Fenómeno global y analógico que se extiende en Posadas

Gira el círculo negro o la liturgia del álbum de vinilo. Get back

miércoles 20 de mayo de 2026 | 6:08hs.
Como todo vuelve, lo que era antiguo pasó a ser nuevamente valorado. Sonidos, joyas y búsquedas que a veces tienen final feliz. 	Foto: Marcelo ROdríguez
Como todo vuelve, lo que era antiguo pasó a ser nuevamente valorado. Sonidos, joyas y búsquedas que a veces tienen final feliz. Foto: Marcelo ROdríguez

La experiencia táctil y visual de sostener el álbum es lo que seduce al audiófilo por eso el melómano toma la pieza redonda entre sus manos, la coloca en el plato. Con cuidado deposita la púa en el surco y en ese momento sucede la magia. No importa cuándo fue que los intérpretes grabaron el disco porque a partir de ese momento la música se apodera de todo el ambiente.

La placa circular de vinilo no es lo único. La tapa del disco de vinilo también es importante, tiene un arte, un diseño que forma parte de la estética, del concepto del álbum. A veces es simple y otras, la cubierta se abre como un libro. El disco, su cubierta, el orden de los temas, la data, los detalles forman parte del ritual de escucha y disfrute.

En Rincón Musical, la esquina más melómana de Posadas, Celio Clausen da cuenta del regreso del vinilo y muestra una batea de ofertas. Fotos: Marcelo Rodríguez 

 

Para el musicómano el vinilo es un tesoro. Lo acerca a sus intérpretes favoritos de una manera más concreta y palpable que una playlist. Puede ser una filarmónica interpretando música clásica en una sala consagrada, una banda legendaria como The Beatles, el último de Milo J, un concierto en vivo de los Rolling, una vieja grabación de blues o jazz o Papota de Paco y Ca7riel.

El amante de la música en su ritual de escucha no sólo pone un vinilo, se siente parte de una experiencia que reedita el momento en el que se gesta la canción.

Lazaro, levántate y anda

El disco de vinilo que ya había recibido su acta de posible defunción ahora vive un revival, ha resucitado. Después de su apogeo y ante nuevas tecnologías, crisis de la industria discográfica mediante, no fueron pocos los que se deshicieron de ellos, a veces tirándolos a la basura o regalándolos. Los tocadiscos que eran un mueble más de las casas resultaron un objeto en desuso. Internet se comió muchas formas de consumir cultura, pero como todo vuelve, aquello que era cosa antigua hoy es cool.

Cada hallazgo es un tesoro de colección para el fan del vinilo. 

 

Volvieron los discos, que en realidad nunca se fueron, y se consiguen bandejas y equipos de audio y sonido, se consiguen discos de vinilo en disquerías, en ferias, en puestos de diarios, a través de internet. Hay quien intercambia. Hay usados de época y nuevas grabaciones como también reediciones.

No soy un extraño

En Posadas, El Territorio, fue a un par de lugares. Primero a la emblemática esquina de San Lorenzo y Córdoba, donde la música tiene su Rincón de la mano del mítico Celio Clausen. Allí entre bateas, instrumentos musicales, posters de bandas, CD y remeras temáticas, el anfitrión explica que los discos volvieron, que hay clientes que volvieron y los audiófilos buscan reediciones y discos nuevos, que la posibilidad de contar con reproductores de cada vez mejor calidad permite que los fanas revivan la experiencia. Que el público joven que no conoció ese sagrado momento de comprar el disco y no dar más de ganas de hacerlo sonar, ahora puede disfrutar de esa sublime ansiedad.

Los precios oscilan alrededor de los $50.000 explica Celio. Los hay más caros y más baratos, pero ese es el promedio.

Celio tiene bateas de usados que suelen ser aportados por amigos que los dejan para que el chamán cultural redistribuya la magia.

Ivana Alegre, en su local Forastera, tiene discos nuevos y usados que son requeridos por todas las generaciones. 

 

Nos vamos unas cuadras del centro para encontrar en Colón, entre Tucumán y Santiago del Estero, en Forastera, a Ivana Alegre. Entre libros y pósters, entre cds y vinilos, recibe al Terri. Ella vende material de disquería y también usados. Con contactos en varias ferias de Buenos Aires que trabajan con lotes, dispone de material de época. “Algunos prefieren esos discos, porque sienten que suenan mejor que las reediciones actuales, si no lo consiguen se quedan con los discos recientemente fabricados”.

Lo económico también pesa. La melomanía es una pasión cara, y los usados suelen ser una alternativa más barata, a veces.

Con respecto a quienes buscan vinilos, Ivana explica que “cuando comencé hace un par de años, venían los más 40, pero ahora ya no hay un rango. Entre los clientes la franja etaria se amplió. Me compra gente de 15, de 20, y más grandes”.

Referencia que sus precios van desde los $10.000 en el caso de los “discos viejos” y los más nuevos 20.000. Las reediciones $40.000. Los usados se los trae gente de Posadas y sus proveedores porteños. “Es toda una exploración”.

Parte del aire

En la ciudad funcionan ferias, puntos de encuentro para compartir algo de tomar y discos, quizás para actualizar ese momento que los jóvenes se congregaron en torno al tocadiscos para oír por primera vez ese disco recién comprado.

En el caso de los usados, hay códigos de honor. No se puede vender un disco rayado, que no suene bien, o al menos se debe advertir al comprador que tiene mucho ruido, o tal tema “salta”.

Existe una nomenclatura universal para clasificar los usados, la escala Goldmine. Mo N es el disco que no ha sido escuchado. NM pudo haber sido usado pero no se percibe que lo haya sido. VG + es un disco que se nota el uso pero se conserva muy bien. VG (Very Good) significa que el disco está bien pero las marcas de uso se evidencian en la tapa como en el sonido. G representa riesgo, el ruido es continuo y fuerte, sin saltos. F ó P representa a esos discos que están muy rayados, doblados o rotos y su reproducción es muy dificultosa. Su valor es ínfimo.

El de los melómanos y sus manías es un capítulo aparte que merece un trato especial. 

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