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Las grandes tecnológicas y el cambio climático

jueves 14 de septiembre de 2023 | 6:00hs.

Hace unos días Apple Inc, una de las más grandes empresas del globo, dio su tradicional evento de presentación de productos, conocido como la Keynote. Desde la salida del iPhone en 2007, prácticamente la centralidad de este cónclave anual gira en torno al nuevo modelo de celular que la empresa sacará. En esta ocasión Apple volvió a recalcar su compromiso con la Agenda 2030, el programa de la ONU que busca reducir las emisiones de carbono para frenar el avance del cambio climático, presentando el primer producto neutro en emisiones de carbono. Puntualmente se trata de un Apple Watch, el reloj inteligente, que sería fabricado con componentes totalmente reciclados. Varios medios, por no decir la mayoría (¡incluidos algunos misioneros!), festejaron la noticia, como un ejemplo no sólo de responsabilidad empresarial sino de compromiso global con las causas humanas. Pero lo cierto es que lejos se encuentra el gigante de los iPhone de tener un gramo de conciencia ambiental sino más bien todo lo contrario.

El accionar de Apple nos permite comprender muchas de las problemáticas del cambio climático. Para comenzar, debemos recordar que estas estrategias que lleva a cabo forman parte de un plan marketinero denominado “green washing”, por el que a través de acciones reparadoras al medioambiente buscan lavar sus culpas. Que, digamos todo, es lo que básicamente hace el primer mundo al decirnos a nosotros que no quememos carbón cuando Inglaterra lo estuvo haciendo desde principios del siglo XIX. Pero volviendo a las tecnológicas, dentro de su modelo de negocios esconden una depredación monstruosa del medioambiente que está tan naturalizada en nuestras vidas que es muy difícil de verla.

La masificación y popularización de los celulares inteligentes trajo consigo un cambio de paradigma en la venta de dispositivos electrónicos. Los smartphones se transformaron en objetos descartables, con una vida útil de 2-3 años y por más que Apple utilice componentes reciclados para mitigar la huella de carbono, la fabricación de ellos sigue siendo un gran gasto en términos de energía. Si no se frena esa vorágine consumista de celulares y computadoras desechables, poco se podrá hacer para frenar el cambio climático. Sabemos muy bien que Apple no es la única responsable. Facebook, Amazon, Google, Microsoft y unas pocas más son las que elaboran un ecosistema de aplicaciones de celulares que funciona bajo un esquema de teléfonos como objetos de descarte. Esto último se conoce como “obsolescencia programada” y data de principios del siglo XX, cuando los fabricantes de focos se dieron cuenta de que necesitaban que los consumidores volviesen a comprar sus productos, creando así nuevos focos que se rompían al tiempo.

Pero a diferencia de los focos, los celulares, que son computadoras, están compuestos por una infinidad de minerales cuya extracción requiere de técnicas de megaminería que destruyen  el ambiente y usa enormes cantidades de agua dulce, además de contaminarla. Esto sin mencionar las condiciones de explotación de quienes están en las fábricas de semiconductores, solo alcanza con googlear “Apple Foxconn esclavitud” para hacerse una idea. Todas las grandes tecnológicas se hacen de estas prácticas y lamentablemente sus CEOs suelen ser presentados como héroes de la humanidad por medios de comunicación y algunos sectores de la opinión pública. 

No nos comamos el verso que nos quieren vender, porque justamente solamente quieren seguir vendiendo. No existe una Apple o Microsoft con conciencia ambiental, porque justamente ellos son parte del problema. Pero como ciudadanos y ciudadanas, como sociedad entera, como miembros de la orgullosa comunidad sudaca también podemos accionar desde nuestra idiosincrasia. Acá nada se tira, todo se arregla, y si no, miren las estadísticas de vida útil de las computadoras en Argentina. Una vez en un reconocido pasquín porteño leí a un columnista horrorizado porque en Argentina las pymes recambiaban sus computadoras cada siete años, cuando en el primer mundo lo hacen cada dos. ¡Cuánta ignorancia! Si realmente queremos frenar esta debacle climática debemos plantearnos qué hacer con los celulares y computadoras que fabricamos. Pero la única forma de que eso suceda es primero entender que tenemos un problema. Si no vemos el problema, la solución jamás llegará.

Por Sergio Andrés Rondán
Profesor de educación primaria, hacktivista y editor en Revista Replay soldan@disroot.org

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