Nadia Flores es oftalmóloga infantil y advirtió sobre los riesgos
“No ve el pizarrón”: la señal de alerta sobre el uso excesivo de las pantallas
“Mi hijo ve borroso el pizarrón”, “se queja de dolores de cabeza”, “no llega a escribir, tarda en copiar”. Esas son algunas de las frases que más escuchan los profesionales en las consultas oftalmológicas pediátricas relacionadas a la aparición de miopías. ¿El problema de fondo? La exposición prolongada a las pantallas cada vez desde más corta edad, una problemática que se evidencia desde antes de la pandemia del 2020, pero que se potenció a partir de ella.
Las pruebas son palpables y cotidianas. En los parques, en el transporte público, en las casas se observa a chicos con el rostro pegado a los dispositivos viendo videos o jugando videojuegos, inclusive niños menores de 4 años. En ese sentido, la Sociedad Argentina de Oftalmología Pediátrica indica que hasta los 2 años el contacto con los dispositivos debe ser nulo, desde esa edad hasta los 5 debe reducirse a apenas una hora al día, en tanto, desde los 6 años se deben establecer límites estrictos de exposición. Es más, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 50% de la población será miope en 2050.
Pantallas y miopía
“Hay una estrecha relación en el consultorio cuando vemos pacientes que están expuestos a dispositivos celulares o pantallas, por ejemplo, computadoras, donde la distancia de enfoque es cercana”, explicó a El Territorio Nadia Flores (MP. 4969) oftalmóloga infantil y especialista en estrabismo de adultos y niños.
La especialista detalló que esta exposición está especialmente asociada a la aparición de miopía. “La relación estrecha es con las miopías. Hay miopías que hasta se llaman falsas miopías, con respecto a que hay un espasmo de acomodación”, indicó. Esto ocurre porque el ojo realiza un esfuerzo constante para enfocar de cerca, lo que luego dificulta la visión lejana. “Los celulares entrenan al ojo a ver de cerca y los niños no ven luego el pizarrón o ven borroso después de horas con el celular”, afirmó.
En el consultorio, detalló Flores, el diagnóstico comienza con un estudio llamado autorrefractometría, que permite medir la graduación del ojo. “Con el primer informe que viene de ese estudio ya me doy cuenta que usan celular, pues ahí me aparece una miopía y ya sé cuál va ser la respuesta de los padres”, sostuvo. Y agregó que, ante la consulta, los padres suelen reconocer que los niños pasan “de tres a cinco horas” con el dispositivo, muchas veces mientras ellos trabajan.
Frente a este escenario, Flores fue contundente: “Primero la recomendación a los padres es que no le compre el celular porque es muy difícil que se ponga un límite un niño”. Y remarcó que, ante los primeros síntomas, la indicación principal es reducir el uso de pantallas y aumentar el tiempo al aire libre.
“Al darle el consejo de la exposición al aire libre, hace que el ojo ya se relaje, que empuje a diferentes distancias en los niños, además la luz en el día produce un equilibrio en el crecimiento del ojo”, explicó. De hecho, señaló que en controles posteriores muchos niños presentan mejorías e incluso desaparecen estas “falsas miopías” cuando el problema es reciente.
La diferencia también se observa entre estilos de vida. “Hay una prevalencia de miopía importante en aquellos niños que están con una vida sedentaria y con los dispositivos celulares o tablets”, advirtió.
Además de la miopía, el uso excesivo de pantallas genera otros problemas como la disminución de la frecuencia del parpadeo que termina produciendo el ojo seco. Esto se traduce en enrojecimiento, molestias y el hábito de frotarse los ojos. “No parpadean, quedan así como absortos mirando y no parpadean y eso al ojo tampoco le hace bien”, agregó la profesional.
En algunos casos, las consecuencias pueden ser más graves y relacionado a esto la especialista relató situaciones clínicas concretas que vio en su consultorio: una niña de 6 años con una miopía de “ocho puntos” que desapareció tras suspender el uso de pantallas y aplicar tratamiento, y un niño que, luego de usar el celular nueve horas diarias durante dos meses, comenzó a ver doble. “Vio borroso, vio doble durante tres meses y tuvo que requerir una cirugía”, contó.
Pérdida de las relaciones
Para Flores, el problema excede lo estrictamente visual. “Más allá del chupete electrónico, es un alejarse de lo que es lo cotidiano de la familia y el disfrute del detalle en la casa”, reflexionó. Y añadió: “Si estás con un niño, un adolescente con el celular, más allá de que esté produciéndose una alteración en el ojo, también están más lejos nuestro”.
En esa línea, destacó la importancia de fomentar otras actividades como el juego, el dibujo o la lectura, hábitos que -según observó- se fueron perdiendo. “Me doy cuenta de los niños que están con los dispositivos tienen esa necesidad de jugar con el adulto”, señaló.
Entre las señales de alerta, mencionó el frotarse los ojos, el parpadeo frecuente, el enrojecimiento y los dolores de cabeza. “Más allá de ponerles alguna gotita lubricante, primero vayan al médico, al oftalmólogo”, recomendó.
Finalmente, advirtió que esta problemática no es nueva, pero se intensificó en los últimos años. “Esta tendencia se ve más en el consultorio desde antes de la pandemia, pero la pandemia lo agravó más”, afirmó. Y subrayó la importancia de prestar especial atención en niños con antecedentes familiares: “Si alguien tiene los papás con miopías, los hijos tienen que tener mayor cuidado aún con las pantallas”.
Así, entre hábitos cotidianos y cambios de comportamiento, la especialista insistió en que la reducción del tiempo en las pantallas y tiempo al aire libre son la clave para cuidar la salud visual en la infancia.
En cifras
50%
El problema es de tal importancia sanitaria que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 50% de la población será miope en 2050.
0 a 2
La Sociedad Argentina de Oftalmología Pediátrica indica que hasta los 2 años el contacto con los dispositivos debe ser nulo. Hasta los 5 apenas, una hora al día.