Las Cuatro Velas encendidas

martes 26 de diciembre de 2023 | 6:00hs.

Hace algunos días, nuestra amiga Annamaría Chavannes, nos mandó desde Ginebra un vídeo que circula en las redes con una interesante temática para reflexionar. Las Cuatro Velas encendidas.

En un diálogo imaginario comienza una diciendo:

– ¡Yo soy la Paz!

– ¡Pero las personas no consiguen mantenerme! Creo que me voy a apagar. ¡Y, disminuyendo su fuego rápidamente se apaga por completo!

Dice la segunda:

– ¡Yo soy la Fe!

– ¡Lamentablemente a los hombres le parezco superflua! – ¡Las personas no quieren saber de mí!

¡No tiene sentido permanecer encendida! ¡Cuando terminó de hablar, una brisa pasó suavemente sobre ella y se apagó!

Rápida y triste la tercera se manifestó:

– ¡Yo soy el amor!

– ¡No tengo fuerzas para seguir encendida!

Las personas me dejan a un lado y no comprenden mi importancia. Se olvidan hasta de aquellos que están muy cerca y les aman.

Y, sin esperar más, ¡se apagó!

De repente…

Entró un niño y vio las tres velas apagadas.

– ¡Pero, ¿qué es esto? Debierais estar encendidas hasta el final.

Al decir esto comenzó a llorar.

Entonces, la cuarta vela habló:

– ¡No tengas miedo, mientras yo tenga fuego, podremos encender las demás velas!

– ¡Yo soy la Esperanza!

Con los ojos brillantes agarró la vela que todavía ardía. Y encendió las demás.

– ¡Que la ESPERANZA nunca se apague dentro de nosotros!, y que cada uno de nosotros sepamos ser la herramienta que los niños necesitan para mantener la Esperanza, la Fe, la Paz y el Amor!!!

La paz no es sólo la ausencia de conflictos, es tener la capacidad de escuchar, reconocer, apreciar y respetar a los demás, viviendo en forma pacífica y unida. Este valor permite construir países más seguros, que se desarrollan y son cada vez mejores.

La paz es la promoción de los derechos fundamentales, para ejercer y disfrutar los derechos humanos. No hay camino hacia la paz; la paz es el camino.

Los continuos conflictos bélicos creados por el hombre, nos hacen descreer que una paz duradera sea posible, aunque nunca debemos renunciar a este principio.

La fe tiene varios condimentos para definirla, esa sensación de confianza que nos permite creer que los acontecimientos, se desarrollarán en el modo y tiempo que nosotros quisiéramos, de acuerdo a un resultado esperado.

La falta de fe suele relacionarse al alimento divino entregado por el creador. Aunque esta respuesta es muy individual, por ello, se dice que la fe nos hace vencer al temor que nos provocan los sucesos negativos.

Del amor se pueden decir tantas cosas, es un concepto universal relativo a la afinidad y armonía entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista. Ese sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

En un concepto filosófico, el amor es una virtud que representa todo el afecto, la bondad y la compasión del ser humano.

El amor no sólo se configura en la relación de pareja, el hombre y la mujer, la mujer y el hombre. Debemos observar igualmente el amor de la madre con los hijos, de los hermanos entre sí, y de ese componente familiar íntimamente ligado con el afecto recíproco.

Luego, en relación a lo apuntado, la esperanza está en concreto relacionada con la paz, la fe y el amor. La esperanza es un proceso de fe y ánimo optimista basada en la expectativa de ciertos resultados favorables relacionados con circunstancias de la propia vida o del mundo en su conjunto.

La Real Academia Española define la esperanza como:

– Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea-.

Estamos en tiempos de Navidad, donde todos debemos mirar hacia adentro y redescubrir los valores de la esencia misma. No importa el orden de nuestra mirada.

Si la vela de la esperanza permanece encendida, los tres restantes podrán encenderse nuevamente; sin importar la cronología de su lugar, a que, si la paz está primera, o la fe o el amor.

Necesitamos de paz interior para analizar en cuanto nos concierne la existencia superlativa de los valores que las velas destacan y que ellas enciendan nuestra llama especial.

Este concepto universal está por encima del lugar en el mundo que nosotros observemos de cualquier sentimiento religioso o ideológico que pretenda establecer otra mirada.

Los niños que son el futuro del planeta, deberán encontrar encendida la vela de la esperanza y con ella, poder encender las que están apagadas.

 

“QUE LA ESPERANZA NO NOS ABANDONE EN ESTA NAVIDAD”.

Por Ramón Claudio Chávez
Www.ideasdelnorte.com.ar 

 

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