lunes 03 de octubre de 2022
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Mitos y verdades sobre los hijos del medio

El orden de los factores no debería alterar el producto

Tanto debate gira en torno al hermano sándwich que hasta tienen un Día Mundial. Lo cierto es que “todo depende de la crianza y no del orden en que nacen”, explica la psicóloga Silvina Delgado

domingo 14 de agosto de 2022 | 8:04hs.
El orden de los factores no debería alterar el producto

Son tantos los mitos y creencias que pesan sobre ellos que hasta tienen el Día Mundial del Hijo del Medio (12 de agosto) para instalar el debate social sobre el rol y lugar que ocupan en la familia.

Es muy común escuchar que existe una diferencia conductual con respecto al hijo o hermano del medio. Sin embargo, y pese a que muchos hacen referencia al ‘síndrome del hermano del medio’, no dejan de ser discursos que no están respaldados con estudios científicos, sino más bien por creencias populares que etiquetan al que ocupa el lugar intermedio.

Los hijos del medio no tienen que ser rebeldes, ni inseguros, ni terribles o inquietos, al menos de forma sistemática. Aunque sí suele suceder que el orden de nacimiento en la familia influye en cómo se desarrolla la personalidad de cada uno. Sin embargo, todo depende de la crianza.

“No podemos etiquetar a todos los niños que son de la posición del medio de una manera particular. Aunque en algunas características sí se parecen o se relacionan, no quiere decir que todos sean igual a tal o cuál característica”, comenzó explicando la psicóloga Silvana Delgado, en diálogo con El Territorio.

“Los medianos se llevan la parte más complicada porque los demás hermanos tienen un rol más definido -el de mayor o menor- y en cambio, los del medio, tienen que adaptarse a una nueva situación. Pero esto no es indicio para hablar de la existencia de un síndrome o al menos como un diagnóstico”, detalló la especialista que desde hace 14 años trabaja con niños -en hogares, escuelas y en clínica- y además cuenta con especialización en tratamientos de reproducción humana asistida.

De esta manera, las etiquetas que se le atribuye al hijo del medio son meras características personales, maneras de posicionarse ante diferentes situaciones que también podría adoptar el hijo mayor, el menor o incluso el hijo único. Estas características no se deben a que sea el hermano del medio. Son debidas a la forma de crianza y a las condiciones en las que ha crecido el niño.

“Para la creencia popular, el hijo mayor generalmente es el más responsable, el del medio el más independiente y rebelde, y el más chico generalmente es el más caprichoso o de mayor sobreprotección. Pero estas características no siempre tienen que ser así, porque son los padres quienes van a dar las primeras impresiones o dejar esas huellas. Son ellos quienes tienen la responsabilidad, la configuración del autoestima de ese niño en crecimiento”, precisó quien también se desempeña como formadora en Educación Sexual Integral (ESI) en escuelas y otros espacios. Y agregó: “Esto no tiene que ver solamente con el hijo del medio sino que debería ser de manera igualitaria con todos los hijos. Cualquier hijo puede desarrollar una cualidad positiva o negativa, todo depende de la crianza y la mirada que le demos los padres a los hijos, y no con el momento en que llegan”.

Características similares
Para los padres, la llegada del primer hijo es un estreno y por tanto hay un mayor acompañamiento, focalización, más sobreprotección: “Todo es un aprendizaje”, resume Delgado. “Cuando llega el segundo hijo, todo ese aprendizaje que se alcanzó en la experiencia con el primero sirve para criar al segundo; por lo tanto ya no es tan agobiante todo, ya tienen recursos, saben utilizar estrategias, las reglas de crianza son más flexibles. Entonces, la personalidad o las características de personalidad de este segundo niño hacen que aparezcan todos estos mitos que lo tildan de más terrible”, continuó.

El debate por “el nuevo rol y lugar que ocupan los hermanos del medio” también se evidencia en los memes.

Pero además, los hijos del medio se tienen que adaptar dos veces a un rol en la familia, ya que cuando llega el tercero, tienen que dejar de ser el menor para pasar a estar en un lugar intermedio. “Cuando llegó el del medio ya había un niño antes que ya sabía hacer todo lo que él comenzó a aprender. Ahora, con la llegada de uno más pequeño que él, ese niño debe acaparar una nueva atención, debe empezar a compartir la atención de sus padres y se tiene que diferenciar a la vez del más grande”, precisó.

Ello amerita que estos niños deban elaborar otras herramientas (recursos psicológicos) de resolución de conflictos, de conducta, de celos, para llamar la atención y más. Pero al mismo tiempo, podrían desarrollar también de manera positiva otras herramientas de habilidades sociales que le van a servir en su futuro: mayor independencia, desapego, mayor habilidad para negociar -porque desde temprana edad se ven condicionados en un sistema de hermanos en el que ya compiten-, entre otras habilidades.

“Pueden desarrollar herramientas positivas y negativas, todo depende de la impronta de los padres, las etiquetas con las que los catalogan. Siempre influye el contexto familiar y la forma de crianza”, deslizó Delgado destacando que la clave está en evitar las comparaciones entendiendo que son los mismos padres pero frente a distintos hijos, y recordar que “todos los niños necesitan la misma atención, sin importar el orden en que nacieron. Todos necesitan el reconocimiento, la valoración y sobre todo la demostración de afecto; esto va a hacer que se fomente el desarrollo de una buena autoestima”.

De esta forma, entendiendo que las experiencias no marcan al sujeto, sino que lo marca la manera en que el sujeto transita esa experiencia, el orden de nacimiento no debería determinar las características de cada persona; o como la fórmula científica determina: el orden de los factores no altera el producto.

 

Estrategias para una crianza respetuosa

  • Enfocarse en las fortalezas del niño, resaltando sus cualidades positivas.

  • Demostrarle seguridad y brindarle confianza.

  • Escuchar sus demandas y necesidades y apoyar sus proyectos y actividades.

  • Atender sus necesidades emocionales, ayudarles a codificar su emociones.

  • Poner límites, establecerlos con claridad y desde el amor.

  • Ayudarlos a desarrollar la tolerancia a la frustración, mostrándoles que los fracasos también son parte de la vida.

  • Pasar tiempo de calidad con los hijos; compartir.

  • Evitar las comparaciones, cada niño es diferente y único.

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