El Loco Houseman

lunes 20 de noviembre de 2023 | 6:00hs.

Por Ramón Claudio Chávez Exjuez federal

“¡Y chupe, chupe, chupe, no deje de chupar! ¡El Loco es el más grande del fútbol nacional!”. Así lo recibía la hinchada a René Orlando Houseman, Hueso, Loco, Cerdo o Queno, ese jugador de un metro sesenta, que nació en La Banda, Santiago del Estero.

La vida del Loco es una vida de película, llegó a la cúspide del fútbol profesional y nunca se fue de la villa. Vivió siempre allí hasta su muerte.

Nos preguntamos cuántos casos hay como los de él. Es cierto, las mismas contradicciones que nos proporciona la vida, de los fracasos y de los éxitos.

Fatiga Russo, su amigo y compadre, contó en una entrevista que a René lo descubrió el Flaco Menotti:

–Voy a traer un alemán, se van volver locos.

Todos se asombraron, parecía un jockey, desgarbado, con patas finas. Al verlo jugar los dejó locos de verdad. El Hueso tuvo una carrera vertiginosa, de Defensores de Belgrano a Huracán, y de allí a la Selección Nacional.

Vivía en la Villa del Bajo Belgrano, cerca de la cancha de River, en un asentamiento poblado de gente del interior, paraguayos, bolivianos, que vinieron a la Capital en busca de una vida mejor. Su padre se dedicó a un trabajo en cadena bien diferente: el alcohol.

– ¡Casi ni lo conocí! Yo era muy pequeño y él estaba muy enfermo. Sus problemas con la bebida lo llevaron a la demencia, solía decir el Loco.

Sin su progenitor, su vida fue la misma de tantos otros; miseria social, pies descalzos y fortuna esférica. Su madre se bancó (aguantó) la prole, pero el Hueso era un vago atorrante, orgulloso de serlo utilizó la vida para divorciarse del trabajo.

Estando en Huracán, Fatiga Russo pasaba a buscarlo en auto. El Loco estaba jugando un picado frente a su casa, se subía todo transpirado y le pedía por favor que no le dijera a Menotti que estaba jugando a la pelota.

Un día el entrenador le preguntó:

-¿Qué pasó que René llegó todo transpirado?

-No pasó nada, estaba corriendo cerca de la cancha.

Para sacarlo de ese círculo, los directivos del club le alquilaron una casa y trataron de controlarlo. Fue imposible, al tiempo volvió a la villa.

Faltaba a los entrenamientos, en los partidos el Flaco Menotti le decía:

–Entre y haga lo que sabe.

El Loco la descosía siempre, jugaba sobre la raya, era dueño de una gambeta endiablada, le pegaba a la pelota con las dos piernas y no les temía a las patadas de los contrarios. Rápidamente se convirtió en ídolo de la gente por su rebeldía para jugar.

Con ese gran equipo de Huracán 73, vino en una oportunidad a jugar en la cancha de Unión de Santa Fe contra Colón, que hacía las veces de local en el estadio de su clásico rival por tener el suyo suspendido. Houseman desplegó sus habilidades deportivas para que lo padezcan los marcadores de punta izquierdo y derecho; jugó de los dos lados. La hinchada sabalera le gritaba de todo, el hombre de la villa no se inmutaba.

Por su gran presente el Hueso fue convocado a la Selección Nacional en el Mundial de Alemania 1974, ese donde apareció la Naranja Mecánica de Holanda y el nuevo concepto de fútbol total. Participaban 16 equipos, el formato de la competencia era distinto al actual.

Argentina quedó eliminada del torneo y debía enfrentar el 3 de julio a Alemania Democrática. El 1 de julio fallece el presidente Juan Domingo Perón; los jugadores tenían la intención de no presentarse a jugar el partido. El día 2 el enviado de la televisión argentina que cubría el evento, localizó a René Houseman corriendo solo bajo la lluvia. Lo entrevistó y el Loco le manifestó que vino “a correr porque no sabía si el partido salía o no”. Cosas de él.

Al final la Fifa terció argumentando que el partido debía jugarse y así fue. Terminó 1 a 1 con gol de Houseman y el debut en el arco de Ubaldo Matildo Fillol.

Fue el tiempo de la selección del 78, la que ganó la primera copa del mundo, Menotti era el técnico, por el atrevimiento del Loco, estuvo entre los convocados. Empezó como titular y luego quedó relegado. El pidió disculpas a la gente:

–Estaba sobreentrenado, por eso no pude rendir. ¡Pero salimos Campeones del Mundo!

Después vendrían River, Colo Colo, Ama Zulu de Sudáfrica, Independiente, para retirarse en Excursionistas, del cual siempre fue hincha.

Cuando se retiró del fútbol lo acompañó “esa continua tristeza interior”; su compadre Russo decía que él no se tomaba las cosas en serio, a pesar de su timidez vivía haciendo chistes.

Se lo veía en las esquinas de los semáforos con su hija Yésica. En la cancha de Huracán o de Excursionistas, siempre detrás del alambrado, con la gente, sacándose fotos.

Un cáncer lo llevo de este mundo a los 64 años, muy joven, a su manera, sin casa, pero con tantos recuerdos en sus alforjas.

No queremos sumarnos a los que dicen que murió en la ruina, creemos que murió como quiso con los suyos, su mujer Olga, sus hijos y sus amigos que siempre lo quisieron.

Sus hijos, Diego René y Yésica Evelyn, los despidieron con un mensaje lleno de amor:

”Nos dimos cuenta de que así fue, que hiciste feliz a mucha gente y eso no tiene precio. Tanto amor no tiene precio”.

Descansa, que la 7 siempre será tuya, en casa, en el Bajo, en la Quema y ahora en el cielo.

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