La mano de Dios

martes 31 de octubre de 2023 | 6:00hs.

Cuando los partidos de fútbol se transmitían por radio la gente se imaginaba lo que era el encuentro, de acuerdo al juego de palabras del relator.

Si el gordo José María Muñoz manifestaba:

– ¡La pelota la tiene Rattin, se le acerca un marcador, el cinco de Boca se la va pasar al wing izquierdo parado sobre la raya, avanza unos pasos, cruza la mitad de la cancha, la va tirar para el wing, finalmente le tira”.

El oyente se imaginaba la jugada, el escenario, e incluso la sagacidad del locutor que leyó el pensamiento de Rattín, antes que este realizara la jugada. No admitía ningún tipo de discusión.

En otras ocasiones el misterio, la falta de certeza e ignorancia no le permitían al que escuchaba el partido saber cómo terminaba este. Los campeonatos de verano que se realizaban en Chile con los grandes equipos de Argentina y Brasil, se escuchaban en las radios de amplitud modulada que en la mayoría de las ocasiones no podían sintonizarse. El partido terminó sin que se conociera el resultado; los diarios no cubrían los eventos en forma inmediata; y los hinchas tenían que esperar días para conocer el desenlace.

El ingreso de la televisión trastoco profundamente estos conceptos, el espectador se tornó director técnico y opinaba de como tenía que desarrollarse el juego, en base a una estrategia predeterminada de antemano.

Ese cambio de paradigma y la modernización de las comunicaciones, permitieron una mayor información en los hinchas y un conocimiento más elevado del más popular de los deportes.

Recientemente la selección argentina obtuvo su tercer campeonato mundial en Qatar, lo que lo posiciona entre los mejores del mundo. Este logro impidió que la selección francesa lograra su segundo título consecutivo, algo que ha sido siempre esquivo a todas las selecciones; a excepción de Italia que la obtuvo en 1934 en su país y en 1938 en Francia-en pleno transcurso de la guerra mundial-. El otro es Brasil que salió campeón en Suecia 1958 y volvió a hacerlo en Chile 1962.

El último mundial se desarrolló en su totalidad en una sola ciudad, Doha, contrariamente a los anteriores que poseían distintas sedes y en los meses de noviembre y diciembre para contrarrestar el calor de las fechas habituales de junio y julio.

 El movimiento de los hinchas hacia los estadios se realizaba en forma gratuita en los tres metros de la ciudad; el rojo, el verde y el amarillo. También se podía viajar en las mismas condiciones en los buses.

 La última estación del metro rojo era Lusail, por el nombre del estadio donde Argentina jugó la semifinal con Croacia y la final con Francia. La parada anterior era la Universidad de Qatar donde estaba concentrada la selección. En otras palabras, “cerca de todo”.

En la última estación, la organización colocó gigantografías de todos los mundiales realizados hasta Rusia 2018, fotos muy bellas de los equipos campeones en cada mundial o del goleador en el caso de que este perteneciera al equipo campeón. Estimamos que las fotos fueron proporcionadas por la Fifa.

Buscamos las de los mundiales 1978 y 1986 ganados por Argentina, en la del 78 se observa el festejo de los jugadores arrojando a Pasarela al aire; en la de 1986 la gigantografía es el famoso gol del Diego a Peter Shilton con la mano. El gol de “la mano de Dios”.

Nos llamó la atención que se recordara ese mundial con esa foto, también cierta contrariedad, por ser Diego Maradona hasta ese momento, el argentino más reconocido en el mundo.

Charlando con un árabe que hablaba español, les hicimos saber nuestro punto de vista y nos respondió:

– ¡No les gusta, es extraordinario, una obra de arte!

 Le comentamos que puede mirarse con distintas interpretaciones, que los argentinos ganamos con trampa, que somos soberbios, o estamos tratando de obtener una ventaja por izquierda.

 En el mundial de 1970 a Pelé lo fotografiaron con una bufanda parecida a una corbata blanca.

El qatarí nos respondió que el Diego era extraordinario y que nosotros merecíamos ganar este mundial con Messi. Lo que finalmente ocurrió.

El 22 de junio de 1986, el mismo día de la foto de la mano de Dios, luego de eludir a cinco jugadores ingleses y al arquero, Maradona concretó el gol que luego fuera reconocido como el mejor gol de todos los mundiales. Aquél del “barrilete cósmico”.

A lo mejor estamos equivocados, pero sin duda era un recuerdo más grato para que esté en la galería.

Messi y el tricampeonato dejaron nuestro pensamiento de lado, para el festejo eterno.

Ramón Claudio Chávez
www.ideasdelnorte.com.ar 

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