Los policías imputados siguen trabajando

“A ningún ser humano se le hace lo que me hicieron y quiero justicia”

Hace cuatro años, un móvil policial persiguió y abandonó agonizando a Agustín Ramírez, de 27 años. Por el hecho, el joven obereño padece una discapacidad del 80 por ciento
domingo 16 de agosto de 2026 | 6:05hs.
“Ya me dijeron que no voy a ser el Agustín de antes”: secuelas de por vida.
“Ya me dijeron que no voy a ser el Agustín de antes”: secuelas de por vida.

“Me duele mucho no verle a mi hija, pero sé que no puedo darle nada. Por lo que me pasó, perdí a mi familia y mi hija es lo más importante”, reflexionó Agustín Ramírez (27), con evidente esfuerzo por hacerse entender, secuela de las gravísimas lesiones que pusieron en riesgo su vida.

Esa noche del 16 de agosto de 2022, hace cuatro años, regresaba de trabajar en moto cuando una patrulla policial inició una persecución irregular, ya que lo sorprendieron con una patrulla sin luces reglamentarias, lo que derivó en su despiste y posterior abandono.

A consecuencia del impacto contra el empedrado, Ramírez padeció fractura de cráneo y múltiples lesiones que derivaron en una discapacidad permanente del 80 por ciento.

Los policías imputados son el oficial subayudante Nicolás Maximiliano Skripchuk (28), el sargento primero y chofer Ariel David Canteros (48) y la agente Camila Betiana Canteros (27).

En principio, los citados serán juzgados por “lesiones culposas gravísimas en accidente de tránsito agravadas por incumplimiento de los deberes de funcionario público y omisión de deberes de oficio”, carátula que contempla penas de prisión efectiva e inhabilitación para ejercer cargos públicos.

En noviembre del año pasado la fiscal de Instrucción Dos de Oberá, Myriam Estela Silke, oficializó el pedido de elevación a juicio, lo que aún no prosperó por recursos defensivos e inquieta a la víctima y su familia. Mientras tanto, los policías implicados continúan prestando servicio.

Agustín Ramírez contó detalles de su dura recuperación y su día a día, al tiempo que subrayó: “A ningún ser humano se le hace lo que me hicieron y quiero justicia”.

Apoyo familiar

En diálogo con El Territorio, precisó que lo último que recuerda es que esa noche salió de la frutería donde trabajaba. El resto fue borrado por el terrible impacto que le destrozó el cráneo, por lo que tuvieron que colocarle una prótesis.

“Dos años no pude hacer nada porque estuve postrado. Mi doctora me dijo que la mayoría de los que pasan por esto no pueden volver a caminar. Doy gracias a Dios que voy evolucionando con apoyo de mi familia y los profesionales, pero ya me dijeron que no voy a ser el Agustín de antes”, reconoció con una mueca de tristeza. Con dificultades para caminar y en el habla, lamentó que luego del hecho perdió contacto con su pequeña hija. A su vez, destacó el incondicional apoyo de sus padres y hermanas.

“Mi familia no me dejó tirado. Me dicen que yo soy un ángel, por todo lo que me pasó. Tuve que ser como un bebé: aprender a hablar, a expresarme”, recordó.

A su lado, su papá Juan Ramírez contó que Agustín siempre trabajó y lucho por su familia.

“Él había comprado arena y piedra para hacer su baño, y esa noche iba a llevar la arena para adentro… y ahí quedó”, lamentó.

Pedido de justicia

El siniestro que se investiga se registró la noche del 16 de agosto de 2022, sobre calle Catamarca, entre Urquiza y Quintana, en Villa Vick de Oberá.

En base al expediente, Juan Ramírez reconstruyó el despiste y posterior abandono de la víctima.

“Cuando se cayó, los policías estuvieron un minuto, pero como Agustín no se movió, retrocedieron y se fueron. Según testigos, volvieron a la hora preguntando si alguien vio algo. Alumbraron la parte baja del paragolpes, seguramente buscando algún raspón. Y se reían”, detalló.

Ante la fuga de la patrulla del Comando Sur, resultó clave al accionar de personas que pasaron por el lugar y asistieron al joven.

“Se estaba ahogando con su sangre y le dieron vuelta para que no se ahogue. Gracias a esa gente se salvó”, destacó.

