El sapucay de Cirilo

lunes 30 de octubre de 2023 | 6:00hs.

No importa la mañana de frío, no importa la escarcha de las heladas, ni el sol sofocante de agosto; viene el camión de la “cuadrilla” y los hombres parten rumbo a la “tarefa”.

Es de noche en la madrugada del pueblo, todos hablan en voz alta, para escucharse por sobre el ensordecedor ruido del motor añejo del transporte que no quiere jubilarse.

El viento atropella los rostros curtidos de esos hombres, y también mujeres, que no le temen a nada, van rumbo a los yerbales para trabajar con sus manos; cual escultor a su estatua.

La tarefa es la cosecha manual de la yerba mate y los tareferos son los artesanos que la realizan. La cosecha se realiza a la intemperie, comienza al amanecer y concluye al atardecer. No siempre los días son placenteros, el clima de la región yerbatera genera las variantes que los tareferos sortean con valor.

Cirilo Dos Santos es uno de ellos, vive en un barrio humilde, al igual que sus vecinos de la terefa, al llegar a los yerbales el contratista les asigna un sector, si ellos no se ponen de acuerdo donde van a desempeñar su labor. Tiene los brazos curtidos por el trabajo, se destaca por su destreza para doblar y quebrar los gajos, compite siempre con los mejores “kileadores”.

Convive con Isabel, con quién tiene una niña a la que llamaron Teresa y dos hijos varones que su compañera tuvo en una relación anterior.

Es extrovertido y conversador, es muy conocido por los extensos y fuertes “sapucay” que propina, los que son escuchados en cualquier lugar de las chacras donde se desarrolla la cosecha.

El tarefero, su trabajo, niveles sociales y medios de vida han sido objeto de estudios en las universidades de la región. Se destaca la importancia de su tarea en el proceso de industrialización de la yerba mate.

Los músicos populares no se han olvidado de ellos. Ramón Ayala les dedicó su obra máxima, “El Mensú”; Héctor y Felix Chávez escribieron el chamamé: “Tarefero de mis pagos”, interpretado por el dúo Úbeda – Chávez, Las Hermanitas Vera y El Chango Spaciuk, entre otros.

Hay muchos Cirilos desparramados en los pueblos y zonas rurales, en la zona sur de Misiones, en el Alto Paraná, Alto Uruguay, Zona Centro y norte de Corrientes; a diario ellos hacen de ese trabajo artesanal su medio de subsistencia.

Al llegar a los yerbales Cirilo aprovecha los días de frío y heladas para cortar las ramas con mayor facilidad, la humedad beneficia la tarea y su cuerpo ya se ha olvidado de la inestabilidad del clima. Los días de invierno siempre son de buena cosecha.

En los momentos de descanso, que no son muchos, le entran a un “carayá” que trajeron en su “avío”; mientras uno de ellos es designado para preparar en el yerbal un buen guiso para reponer energías en horas del mediodía.

Los “raídos” en las ponchadas van modificando el paisaje, el conocimiento de la tarefa les obliga a cuidar las plantas, un buen corte hace que éstas estén mejor en la próxima cosecha, constituyendo un beneficio tanto para el productor como para el tarefero que podrá aumentar el kilaje de su trabajo en las plantas.

Al final de la tarde vendrá el camión de la cuadrilla, con una balanza de mano pesan los raídos y entre todos se ayudan para cargar la mercancía que será trasladada al molino o al secadero para el proceso de secado.

Desde lejos se observa el camión cargado con los tareferos sobre los raídos, las charlas y los sapucay de Cirilo, dispuestos a terminar la jornada. Vuelven a descargar el producto de la cosecha y regresan en el camión a sus casas, para descansar un poco hasta la madrugada del otro día cuando deban regresar a los yerbales.

Al día siguiente la misma rutina comienza en la misma madrugada para llegar pronto al yerbal y así hasta el viernes que es el día de pago en el obraje como lo describía acertadamente Luis Landriscina. Como el pago es a “destajo”, el que más kilos cosechó es el que mejor paga recibe.

Se acerca el fin de semana, los tareferos marchan a los boliches a comprar la “provista” y a compartir unos tragos con los amigos.

Solía ocurrir que algunos continuaban con el descanso el mismo domingo, por lo que el lunes no siempre era de asistencia perfecta. Así era la vida en la tarefa.

Podemos decir, parafraseando a la letra de “Tarefero de mis pagos” que:

– “¡Empezó la zafra y la madrugada te

ha de encontrar, allá en el yerbal

ponderando el filo de tu machete en un sapucay,

Lindo demás.

La esperanza verde que tu tijera pone a tus pies

es reflejo fiel

de la tierra fecunda y hermosa

que te vio nacer…

En tu día mi canción

quiero llenarte de halagos

tarefero de mis pagos

Orgullo de mi región ¡”-

No importa la mañana de frío, no importa la escarcha de las heladas ni el sol sofocante de agosto; viene el camión de la “cuadrilla”, allá van todos y con ellos Cirilo, con ese grito largo y agudo de una sapucay salido del alma, como un llamado o signo de júbilo y también de protesta.

 

Por Ramón Claudio Chávez
www.ideasdelnorte.com.ar 

 

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