El dolor persistente requiere una consulta médica

Por qué el frío intensifica los dolores articulares y musculares

El descenso de la temperatura no provoca daño estructural, pero puede agravar síntomas en personas con patologías previas. Mantenerse activo es clave.
domingo 28 de junio de 2026 | 5:30hs.
Joaquín Velázquez. Kinesiólogo
Joaquín Velázquez. Kinesiólogo

Con la llegada del invierno, muchas personas aseguran que aumentan los dolores musculares y articulares y suelen atribuir esas molestias únicamente a las bajas temperaturas. Sin embargo, el frío por sí solo no provoca lesiones, sino que intervienen distintos mecanismos que intensifican los síntomas en quienes ya presentan alguna vulnerabilidad previa.

“El aumento de los dolores osteoarticulares durante los días fríos es un fenómeno ampliamente documentado en la práctica clínica, aunque a menudo se confunde el origen: el frío en sí mismo no genera daño estructural ni lesión de forma directa, sino que altera la biomecánica y la percepción del dolor en tejidos que ya presentan alguna vulnerabilidad previa”, explicó el kinesiólogo Joaquín Velázquez, jefe del Servicio de Rehabilitación del Hospital Madariaga.

En este sentido, uno de los factores que influye es la variación de la presión barométrica. Al disminuir la presión ambiental, los tejidos blandos periarticulares, como músculos, tendones y la cápsula sinovial, tienden a expandirse microscópicamente. Mientras que en una articulación sana este cambio resulta imperceptible, en aquellas con pérdida de cartílago o procesos inflamatorios crónicos, el espacio intraarticular es menor.

Como consecuencia, esa expansión incrementa la presión dentro de la articulación y estimula directamente a los mecanorreceptores y nociceptores, es decir, los receptores del dolor. Además, estudios neurofisiológicos demuestran que las terminales nerviosas libres en articulaciones con patologías previas presentan una regulación al alza de canales iónicos sensibles al frío.

Por otra parte, el profesional sostuvo que las bajas temperaturas afectan únicamente a las personas que presentan algún tipo de lesión tisular real. A ello se suma un factor conductual importante: durante los días fríos suele aumentar el sedentarismo, lo que reduce el estímulo del bombeo circulatorio y la producción natural de líquido sinovial mediante el movimiento.

De esta manera, se genera un círculo vicioso que exacerba el cuadro doloroso. Los dolores articulares son los más frecuentes, principalmente porque las personas permanecen más tiempo sin moverse.

“La recomendación principal es mantenerse activo. Todo el tiempo que pueda, como pueda y lo que su cuerpo se lo permita. El aislarse y quedarse inmóvil no hará más que aumentar los dolores”.

Asimismo, indicó que la aplicación de calor, mediante la termoterapia, actúa de forma directa revirtiendo los mecanismos fisiopatológicos que desencadena el frío. En el ámbito kinésico se utiliza como una herramienta para modular el dolor y preparar los tejidos, aunque aclaró que el calor no cura, sino que únicamente alivia los síntomas.

En cuanto a las señales de alerta, señaló que cuando una actividad cotidiana que habitualmente ayuda a disminuir las molestias provoca un aumento del dolor o genera irradiación hacia otra zona del cuerpo, es importante consultar con un médico.

“La mejor opción es tener un programa de ejercicios terapéuticos a medida de cada persona para continuar en actividad durante todo el año. Si no se realiza ningún tipo de terapia durante temperaturas más amigables, cuando llega el frío es más difícil”, agregó el especialista.

Y reiteró: “Lo más importante es entender que la aplicación de calor no cura el problema, sólo alivia los síntomas”.

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