Esos bailes de egresados

lunes 18 de diciembre de 2023 | 6:00hs.

La escuela secundaria, o la enseñanza intermedia, ha tenido una importancia superlativa en el desarrollo individual de las personas.

En principio los cinco años de la secundaria, habilitaban a los que terminaban a ejercer la docencia, sirviendo el diploma como título habilitante. Posteriormente se creó el Profesorado Elemental de dos años y luego de cuatro.

Los programas de estudio siempre fueron exigentes, los títulos de Bachiller o Perito Mercantil eran respaldo suficiente para demostrar idoneidad en el desempeño de las más diversas tareas laborales que intentase emprender el egresado.

Ese esfuerzo estudiantil se veía coronado con la conclusión del secundario y la realización de las Fiestas de Recepción o Bailes de Egresados, que se concretaban al final del año, pero requerían un largo período de organización.

Las ciudades grandes, las pequeñas, los pueblos, se preparaban para tan importante acontecimiento, a veces el más importante de todos. Para los alumnos “era una Fiesta de Gala”, plena de emoción, nostalgia y nervios a “flor de piel”, eran ellos los intérpretes de esa hermosa canción.

En los años setenta, los estudiantes organizaban los bailes de recepción, con la fiscalización de la dirección de la escuela o colegio. Con mucha anticipación debían contratar a la orquesta que amenizaría el evento, interpretando la música de moda. Los días asignados por lo general eran los jueves, viernes o sábado, en consideración a los familiares que debían concurrir a trabajar al día siguiente.

“Los Dallman”, “Jalea y Frutilla”, “Panchito y su Montecarlo Soul” de Posadas, “Los Huracanes” de Encarnación, “Los Diablos” de Alem, “Los Bárbaros” de Goya, Corrientes, eran los más solicitados, los que estaban en “el ruido” o “la movida” según los jóvenes de ese tiempo. Como los estudiantes eran menores de edad, solía requerirse la firma de una persona mayor para rubricar el contrato, o los representantes de los músicos se comunicaban con las autoridades de los establecimientos que ratificaban verbalmente el respaldo a los jóvenes que estaban a cargo de la fiesta.

Los costos no se limitaban a la contratación del grupo musical, el alquiler de clubes privados, el catering y la bebida también engrosaban el presupuesto de la fiesta. Las tarjetas debían cubrir esos gastos y no siempre el evento dejaba un superávit.

En esa mirada, los directivos de los establecimientos, colaboraban cediendo las instalaciones educativas para dicho fin. En el año 1971, el Colegio Santa María de Posadas, celebró por primera vez la Fiesta de Recepción en el patio. Las chicas ingresaban por la calle Buenos Aires, y el público por Bolívar.

“El Santa” siempre estuvo rodeado de “glamour”. Al ser un colegio de señoritas, todas las fiestas concitaban la atención en la sociedad posadeña. Las bellezas de las jóvenes resaltaban aún más en las “recepciones “y los vestidos largos adornaban estos encuentros.

Con el paso de los años, los bailes de egresadas se hacían en el Tacurú, o en otros complejos adecuados. La orquesta fue reemplazada por las discotecas. Un DJ animaba la reunión, nombrando a las jóvenes que iban haciendo la presentación mientras sonaba un tema elegido por ellas. Los chicos de Roque y del Janssen venían a la fiesta para verlas.

En Goya, Corrientes, el baile de egresados se hacía en el complejo deportivo del Club Juventud Unida, la música era de “Los Bárbaros”, las chicas y chicos de gala con el acompañamiento de la familia.

Por esa misma época, los alumnos de la Escuela Normal Superior N° 2 de Montecarlo organizaron para economizar gastos su fiesta en el Paraje Guatambú, “Los Diablos” animaron el evento. Se fueron de viaje de estudios a Camboriú, Brasil, dejando de lado la tradición de ir a Bariloche.

Podríamos seguir enumerando “Bailes de Recepción”, pero sería interminable.

Ese estilo organizativo se fue modificando con el transcurso de los años, empezaron las “comisiones de padres”, y también a veces los inconvenientes. Se contrataba a personas con poca experiencia, interesadas en el beneficio económico y no en el éxito de la fiesta. Esta situación era a la vez, una consecuencia, de la existencia de más establecimientos educativos.

La Municipalidad de Posadas creó un registro de personas o empresas habilitadas para estas reuniones sociales, y comenzó a inspeccionar los locales donde se realizaban, si eran adecuados en espacio y poseían por ejemplo “cocina” para el servicio de comidas.

No podemos dejar de advertir que las chicas y chicos de diecisiete o dieciocho años, eran los actores principales de la fiesta. Sin ellos sería un baile más y no “el baile del año”. Esa dosis de rebeldía y frescura, en la década del setenta, cierta inocencia, les daban el color y el calor inigualable a las reuniones.

Las chicas de vestido largo, los chicos de traje, caminaban nerviosos en las presentaciones, trataban de salvar la ropa en el baile y disfrutar de su gran noche. Se preguntarán también por “el amor”, ¿verdad? El amor… era ellos mismos y sus circunstancias. Los noviazgos que se iniciaron en primavera crecían en el verano en ese camino de sueños que todos tenían por delante.

La pregunta es inevitable:

– ¿Los jóvenes de esa época son los mismos que los de ahora?

Debemos responder:

– ¡Si! ¡Pero en otra película!

Por Ramón Claudio Chávez
Exjuez federal

 

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