Informes confirmaron que el colectivo no viajaba en condiciones
Ruta 14 mortal: el despiste que enlutó al sector rural y a familias de San Pedro
Julio, Leonardo, Roberto, Rubén, Adelio, Damián y otros tantos peones viajaban al menos una vez al mes a la ciudad correntina de Virasoro para extraer resina de pino. Algunos se dedicaban hace años a la tarea: en particular, Julio estaba emocionado porque aquel 9 de abril de 2025 su hijo, Franco Álvez, lo iba a acompañar en su segunda expedición.
Eran laburantes que se ganaban la vida haciendo lo que mejor sabían hacer. Muchos recorrían más de 300 kilómetros para pasar días en los pinares de Corrientes hasta regresar con sus seres queridos.
Aquella mañana de abril, el colectivo comprado hacía unos años por Forestal San Francisco pasó a buscar a varios desde la localidad de San Pedro. Siguieron el recorrido por la ruta nacional 14 hasta llegar a San Javier, para luego salir de la provincia.
Era mediodía cuando, cerca del cruce de San José, se sintió cómo un neumático del colectivo de doble piso reventó. Fue cuestión de segundos, recuerdan algunos, para que el micro despistara y volcara unos 3 metros a la vera de la ruta.
Llamadas telefónicas urgentes, pedidos de auxilio y asistencia policial le siguieron a ese episodio. Allí intervinieron las comisarías de San José, Apóstoles y Cerro Azul para rescatar al grupo de 52 trabajadores forestales que viajaban a bordo del micro.
Con el correr de los minutos se confirmó que habían fallecido Víctor Sequeira (45), el chofer del colectivo oriundo de Oberá; Roberto Javier Mezetti (34), de San Javier; Leonardo José Fagundez (24), Rubén Roque Celestino (63), Julio Álvez (55) y Adelio Álvez (36), todos ellos de San Pedro; y Damián Martins (36), de Terciados Paraíso.
Además, cerca de 10 pasajeros debieron ser asistidos con heridas de diversa consideración en Posadas, Apóstoles, Cerro Azul y Leandro N. Alem. La coordinación y el despliegue sanitario para asistir al grupo fue de tal magnitud que, ya para la tarde, todos permanecían hospitalizados y atendidos en diferentes centros de salud.
Tragedia evitable
Como en cada hecho fatal que se conoce, la tragedia de San José reveló una infinidad de historias, relaciones y deseos que se vieron truncados por aquel despiste que, según pericias y análisis accidentológicos, pudo haberse evitado.
Héctor, padre de Leonardo Fagundez, había confiado a este diario una charla íntima que tuvo con su hijo la noche anterior al hecho. Recordó que el joven trabajaba hace apenas un mes para la Forestal, algo que a él en particular le llenaba de orgullo: “Yo quise que él trabaje ahí para que tenga algo seguro, un bienestar el día de mañana”.
Esa noche previa al accidente fue clave. Padre e hijo, de San Pedro, habían tenido una charla telefónica, de esas en las que se animan y confían todo aquello que quizás, en persona, no se hubieran dicho. Héctor recordó que hablaron de errores, de familia, de reconciliación.
“Nos habíamos distanciado, yo no aceptaba algunas cosas, pero le dije que viniera a casa, que lo perdonaba… Le pedí perdón yo también, tres veces, hasta por teléfono”, recordó conmovido. “Él lloraba mucho. Me decía que le dolía todo lo que había pasado”.
La triste noticia les llegó como un baldazo de agua fría. “Es un golpe muy duro para nosotros. Uno nunca está preparado para esto”, dijo entonces a este diario: “Mi mujer estaba en la iglesia, no podía creerlo. El dolor fue terrible”.
Cubiertas recapadas
El día de la tragedia, El Territorio pudo hablar con varios de los sobrevivientes y familiares de las víctimas, quienes reclamaron por falta de información sobre el estado de salud de sus parientes. A los encargados de la Forestal San Francisco les llovían las llamadas: querían y exigían saber con detalle qué había ocurrido.
Pericias policiales en el lugar del hecho descartaron alguna marca de frenada o restos de un segundo vehículo sobre el asfalto, por lo que se supo que el despiste fue en solitario. En mayo de este año, un mes después del episodio, la División de Criminalística de la Policía concluyó con informes accidentológicos que confirmaron que el colectivo tenía sus cuatro cubiertas recapadas -esto es, restauradas o “emparchadas”-.
A eso se sumó, según el informe técnico al que accedió El Territorio, que el vehículo viajaba a exceso de velocidad, a 110 kilómetros por hora en una zona rural. La norma nacional precisa que, sobre todo para este tipo de transportes, la velocidad no puede superar los 90 kilómetros por hora.
Del documento técnico se desprende que hubo un factor técnico-vehicular inminente que derivó en el fatal siniestro, a causa del desprendimiento de los neumáticos delanteros. Pero también arrojó luz a la responsabilidad que le cabría al personal de la empresa, que debía poner a punto el coche para trasladar pasajeros de forma segura.
Hasta entrado el semestre de este año en curso, la Justicia posadeña había avanzado en el análisis de los informes y restaba determinar posible ronda de declaraciones testimoniales. No se descarta que, en el transcurso de la investigación, se precisen responsabilidades penales por la muerte de los siete misioneros.
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