¿Querés recibir nuestras alertas de noticias? Entrá y enterate como recibirlas

Me lo contó un policía (Basado en hechos reales)

Cuando llega tu hora... o no

sábado 02 de diciembre de 2023 | 6:00hs.

Por Luis Eduardo Benítez Comisario general (RE), Abogado

Cuando era pequeño, recuerdo que al producirse la muerte de alguna persona en forma inesperada, ya sea por una causa súbita, un accidente o un hecho casual, mis padres decían: “Qué se va a hacer, le llegó la hora”; o, por el contrario, cuando acontecían esos hechos que normalmente acaban con la vida de una persona, pero la muerte no ocurría, mis viejos decían: “No era su hora”, aclarando que lo que querían manifestar y daban por preestablecido es que todos tenemos una hora marcada para partir de este mundo y, que pase lo que pase, si esa hora no llega, la muerte no se produce.

Lo escrito anteriormente me lleva a relatar lo que ocurrió en un yerbal en Colonia Victoria allá por la década del 80. Como se estilaba antes, en época de cosecha de yerba, varios tareferos armaban sus improvisadas carpas en el propio yerbal donde trabajaban de lunes a viernes; sábados y domingos abandonaban el lugar para regresar la próxima semana. En este caso, todos se marcharon, pero un anciano de 70 años de edad decidió quedarse el fin de semana en su carpa, quizá porque tenía su casa muy lejos, quizá porque no tenía familiares, etcétera.

Una tardecita, en pleno mes de julio, con mucho frío, el anciano había encendido un fuego para calentarse y, a la vez, hacer un reviro para la cena. Según su relato, en forma imprevista llegó un joven corpulento y sin mucha explicación dijo que quería quedarse a cenar y a dormir en el lugar; nos dijo que dicha persona hablaba con dificultad el castellano, mezclado con el guaraní.

El anciano le invitó el reviro y un jarro de mate cocido, pero luego de ello, el “visitante” pidió tomar vino, a lo que el “dueño de casa” dijo que no tenía. En ese momento el joven, ya en forma agresiva, ordenó al anciano que fuera a comprar a algún lugar, caso contrario lo mataría, sacando de su cintura un cuchillo tipo puñal. Dijo el anciano que alcanzó a incorporarse y arrancó una estaca que sostenía una esquina de la carpa y cuando el joven lo atacó con el puñal, solamente le arrojó la estaca y trató de huir, pero escuchó que su atacante cayó y quedó tendido.

Recuerdo que cuando nos presentamos en el lugar, ya avanzada la madrugada, el cuerpo estaba ahí, en el mismo lugar, aún tenía el puñal cerca de su mano derecha y sólo presentaba a simple vista un pequeño corte a la altura de la sien, desde donde se observaba un pequeño hilo de sangre. Según el informe de la autopsia que se le practicó, ese pequeño pero certero golpe había producido la muerte. Posteriormente nos enteramos de que la víctima se trataba de un ciudadano paraguayo, que había huido de su país a través del río Paraná, luego de producir la muerte de un hombre en una cancha de fútbol: le había llegado “su hora”.

Por el contrario, en otra oportunidad, cuando trabajaba en la ciudad de Wanda, un taxista había sido abandonado por su esposa debido a malos tratos. Insistió varios días y semanas para que ella regresara, hasta que la convenció, bajo la promesa de haber cambiado, y que para festejar, irían a Ciudad del Este a realizar compras.

El hombre pasó a buscar a la ingenua mujer y a su pequeño hijo por la casa de sus padres, en su Ford Falcon blanco; se había vestido impecablemente y en la recta de salida de la ciudad hacia la ruta nacional 12, aceleró la marcha del vehículo a toda velocidad y se estrelló contra un camión. Dios estuvo en ese lugar, pues la mujer y su hijito solo resultaron heridos de poca gravedad y el taxista, con apenas unos cortes en el rostro.

Por rencores o vaya a saber por qué motivos, se había querido suicidar y matar a toda la familia. Viendo que su plan fracasó, corrió y se arrojó debajo de un colectivo interurbano que pasaba y que realizaba el recorrido Libertad-Wanda- Esperanza y viceversa, pero ninguna de las ruedas lo aplastó y el chofer logró frenar a tiempo.

¿Cómo terminó? En el calabozo como corresponde: no había llegado su hora.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?