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Me lo contó un policía (Basado en hechos reales)

Un ser sinigual

sábado 14 de octubre de 2023 | 6:00hs.
Un ser sinigual

Por Luis Eduardo Benítez Comisario general (RE), Abogado

A menudo escuchamos las siguientes frases: “Mi mamá es el ser más maravilloso del mundo, la mujer más comprensiva, tolerante, hacendosa, sacrificada, humilde y desinteresada”; “es ese ser que todo lo hace por amor, y es capaz de entregar su propia vida por sus hijos”. Y sí, no cabe otra descripción, hasta me quedo corto, pues sobran los adjetivos que podrían pintar a nuestras madres y todos tenemos razón cuando reconocemos sus virtudes.

Los policías, por supuesto, también tenemos a nuestras madres y las queremos tanto como toda la sociedad. Sin ánimo de ser autorreferencial, Dios quiso llevarla a la mía hace unos años, un 17 de octubre, justo el día de su cumpleaños y cuando se festejaba el Día de la Madre. Aún la recuerdo en su lecho de enferma leyendo el Salmo 23 y pidiendo para su cumpleaños que se acercaba, muchas flores como regalo.

Allá por las décadas del 60 y 70 existían pocas o directamente no habían mujeres dentro de la institución, pero sí estaban las esposas de los policías, mujeres compañeras de épocas difíciles, en que los ingresos y beneficios eran escasos y magros, pero sobraban ganas, compañerismo y sacrificios.

En ésas épocas (muchos jóvenes lo ignoran), muchos efectivos de la fuerza eran aquellos denominados de Territorio Nacional, que llegaron desde Chaco o Corrientes cuando aún Misiones no era Provincia, y a su lado, firme, siempre estaba la “madre y compañera”, como reza un chamamé.

Conocí desde muy chico, allá en mi pueblo de Concepción de la Sierra, a muchas mujeres y esposas de policías, especialmente en aquellas reuniones que se llevaban a cabo en el aniversario de la fuerza (8 de mayo), sencillas, con rostros marcados por los esfuerzos cotidianos, pero también todas felices y orgullosas, con sentido de pertenencia hacia la institución.

No podemos olvidar a aquellas madres que acompañaron a sus esposos en cada cambio de destino que dispusiera la superioridad; ellas y solo ellas saben de memoria los preparativos para una nueva mudanza, de nuevas roturas y pérdidas de muebles, de cambio de colegio de sus hijos y de conocer y entablar relaciones con nuevos vecinos.

Pero, como hice mención varias veces desde este lugar, los tiempos han cambiado y hoy la Policía cuenta con mujeres y, por ende, madres entre sus filas; ellas debieron abrirse paso en una tarea ruda y peligrosa, desconocida en la mayoría de las veces, luchando a diario con lo peor de la sociedad, y una vez finalizada su jornada laboral, pese a la fatiga, regresa a su casa y retoma lo que para ella es la tarea primordial, el rol de madre, y lo hace con gusto, con satisfacción, dedicación y amor.

Es que todo lo que digamos acerca de nuestras madres resulta poco, pues ellas se merecen todo y mucho más. Este próximo domingo 15 de octubre se conmemora en nuestro país el Día de la Madre; aquellos que tienen la dicha de tenerla no dejen pasar la oportunidad de decirle y demostrarle todo el cariño que se merecen, pues todos los besos, mimos, caricias y reconocimientos resultan poco para retribuir todo lo que ellas nos prodigan desde que nos cargan en la panza.

Los que ya no la tenemos, nos debemos conformar con los mejores recuerdos y una oración en memoria de ese “Ser sinigual”, como me permití llamarla al principio.

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