga cada vez más difícil de sostener”.


“Cuando estamos hablando de una tendencia creciente y que se quintuplicó en el último año y medio, hay algo que está sucediendo”, planteó.


El especialista también remarcó que la carga financiera mensual sobre los ingresos habría pasado de representar aproximadamente el 8% a cerca del 24%. En un contexto en el que los salarios no acompañaron el ritmo de los precios, esa diferencia puede explicar parte de las dificultades para afrontar las obligaciones.


El nuevo papel de las billeteras


El crecimiento de las entidades financieras no bancarias y de las billeteras digitales modificó además la forma en que los argentinos acceden al crédito.


Díaz explicó que estas empresas utilizan grandes volúmenes de información y herramientas de aprendizaje automático -machine learning- para estimar la probabilidad de incumplimiento de cada usuario.


A partir de variables como ingresos, movimientos de dinero, ubicación y comportamiento financiero, las plataformas pueden calcular el riesgo de que una persona no devuelva el préstamo. Ese riesgo luego puede trasladarse al costo del crédito.


El economista vinculó este mecanismo con el concepto de “selección adversa”: en lugar de negar directamente el préstamo a una persona considerada riesgosa, la entidad puede otorgárselo pero aplicando una tasa considerablemente más elevada para compensar la posibilidad de incumplimiento.


El resultado, advirtió, puede terminar generando un círculo difícil de romper: una persona con menor capacidad de pago accede a un crédito caro, luego necesita otro préstamo para afrontar el anterior y finalmente acumula obligaciones con distintos acreedores.


Con o sin intervención estatal 


Frente a este escenario, Díaz cuestionó la idea de que la morosidad sea exclusivamente una cuestión entre privados. Manifestó que mientras el fenómeno se mantuvo dentro de niveles históricos podía ser interpretado principalmente como una cuestión individual. Sin embargo, cuando alcanza a una proporción significativa de la población, comienza a tener consecuencias sobre el conjunto de la economía.


“La responsabilidad individual existe”, aclaró, pero sostuvo que cuando el fenómeno se multiplica y afecta a millones de personas, “ya estamos hablando de un riesgo sistémico”.


El economista también advirtió sobre el denominado “riesgo moral”. Señaló que se trata de un eventual salvataje indiscriminado que podría generar incentivos para que deudores o entidades financieras vuelvan a asumir comportamientos riesgosos esperando una futura intervención estatal.


Por eso, planteó que cualquier respuesta debería ser integral y contemplar tanto a quienes tomaron los créditos como a quienes los otorgaron. 


Regulación y experiencias internacionales


Como posibles antecedentes, Díaz mencionó medidas adoptadas en países como Japón, Chile y Reino Unido. Entre ellas aparecen límites a determinadas tasas de interés, mayores exigencias de información para los consumidores y mecanismos destinados a evitar que las personas queden atrapadas durante períodos prolongados en deudas de difícil cancelación.


También destacó experiencias de Noruega y Corea del Sur relacionadas con la información previa al otorgamiento del crédito. La propuesta consiste en que el consumidor pueda conocer de manera clara y sencilla cuánto dinero recibe y cuánto deberá devolver finalmente, sin depender exclusivamente de conceptos técnicos como el CFT.


Otra alternativa mencionada fue establecer períodos de gracia o esquemas de refinanciación para quienes atraviesan dificultades temporales, de manera que puedan reordenar sus finanzas antes de volver a afrontar las cuotas.


Para Díaz, el debate no debería centrarse únicamente en si una persona fue responsable o irresponsable al endeudarse. También debería analizarse qué mecanismos permiten que una persona con dificultades económicas pueda acceder simultáneamente a varios créditos de alto costo.


El escenario que observa el economista plantea así un desafío que excede a las familias endeudadas. Si la morosidad continúa creciendo y la cadena de pagos comienza a romperse, el problema puede trasladarse desde los hogares hacia las empresas, las entidades financieras y finalmente hacia toda la economía.


En Misiones, donde los mayores niveles de mora aparecen precisamente en los créditos de menor monto, el fenómeno adquiere una particular dimensión: muchas deudas pequeñas pueden terminar conformando un problema financiero de gran escala.

 

¿Que opinión tenés sobre esta nota?