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Me lo contó un policía (Basado en hechos reales)

Petiso y retobado

sábado 25 de noviembre de 2023 | 6:00hs.
Petiso y retobado

El enanismo es la estatura baja ocasionada por una enfermedad o un  trastorno genético; por lo general es una anomalía por la que un individuo tiene una estatura considerablemente inferior al común de su especie; una causa común del enanismo es una mutación genética que afecta el crecimiento óseo y su estatura promedio es de 1,22 metros.

Realicé toda esta descripción de esta condición para comentarles algo que me pasó allá por 1984, cuando trabajaba en la comisaría de Puerto Esperanza. Los que conocen esta zona saben que antes de arribar al acceso principal, viajando de sur a norte por ruta nacional 12, existe un acceso primario de tierra, a la altura del barrio Alegre (a la derecha) y Puerto Esperanza a la izquierda; en ese cruce existía (quizá existe hasta hoy) una estación de servicio y al otro lado del camino, un bar-almacén; también, pero sobre ruta nacional, un pequeño refugio que servía de albergue a los que esperaban colectivos de media o larga distancia. El bar-almacén mencionado era propiedad de una señora la cual vivía en el mismo lugar con un hijo varón que padecía enanismo.

Un día domingo muy temprano, tomé mi Fiat 600 rojo (chapa patente N-034736) y emprendí un viaje a Posadas, pero lamentablemente en ese cruce que les conté sufrí un desperfecto mecánico que me imposibilitó continuar el viaje en el auto. Solicité permiso para dejarlo al resguardo en la estación de servicio y, resignado, caminé hasta el refugio a esperar al primer colectivo que apareciera. A la distancia observé al enano en la galería del comercio, el cual levantando una jarra me gritó: “Vení, compinche, vamos a tomar unos tragos”. Lo miré y no le contesté, pero a los pocos minutos volví a mirar y observé al enano (cuyo nombre siempre ignoré), que vino caminando hacia donde yo estaba con su jarra de plástico, la cual contenía un líquido amarillento, quizá era cerveza, el cual volvió a decirme: “Te estoy invitando a tomar unos tragos y ni me contestás; ¿creés que porque soy enano te voy a contagiar alguna enfermedad o qué? No te vayas a equivocar conmigo eh! mirá que yo ya maté a un tipo y no me cuesta matar a otro”.

En verdad, con lo que me había pasado un domingo temprano, no estaba de ánimos para discutir con nadie, así que, aunque reconozco que mi contestación no fue la adecuada, le dije: “Mirá, enano de m…, retirate de acá, porque si te doy una patada, te hago volar al otro lado de la ruta”. Fue como echar nafta al fuego, se despachó con una cantidad de insultos, desafíos y amenazas, pero por suerte, en ese momento arribó un colectivo y pude marcharme sin que el hecho llegara a mayores. 

Después de unos días, a mi regreso, comenté el hecho en la guardia de la comisaría, donde los más antiguos me informaron que años atrás un hombre quiso asaltar o sobrepasarse con la dueña del bar-almacén y ésta se defendió con una tranca de hierro que utilizaba para asegurar la puerta del negocio desde adentro, y lamentablemente, con un golpe en la cabeza, mató a su atacante. En esas circunstancias, un hábil abogado, utilizó la estrategia para que el enano, hijo de la señora, asumiera la responsabilidad de la muerte; en consecuencia, el desgraciado hecho pasó a ser un caso de legítima defensa para la Justicia, pero el enano se encargó de hacer correr la voz y comentar a quien tuviera oportunidad de escucharlo, lo que para él era una hazaña y lo transformaba en un hombre peligroso, pero para mí sólo se comportó como un petiso retobado.

Por Luis Eduardo Benítez
Comisario general (RE), Abogado

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