Contó que su hijo fue trasladado al Hospital Samic, donde un médico fue lapidario: “Nos dijo que le pasemos a ver porque le quedaba una hora de vida, más o menos. La verdad que fue muy crudo, un golpe muy grande”.

“El día a día de los partes médicos no nos daban esperanza, y eso la verdad que me afectó mucho. Estuvo 16 días en terapia, pero gracias a Dios se fue recuperando”, ponderó.

Caso Agustín Ramírez
En noviembre pasado, la Fiscalía pidió la elevación a juicio para los policías. Foto: archivo

Asimismo, destacó el aporte de testigos que declararon en la causa, sobre todo un menor que entonces tenía 11 años.

“Mucha gente tiene miedo porque hay policías implicados. Pero esta familia se jugó, y el chico con más razón. No se acobardaron y hablaron”, remarcó.

Cuestionó que los policías imputados sigan trabajando y hagan una vida normal, mientras que Agustín padece una severa discapacidad.

“Siendo funcionarios públicos, hicieron lo que no hace ni un delincuente. Tendrían que haber parado y llamado una ambulancia, pero lo dejaron abandonado porque pensaron que estaba muerto. Lo único que pido es que se haga justicia”, agregó.

Testigo en riesgo

Tal como mencionó Juan Ramírez, en el expediente se destaca una pieza clave: el relato del menor que observó el accionar policial.

Pero el compromiso y la valentía de la familia no fueron gratis, tal como dejó asentado la madre en sede judicial.

“Quiero aclarar que esta va a ser la última vez que traigo a mi hijo a declarar. Yo quiero que se haga justicia, pero mi hijo tiene terror a los policías a raíz del hecho. Mi hijo no duerme por las noches, bajó sus notas en la escuela y tiene mucho miedo. Sabemos que los policías están en libertad y tenemos miedo”, alertó la señora.

De esta manera cerró su declaración el 8 de noviembre del 2022 ante el juez de Instrucción Dos de Oberá, Horacio Alarcón, ocasión en que la mujer corroboró la versión de su hijo y aportó varios datos sensibles para la causa.

Por ejemplo, aseguró que la misma noche del hecho, el sargento primero Ariel David Canteros fue a su casa y le preguntó si había visto algo, siendo que el citado fue quien manejaba el móvil implicado y es uno de los tres imputados.

Además, contó que una vez que la ambulancia trasladó a la víctima al Hospital Samic, Canteros y los otros integrantes de la patrulla “alumbraban el paragolpes del móvil como viendo si había marcas”, al tiempo que después “vi que los tres se acercaron a la moto y los tres se rieron fuerte a las carcajadas”.

“Tenía apagadas las luces”

Ante la policía y en sede judicial, el menor declaró sin contradicciones y notable firmeza. Contó que esa noche su mamá le pidió que vaya a comprar a un kiosco cuando observó la secuencia que marcó su vida.

“Yo estaba a unos 50 metros, la moto venía rápido y la Policía venía atrás, venía cerca de la moto y la moto cayó, chocó contra un cordón y la moto voló y el chico cayó. Cuando cayó el muchacho de la moto, la Policía estaba cerquita de la moto y dio marcha atrás y se fue por la derecha, por la calle Quintana. Estaba solo yo viendo cuando pasó todo, y ahí le avisé a un vecino que llame a la ambulancia”, precisó.

Reconoció que se asustó mucho porque “el que manejaba la moto estaba quieto, como que estaba muerto”.

“Después, cuando comenzaron a llegar los vecinos, el chico comenzó a gritar de dolor, en eso mi mamá salió fuera de la casa y me mandó dentro”, recordó.

Sobre la persecución, mencionó que “el móvil de la Policía estaba a un metro más o menos de la moto cuando le estaba siguiendo, y cuando la moto chocó contra el cordón la Policía estaba a unos tres metros, más o menos. En ese momento que la moto choca el cordón, la Policía que venía circulando en el mismo sentido, pone marcha atrás y se va”.

Consultado al respecto, no supo precisar si la moto y la patrulla tenían luces, pero afirmó que “la sirena estaba apagada, la Policía tenía apagadas las luces de arriba, las luces azules”.

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