De la capital de Venezuela a la austeridad en San Ignacio

Joermys es artesana y recorre las ferias de la provincia en bicicleta

Se dedica a la orfebrería, eligió radicarse en Misiones porque le recuerda a su patria, tiene su chacra donde cultiva la tierra y crea en contacto con la naturaleza
miércoles 19 de febrero de 2025 | 9:15hs.
Joermys Luna expuso sus artesanías en los Saltos del Tabay, en Jardín América. Foto: Esteban González
Joermys Luna expuso sus artesanías en los Saltos del Tabay, en Jardín América. Foto: Esteban González

Un cambio profundo de estilo de vida decidió realizar Joermys Luna (57), artesana orfebre oriunda de Caracas, Venezuela, y radicada hace 25 años en Argentina. En la actualidad reside en San Ignacio, donde tiene una chacra y crea en conexión con la naturaleza.

 Hace un año unió su amor por la bicicleta y el arte y comenzó a recorrer ciudades de la tierra colorada en dos ruedas para exhibir y vender su obra en ferias, eventos y puntos turísticos.            

 La protagonista estuvo recientemente con su stand de artesanías en el Complejo Municipal Saltos del Tabay en Jardín América. Allí, junto a su bicicleta expuso su producción de pulseras, aros, collares, anillos y otras piezas únicas.

 “Soy orfebre, trabajo con metales y amo la bicicleta y viajo por Misiones para ser parte de distintas ferias”, contó a El Territorio con una sonrisa.  Su travesía por los caminos misioneros para dar a conocer sus creaciones ya la acercó a muchos lugares. “Empecé con esta iniciativa en 2024 y ya visité distintos predios turísticos”, relató.

 “Parecido a mis pagos”

 Al ser consultada acerca del por qué eligió Misiones para vivir, su respuesta fue que ganó un pasaje como orfebre a Córdoba y como su pareja era de Argentina, se quedó en el país. Ella tuvo hijas mellizas que en la actualidad tienen 24 años. “Ya no pude seguir viajando y decidí quedarme en Misiones porque es lo más parecido a mis pagos, se come mandioca, que allá es la yuca, el arroz, el poroto y a mí me gusta el campo, la tierra, amo la naturaleza”, expuso. Incluso enfatizó que nunca está pendiente de la tecnología.   

Un dato particular es que desde que llegó a suelo argentino, nunca más regresó a su país.  Su idea es volver haciendo el viaje en bicicleta, aunque aclaró que todavía eso es un sueño, “a mi edad quizás puede costar un poco ese objetivo”.

 Otra de sus pasiones es la gastronomía como puente cultural. Acá hace una comida tradicional del país caribeño llamada cachapa y si vuelve a su patria le gustaría hacer platos típicos de nuestra región, llevar para compartir  con los suyos sabores como el mbeyú y la sopa paraguaya.

“Extrañé mucho al principio Venezuela, al salir de mi tierra muy joven y al tener familia ya no extrañé tanto, pero sí. Mis hermanos y amigos de la infancia quieren que yo vaya, ellos están locos para que yo viaje”, expresó.  Al referirse a sus hijas, comentó que una vive en Buenos Aires y otra en Uruguay. “La que vive en Uruguay vendrá a visitarme muy pronto”.  

Conexión con la naturaleza

 Describió su modo de vida en San Ignacio como muy natural y austero. Cocina a fogón, consume lo mínimo de energía eléctrica sólo para cargar batería a su celular, no tiene ventilador ni aire acondicionado y tampoco televisor.

 En su chacra tiene su propia plantación de  perejil, mandioca y otros cultivos, también  en una época crió animales como patos y gallinas. Por lo tanto, lejos del ruido de la gran ciudad, decidió radicarse en un sitio en silencio en San Ignacio.

 “Creer en los sueños”

 “Quiero dejar un mensaje a la gente, que hay que creer en los sueños y ponerse metas para cumplirlas, que dejen los miedos, que se animen a hacer lo que de verdad desean realizar, sea la actividad que sea, porque todos tenemos distintos gustos y el miedo te bloquea, por eso hay que cumplir los propósitos”, alentó y continuó: “Yo, por ejemplo, con 57 años decidí recorrer en bicicleta la provincia y por eso digo que sí se puede”. En Argentina hizo su vida, adoptó a San Ignacio como su segundo hogar, extraña a sus hijas y tiene el anhelo de volver a Venezuela.

 “Si vuelvo a mi tierra me voy a llevar muchas costumbres misioneras. No sólo en cuanto a comida, allá se toma café y acá aprendí a tomar mate, es algo que me gusta, pero en mi país no se conoce y quiero llevar y compartir cuando regrese”, cerró. 

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