Pozo Azul: padres impulsan la creación de un aula satélite y estiman que podría funcionar en un mes
En el paraje San Isidro, en Pozo Azul, un grupo de padres decidió transformar la preocupación en acción. Frente a la falta de respuestas inmediatas y las dificultades que enfrentan sus hijos para asistir a clases, impulsan la creación de un aula satélite que podría comenzar a funcionar en aproximadamente un mes.
Actualmente, cerca de 30 niños en edad escolar no pueden concurrir con regularidad a la escuela más cercana, la N° 108 ubicada en el kilómetro 80, a unos 18 kilómetros de distancia. El trayecto, agravado por el mal estado de los caminos, se vuelve prácticamente intransitable, especialmente en días de lluvia.
Ante este panorama, las familias avanzaron con la construcción de un aula de madera, financiada con recursos propios, que ya se encuentra en su etapa final. La iniciativa no solo busca dar una solución inmediata, sino también garantizar la continuidad educativa de los estudiantes que hoy ven interrumpido su ciclo lectivo.
El pasado 19 de marzo se llevó a cabo una reunión clave en el paraje, donde participaron padres, docentes y autoridades educativas. Estuvieron presentes la directora de la Escuela N° 108, Laura Raquel Ragazzon, y la secretaria de la Supervisión Regional VIII de Bernardo de Irigoyen, en representación de la supervisora María Cristina Caraballo. Las autoridades recorrieron las instalaciones, registraron el avance de la obra y dialogaron con los vecinos sobre los requisitos necesarios para la habilitación formal del aula.
Entre los puntos abordados, se destacó la necesidad de contar con docentes designados y mobiliario básico como mesas, sillas, pizarrones y elementos escolares indispensables. Además, se analizó la situación del terreno donde se construye el aula, donado por un vecino, pero aún sin mensura. En ese sentido, los padres se comprometieron a gestionar su regularización ante los organismos correspondientes, incluso viajando a Posadas si fuera necesario.
Otro aspecto central fue garantizar la permanencia de los docentes en el lugar durante la semana. Para ello, el vecino Ramón Tavares ofreció su vivienda y propuso acondicionar un espacio para alojar al maestro, iniciativa que también será llevada adelante de manera comunitaria.
Asimismo, se inspeccionó una vertiente cercana que podría abastecer de agua al establecimiento, un recurso fundamental para su funcionamiento.
El presidente de la comisión vecinal, Erico Miranda, destacó el acompañamiento de las autoridades y el compromiso de la comunidad. “La reunión fue muy buena. Una vez que tengamos el aula lista y consigamos sillas, mesas, pizarrón, bandera, todo eso que no tenemos, si va todo bien, en un mes podrían empezar las clases”, señaló.
En paralelo, los vecinos continúan organizando actividades para recaudar fondos. El último fin de semana realizaron una fiesta comunitaria con gran convocatoria, que permitió reunir más de dos millones de pesos. “La fiesta salió muy bien. Ese dinero lo vamos a usar para comprar una motobomba, tanque de agua, torre y mangueras, que son fundamentales para que la escuela pueda abrir”, explicó Miranda.
La iniciativa de San Isidro refleja el esfuerzo colectivo de una comunidad que, ante la urgencia, decidió construir su propia respuesta para garantizar un derecho básico: el acceso a la educación.