Remar contra todo y llegar: la consagración de un referente misionero
Cardozo: “Sabemos que somos motivación para los chicos del club”
Damián Cardozo repasó el recorrido que tuvo este año y que lo llevó desde el club Pirá Pytá, de Posadas, a los podios internacionales más importantes , ya proyecta su próximo gran objetivo, llegar en plenitud al Mundial 2026 en Gualeguaychú, la primera cita mundialista que se correrá en Argentina.
Cardozo recorre la costa de Posadas con la tranquilidad de quien cumplió más de lo que alguna vez imaginó.
A los 41 años vive el mejor momento de su carrera deportiva y cerró un 2025 inolvidable, marcado por una conquista extraordinario, la medalla conseguida en el Mundial Master de Maratón, disputado en Hungría el 1 de septiembre de este año, la más importante de su trayectoria. Se trata de una competencia internacional que reúne a los mejores palistas del mundo por categorías de edad, donde la exigencia física se combina con la estrategia, la experiencia y la capacidad de sostener el ritmo durante largos kilómetros.
A ese logro se sumó recientemente otro gran resultado, la victoria en la tradicional competencia Esmeralda–La Paz, en Entre Ríos, que lo confirmó como uno de los deportistas misioneros más destacados por todo lo logrado este año.
Lo suyo no es casualidad. Detrás de cada triunfo aparece una historia atravesada por sacrificios, regresos, pausas forzadas y una convicción que nunca lo abandonó.
“Obtener una medalla a este nivel es algo que no hubiese pensado nunca, pero hoy es un sueño hecho realidad”, reconoció.
Su vínculo con el deporte nació casi por accidente, cuando era apenas un chico que acompañaba a su familia al club Pirá pytá. Desde el muelle veía salir a los palistas y un día se animó a subir a un bote. Recuerda que, en ese momento, su intención era pasajera.
“Dije que iba a hacer esto un verano… y mirá dónde estoy más de 30 años después”, relató entre risas.
A su segunda competencia ya ganó una regata, y eso fue suficiente para que algo dentro suyo despertara. Con el paso del tiempo, el canotaje dejó de ser solo un hobby y se convirtió en una forma de vida, aunque el camino estuvo lejos de ser lineal. Los cambios en el río tras la represa lo obligaron a modificar rutinas y escenarios de entrenamiento, mientras que las pausas deportivas, el trabajo y los costos del alto rendimiento lo pusieron varias veces al borde de abandonar. “Tuvimos muchos parates, pero la pasión siempre siguió ahí”, comentó.
Ese amor por el deporte encontró su espacio definitivo en el club Río Paraná, donde hoy entrena y se transformó en un referente para los más jóvenes. No esquiva esa responsabilidad y de hecho, la asume como parte de su legado.
“Sabemos que somos motivación para los chicos. Cuando se acercan a preguntar, tratamos de inculcar lo lindo del deporte y lo que pueden lograr representando a la provincia y al país”.

Su presente, sin embargo, también es el resultado de un esfuerzo económico enorme. “Estamos muy lejos de todo. Cada viaje significa juntar muchísima plata. Es un deporte caro, sobre todo cuando llegás al alto rendimiento”, explicó.
Para poder competir tuvo que organizar rifas, vender comidas, buscar apoyos y hasta desprenderse de su bote, una decisión difícil pero necesaria para sostener el sueño.
Su actuación en Hungría marcó un antes y un después. En una carrera exigente de casi 18 kilómetros vivió momentos de tensión extrema.
“La primera vuelta fue muy dura, pero la última fue peor. Se me rompió la bomba y pensaba todo el tiempo cómo venían los de atrás. Fue un desgaste enorme”, recordó.
Esa capacidad para sostener la calma en situaciones límite fue clave para alcanzar el podio y escribir una de las páginas más importantes del canotaje misionero.
La medalla, más allá del resultado deportivo, tuvo un fuerte valor simbólico, fue la confirmación de que el esfuerzo silencioso, muchas veces lejos de los grandes centros, también puede llegar a lo más alto.
Lejos de relajarse, el calendario siguió con la misma intensidad. Hace pocas semanas volvió a festejar en el ámbito nacional al quedarse con la clasificación general y la categoría K1 Senior de la Esmeralda–La Paz, uno de los eventos más prestigiosos del país.
En un recorrido de 16 kilómetros, el posadeño impuso ritmo, resistencia y experiencia frente a palistas de primer nivel.
Ese triunfo terminó de coronar una temporada excepcional y reforzó su lugar como uno de los referentes del canotaje argentino en la categoría Master.
Mientras ya piensa en lo que viene, Cardozo analiza su presente con realismo y ambición. Su gran objetivo es llegar en plenitud al Mundial 2026 en Gualeguaychú, que por primera vez en la historia se disputará en suelo argentino.
“Después del Mundial nos sentamos a planificar todo lo que viene. Queremos llegar en el mejor nivel”, adelantó.
El año que cierra podría haber sido el techo para cualquiera; para él, en cambio, parece ser apenas una estación más de un recorrido que todavía tiene mucho por ofrecer.
Su historia confirma que nunca es tarde para alcanzar lo impensado y que, con constancia, el esfuerzo termina encontrando su recompensa.
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